La contracolumna

Más bajos que nunca

Ámsterdam es la ciudad del primer mundo más sucia que he conocido. De noche sus establecimientos exhiben empleadas de servicio sexual en cada aparador, ahí donde lo normal es ver maniquíes disfrazados al último grito de la moda; lo cual no por cotidiano resulta menos obsceno, si lo pensamos bien. El libre consumo de alucinógenos tampoco contribuye a la hora de purificar la imagen de una ciudad algo desorganizada, con calles forradas de basura y pasos peatonales bloqueados a la mala desde la salida misma de su majestuoso aeropuerto. La verdad es que Ámsterdam está bien y no habría nada que reprocharle... si no fuera porque su pasto desentona tanto con el de al lado: tan verde, tan pulcramente alemán.

Holanda es una nación peculiar a la que, para empezar, no deberíamos llamar Holanda, sino Reino de los Países Bajos. Así como Inglaterra es solo una de las cuatro regiones principales de un país llamado Reino Unido, Holanda es apenas una de las once entidades que conforman los Países Bajos (Eindhoven está en Brabante, por ejemplo). La diferencia es que Inglaterra tiene su propia Liga y selección de futbol; la provincia de Holanda no y ni le interesa.

Los neerlandeses (ese es el término correcto) siempre fueron de lo más simpático en el espectro del futbol. Única selección anaranjada, aunque ni su bandera y ni siquiera el escudo de armas de la Casa Orange hayan improvisado con un tono que de tan tropical, está censurado por los cánones de la heráldica. Esta rebeldía abstracta tomó forma a través de las rastas de Gullit, los anteojos de Davids o la clase de Bergkamp. Una selección hipster que rinde culto a la derrota desde los tiempos del Futbol Total.

Países Bajos fue el primero de los perdedores en los Mundiales de 1974, 1978 y 2010; puesto también conocido bajo el pseudónimo de subcampeón o segundo lugar. Hace dos años en Brasil alcanzó el segundo puesto en el ranking de derrotados, sólo por debajo de Argentina. La selección a la que decimos Holanda fue la subcampeona de los fracasados, si somos lo suficientemente estrictos.

Sarcasmo aparte, cuando parecía olvidado el trauma de ver Corea-Japón 2002 por la tele, cuando se adivinaba superado el bochornoso papel en la pasada Euro 2012, la última puntada Oranje ha sido quedar cuarta de grupo en una Euro 2016 que repartía boletos hasta para los más tontos. ¿Tocaron fondo? Bueno, un país hundido por debajo del nivel del mar siempre puede caer más bajo.


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