La contracolumna

El Simpatías

Rony Lopes (20 años) ganó el premio al mejor futbolista de la cantera del Manchester City. Gonçalo Guedes (19) le anotó al Atlético de Madrid, para convertirse en el goleador portugués más precoz en la historia de la Champions. Rubén Neves (19) es tan jefe que le hicieron capitán del Porto en su temporada de debut. Bernardo Silva (21) es la joya más preciada en manos de un mercader tan reputado como el AS Mónaco. Renato Sanches (dizque 18), Raphael Guerreiro (22) y André Gomes (22) son los post adolescentes ya matriculados de una generación predestinada a romper la centenaria sequía que azota al futbol portugués.

Sin embargo, Cristiano Ronaldo y su séquito de fósiles (Joao Moutinho, Ricardo Quaresma, Bruno Alves, Pepe, Nani, Ricardo Carvalho...) están decididos a boicotear el plan. Solo falta que por una vez en su vida, el gran capitán pise fuerte en una final europea, en lugar de pasar de puntitas (¿a la sexta, la vencida?) y entonces Portugal ganará la Eurocopa ocho años antes de lo esperado.

Portugal ha parido a los personajes más ferósticos y repudiados del balompié contemporáneo (Figo, Mourinho, Pepe, Cristiano...) Es natural que su futbol resulte también antipático. Sin embargo, sobra decir que no le robó nada a nadie: llegó a su segunda final de la Euro porque nunca fue menos a la hora de medir fuerzas con los rivales de dudosa monta que ha ido sorteando.

La Seleçao das Quinas es un equipo grande, aunque buena parte del mundo se resista a aceptarlo. Eliminar a la Portugal de Cristiano Ronaldo solo ha estado al alcance de las selecciones más poderosas de los tiempos modernos: la Francia de Zidane en 2006. La Alemania de Lahm y Schweinsteiger en 2008 y 2014. La España de Xavi e Iniesta en 2010 y 2012. Haber esquivado por fin a las bestias en su camino a la final de Saint-Denis es, más que suerte, mera justicia poética.

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