La contracolumna

‘Notti Magiche’

Brasil, Alemania, Italia y Argentina son las cuatro patas que sostienen al mejor invento de todos los tiempos, en lo que a la industria del entretenimiento se refiere: la Copa del Mundo. En los 20 volúmenes hasta hoy publicados, apenas una final prescindió del protagonismo de uno de los eternos colosos. Aún más, solo los aficionados más canosos (los de 50 y tantos para arriba) vieron un Mundial al que se ausentara alguno de los clásicos.

Uruguay 30, Suecia 58 y Rusia 18. Italia cuenta menos desfiguros en su palmarés que Copas del Mundo ganadas. Contra Suecia, el árbitro pudo favorecerle en un par de jugadas y soltar la rienda a teorías conspiratorias que habrían sido mucho más dañinas para la gran celebración de cada cuatro veranos que la eliminación azzurra. El Mundial es más grande que Italia.

¿Buffon? Antonio Carbajal seguirá siendo el único portero que jugó cinco Copas del Mundo, Claudio Suárez se mantendrá como el tercer futbolista con más partidos de selección de todos los tiempos y nuestra bandera será la única verde, blanca y roja del Mundial.

Yo no derramaré media lágrima por Italia. No por esta Italia, que llevaba dos Mundiales al nivel de Camerún y Honduras. La que no pasó a octavos en el grupo más cómodo de todos los tiempos: Paraguay, Eslovaquia y Nueva Zelanda. Esa que perdió contra Costa Rica y Uruguay cuatro años después. La que osó empatar con Haití y Luxemburgo en el camino. Aquella que se dejó llevar, perdió sus blasones de cabeza de serie y acabó en el grupo de España, donde solo pudo doblar la rodilla. La misma Italia que no logró despeinar a una plomiza Suecia en 180 minutos. Esa Italia estorba en la Copa del Mundo. Su elegante camiseta, único vestigio de su histórica solidez merece más que un lento arrastre en Rusia.

Piensen en los mediocampistas y delanteros más grandes del mundo. Los del Real Madrid, Barcelona, Bayern, Atlético, Juventus, Chelsea, PSG, Manchester City y United. Encontrarán montón de franceses, españoles, alemanes, brasileños, belgas, argentinos, portugueses... y a Marco Verratti, único italiano en la élite.

Afortunadamente la decadencia italiana ha llegado a su fin. El Renacimiento empieza hoy y marcará una era de renovación y esplendor. Quien haya visto un par de veces a Donnaruma, Conti, Romagnoli, Rugani, Caldara, Locatelli, Pellegrini, Gagliardini, Chiesa, Bernardeschi, Berardi y Verdi sabe de qué hablo.

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