La contracolumna

Torneos cortos, campeones cortos

Una de las mentiras más arraigadas en la sentencia deportiva concluye que nadie recuerda al segundo lugar. La Hungría de Puskas, la Holanda de Cruyff, los Bills de Jim Kelly, el Celaya de Butragueño, los Toros Neza de Mohamed y hasta el Cruz Azul de la Libertadores son algunos ejemplos de grandes subcampeones a prueba de amnesia. Incluso escuadras que ni a la final llegaron, como el Brasil de 1982, el Camerún de 1990, el América de Beenhakker o, si de Champions hablamos, el Madrid de la Quinta del Buitre; han logrado perdurar en la memoria colectiva.

En la película Rush, el piloto británico James Huntes presentado como la mezcla perfecta entre Paul Gascoigne y David Beckham, y si nos ajustamos a la época: el George Best del deporte motor. Al darle play al DVD me avergoncé de mí mismo por nunca antes haber escuchado de él. “Nadie se acuerda de los subcampeones”, me dije mientras me dejaba cultivar. Más el final hollywoodense me tenía una sorpresa reservada: el tal Hunt, guapo como Cristiano y chiflado como Balotelli, ganó el Mundial de Fórmula 1 en 1976. Y a pesar de eso, a los analfabetos del automovilismo su nombre no nos suena a nada, y sí el de su aburrido rival Niki Lauda.

El tiempo no olvida a los subcampeones. Son los conformistas, aquellos incapaces de sostener el peso del éxito, los condenados al olvido.

La Liga MX, con su reciclaje de dos campeones al año atenta contra la memoria histórica que le debemos al primer lugar. Si de futbol mexicano se trata, de lo que nadie se acuerda es del campeón. Inviernos, veranos, aperturas, clausuras y bicentenarios han repartido estrellitas al por mayor sobre los escudos de 16 campeones distintos, muchos de los cuales se coronaron por descarte.

Hasta hoy se han jugado 36 torneos cortos y sólo uno entre 35 campeones ha logrado bicampeonar. La Liguilla es una ruleta, dirán. Pero el hecho de que ningún equipo desde el América de los ‘80 haya alcanzado el liderato general dos torneos seguidos, desnuda la poca trascendencia de las supremacías exprés que gobiernan el futbol nacional.

Fea pero pareja. Saquen al Barça, al Madrid y al Atlético de España y les quedará la igualdad de la Liga MX. Quiten al Celtic de la Liga escocesa, y también. 

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