La contracolumna

México naturalizado

Si obviamos el sospechoso Mundial que ellos mismos organizaron, Inglaterra nunca estuvo cerca de ganar nada. Los cuartos de final y alguna aparición en semifinales de la Euro o el Mundial son su techo, independientemente del cupo de foráneos admitido en su liga a través del tiempo. Cuando en ella jugaban puros británicos, los ingleses eran casi del montón. Ahora que los extranjeros les comen el mandado en la Premier League, continúan siéndolo.

Suiza es cabeza de serie del Mundial, al que asistirá con al menos 10 impuntuales futbolistas nacidos lejos de la tierra de las navajas, el chocolate y la neutralidad. Un noruego, un islandés, un colombiano, un escocés, siete alemanes e incluso cinco mexicanos fueron convocados por Estados Unidos durante 2013. Italia y España juegan con naturalizados desde hace siglos; la selección alemana se nutre de la inmigración turca y polaca; Portugal se beneficia de sus lazos históricos con Brasil.

En el caso de México, tenemos a un país caracterizado por su generosa política de puertas abiertas. Marín, Reinoso, Cabinho, Aguinaga, Cardozo…

Nuestros estandartes de la tele tampoco escapan a la tradición doblepasaportaria. Chabelo nació en Chicago, José Ramón Fernández, aunque poblano, es más español que Manolo el del Bombo y, no me lo van a creer, la señorita Laura es del Perú. La anécdota de su origen no limita sus oficios como espejos reflectores de lo mejor y lo peor de nuestro país. Lo escribe, no pierdan ustedes de vista, un personaje mexicano-israelí-chileno (y si gustan pseudo catalán), de nombre y apellidos checo-húngaros.

En el futbol hay jugadores buenos y malos, como en el mundo del espectáculo las hay buenas y no tanto. Maribel Guardia, Angelique Boyer, Bárbara Mori y Belinda son bombones naturalizados. No hay trastornado que les haga fuchi por quitarle oportunidades al producto nacional.

El Gringo Castro, Horacio Cervantes, Amaury Ponce, Juan Carlos Cacho, Isaac Romo, Sergio Santana o Aarón Galindo son naturales de México, en cambio. Bebieron Choco Milk para crecer como Pancho Pantera y luego tequila para llorar al son de José Alfredo Jiménez. Lo anterior no les impide obstaculizar la proyección del talento joven mientras deambulan de aquí a allá por todo el alcantarillado nacional. No se trata pues, de limitar el número de extranjeros: la mediocridad no tiene pasaporte ni carta de naturalización.    

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