La contracolumna

El Madrid de Medio Oriente

No es fácil determinar qué ocurrió primero, si la explosión de la burbuja inmobiliaria o la cordura en la política de fichajes de Florentino Pérez. James Rodríguez fue un punto de inflexión en la tercera era dorada del Real Madrid que ahora nos azota. Se trata del último fichaje que respondió más a cuestiones de moda que de necesidad. A partir de entonces, el Madrid se ha dedicado a planificar de modo impecable su plantel, dejando vacante el rol de soberbio e irresponsable papanatas inflador del mercado que, con cada fichaje galáctico, venía desempeñando.

Las llegadas de Neymar Jr. y Kylian Mbappé a la capital francesa y el atentado que representan al juego limpio en términos financieros, no es nada nuevo a lo que atestiguamos en tiempos más o menos recientes con los arribos a la casa blanca de Luis Figo y Zinedine Zidane, primero; Cristiano Ronaldo y Gareth Bale, después. Los 400 millones de euros edición 2017 que ha invertido el PSG en dos futbolistas revientan el mercado en idéntica proporción a los 135 millones que costaron Figo y Zidane a principios de siglo y a los 200 millones que se pagaron por Cristiano y Bale una década después.

En aquellos tiempos, los de la especulación inmobiliaria, el arquitecto Florentino Pérez se valió de los subterfugios que ofrece la "democracia", como recalificar sus terrenos de entrenamiento y venderlos a la ciudad para transformar área verde en gris concreto. O valerse de desorbitados préstamos, cortesía de instituciones bancariaspreviamente rescatadas por los tontos de siempre: los ciudadanos que antes habían financiado, indirecta pero eficazmente, la compra de los terrenos que salvaron al Real Madrid de la quiebra.

Durante todo este tiempo, llamarte Juventus, Liverpool o Manchester United no significaba nada para los tentáculos de los gigantes españoles que podían disponer, a la carta, del jugador que les viniera en gana. Hasta que el PSG se llevó a Neymar. Como lo hizo con el dinero de un régimen petrolero, totalitario y que usa turbantes en la cabeza, ahora todos estamos asustados. Pero en realidad, el proceder de los árabes dista poco y nada de las formas de los poderosos a las que nos hemos resignado en occidente.

El cosmos del futbol europeo se ha reorganizado: ahora el PSG es el Real Madrid, el Real Madrid es el Barça y... el Barça es lo que era el PSG antes del Jeque, también conocido como la nada.

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