La contracolumna

¿Qué te pasó? Antes eras chévere

Ochocientos noventa y cuatro minutos. Cincuenta y seis días. Once partidos. Ocho estadios. Cinco países. Tres camisetas. Cero goles. Por primera vez en su carrera Chicharito está peleado con la red. Ciertamente la perra banca se interpuso en su romance con el gol durante varias temporadas, pero nunca antes el mexicano había permitido que se le acumulasen tantos minutos en la cancha sin anotar.

Es natural que Javier Hernández esté desquiciado. Que repruebe altivamente las decisiones arbitrales. Que se encare con los rivales. Que se vaya directo a bañar en lugar de sentarse a ver el final del partido. Su conducta es la de cualquier otro futbolista en tiempos difíciles. El asunto es que Chicharito no es un futbolista cualquiera.

Chicharito es encantador, angelical, carismático, noble y buena onda. Su carácter afable, aunado a su intuición y don competitivo siempre generó vibras positivas a su alrededor. No es un tema menor en un juego influenciado por la técnica, la táctica, el estado físico y, por encima de todo, el estado anímico.

Pero de un tiempo para acá, Javier Hernández ha respondido a un perfil mucho más estereotípico del futbolista mexicano: demasiado preocupado por las tonterías de los medios, que le han llevado a tomar medidas tan delirantes como aquella de atender exclusivamente a entrevistas en inglés.

Sus equipos suelen arreglársela bien sin Chicharito. En 2005 México ganó el Mundial Sub 17 prescindiendo de sus servicios. En 2006 Chivas salió campeón sin apenas convocarle. En 2012 México ganó el oro olímpico sin echarle de menos. En 2014 y 2016, temporadas previa y posterior a su breve estancia, el Real Madrid ganó la Champions League...

La verdad es que, independientemente de las rachas positivas y negativas propias de todo goleador, Javier Hernández tampoco ha logrado impulsar al Bayer Leverkusen, cuyos discretos resultados son similares -si no un poco peores- a los cosechados durante los años previos a su ruidosa llegada.

Chicharito volverá a meter goles. Muchos, con toda probabilidad. Tapará bocas, denlo por seguro. La cuestión es ¿de qué servirán esas anotaciones? ¿Harán que su equipo escale posiciones, supere rondas, haga historia...? ¿O servirán básicamente para engrosar su egoteca? Hasta ahora se han limitado a lo segundo.  

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