La contracolumna

Estándar de calidad

Veintisiete era el número de Carlos Hermosillo y 27 los años que pasaron desde que a un futbolista mexicano se le ocurrió pasearse por Lieja. El reto del delantero americanista era recuperar el orgullo de la Bélgica francesa y construir con goles un puente que lo llevara a una Liga de a de veras. Cinco partidos y un gol después, Hermosillo estaba de vuelta para no salir nunca más de su verde ratonera.

La mentalidad del futbolista mexicano cambió desde entonces y Memo Ochoa da fe de ello, pero el Standard sigue siendo un equipo de media tabla en la Liga más mexicana de Europa. Juegan 16 equipos. El último desciende, los seis primeros juegan una tercera vuelta y los restantes participan en una Liguilla paralela por un boleto que les permita disputar con el cuarto lugar de la otra Liguilla un acceso a la Europa League. O algo así, porque ni los más eruditos atinamos a descifrar del todo el sistema de competencia ideado por los Decios del futbol belga.

Las expectativas son la medida universal de nuestras vidas. En el caso de aquel ágil adolescente que retiró a Adolfo Ríos, mandó a Sebastián Saja de vuelta a Argentina, salió campeón con el invencible América de Mario Carrillo y hasta entró en la lista de precandidatos al Balón de Oro volando de un ángulo a otro, la esperanza era mayúscula, especialmente en una afición frustrada por nunca haber visto a Jorge Campos lucir en Europa.

Lejos de evolucionar, Ochoa se convirtió en un coqueto gimnasta que se balancea en la línea de gol como si fuera viga de equilibrio. Ejecuta vistosas acrobacias, la mayoría producto de sus nulas salidas y deficiente colocación. Es un gran atajador, pero no atrapa balones. Su agorafobia (pánico a salir de la sombra que le brinda el travesaño) le impide ayudar a sus defensas, que de por sí suelen ser malos. No cubre el espacio que dejan a sus espaldas, ni se ofrece con los pies. No domina el área pequeña, mucho menos la grande. No se anticipa a remates que prefiere salvar milagrosamente, en lugar de abortarlos previamente. A su favor, posee gran intuición y extraordinarios reflejos. Pero eso no alcanza para los estándares de los 100 mejores equipos de Europa. Así es, sin pasarse de belga.

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