La contracolumna

Yo no fui, fue Teté

Guillermo Ochoa sumó su segundo descenso en Europa. El único equipo con el que no bajó a Segunda fue el Málaga, donde fue el arquero menos goleado de la Liga (cero goles en mismo número de juegos). Ahora, como titular en el Granada, se convirtió en el portero más goleado de todos los tiempos. Pero no crean que es su culpa, eh. Fue la defensa, claramente, la que hundió al equipo.

La temporada de Javier Hernández fue un paseo en el desierto. Su sequía goleadora se extendió durante meses. Acabó en la banca de un equipo acostumbrado a jugar Champions y que, con él como estandarte, terminó enlodado el problemas de descenso. Obviamente, Chicharito es inocente. La culpa, todita, de sus entrenadores.

Carlos Salcedo no juega casi nunca en la Fiorentina. De vez en cuando el técnico lo premia al minuto 89, para que saque a pasear todas sus capacidades en el eje defensivo. No es su rendimiento, ¡qué va! Es que en Italia la familia es sagrada y no le perdonan que esté peleado con su papá. O eso es lo que nos dicen.

El Porto ganaba siempre en Portugal. Entonces llegaron Héctor Herrera, Miguel Layún y Jesús Corona. De pronto, al Dragón se le apagó el fuego. Primero en el campo, luego en la banca y, en el caso de Layún, hasta desde su casa. No hubo manera de recuperarlo. ¿Tienen ellos la culpa? ¡No hay que ser ridículos! Su situación es mero capricho de los dirigentes.

El Benfica es ahora el que lo gana todo. Lo hace gracias a Raúl Jiménez, responsable del 10% de las anotaciones del equipo. Apenas seis partidos como titular, pero con gol en cada uno de ellos. Por la escasez de oportunidades, un éxito colectivo más que individual.

En Holanda fue al revés: los logros individuales no correspondieron con los objetivos grupales. PSV se quedó fuera de la próxima Champions League, tras quedar debajo de Feyenoord y Ajax. Pero ni volteen a ver a Héctor Moreno y Andrés Guardado, que no tuvieron vela en el entierro.

Cierto es que, aún sin deslumbrar, jugadores como Carlos Vela, Jonathan dos Santos y Diego Reyes estuvieron a la altura en España. Y que la de Marco Fabián en el Eintracht Frankfurt fue una temporada notable. Sin embargo, en general, la temporada 2016-17 de los mexicanos en Europa fue otra de excusas más que argumentos, de fracasos más que de premios, de más desilusiones que consagraciones. Otro añito de sueños más que realidades. 

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