La contracolumna

De tinmarín, de do pingüé


Madrid es bonito. Pero no tiene ninguna torre que presumir, como esa que diseñó el ingeniero Eiffel en el corazón del Campo Marte parisino. Tampoco posee ruinas destacadas, como aquel anfiteatro construido hace 2 mil años en Roma. Su parlamento carece de un reloj que grite la hora al mundo, como el de Londres. Madrid no tiene mares, ni montañas. Su Puerta de Alcalá no abre (los ojos) de los visitantes con la naturalidad de su similar de Brandeburgo en Berlín. Y sus celebérrimos Prado y Reina Sofía no figuran en el top 20 del ICOM, algo así como la FIFA de los museos.

Lo que sí tiene Madrid es al equipo de futbol más grande de hoy y siempre. Aunque, paradójicamente muy pocas veces en su historia ha sido el mejor de todos.

En nueve de sus 11 Copas de Europa, Real Madrid fue incapaz de ganar la Liga. ¿Puede ser realmente considerado el mejor equipo de Europa un equipo que, en el mismo año, ni siquiera ha demostrado ser el mejor de su país? Ciertamente, el Madrid ha sido, para todos los efectos, el mejor de España en 32 ocasiones. Pero únicamente en 1957 y 1958 reivindicó su poder a nivel continental. Pelé no era mayor de edad cuando el Real Madrid tuvo un equipo lo suficientemente bueno como para salir campeón de Liga y Champions.

Con toda esta diarrea verbal no pretendo quitarle lustre a la impresionante colección de metales madridista, sino evidenciar que el Real Madrid ha sido sin discusión el mejor equipo del planeta bastante menos veces de lo que parece.

Probablemente el FC Barcelona 2017 no coleccionará más que bonitas postales. La instantánea de Lionel Messi dejándose venerar por extasiados feligreses tras una remontada histórica que, para efectos prácticos, luego no sirvió para nada. El retrato del emperador, camiseta en mano, para certificar su enésima conquista del Bernabéu, tampoco tiene pinta de convertirse en el prólogo de una nueva Liga culé.

No obstante, la exhibición de Messi en la segunda ciudad más visitada del Estado español no fue del todo inútil. Amarrar la liga el pasado domingo, le habría significado al Madrid tramitar una licencia para relajarse en la Liga, enfocarse en la Champions y en el consiguiente doblete. Ahora, con el Barça pegado, el Madrid está condenado otra vez a priorizar entre un título y otro. ¿Será tan grande como para llevarse ambas? Su gran historia le da la espalda.

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