La contracolumna

Leonardo el Eterno

En 1998 la FMF tenía sede en la calle Abraham González, su presidente era Enrique Borja y Manolo Lapuente se estrenaba en el cargo de la selección nacional. El Tri anotó un gol, se comió 15 y por supuesto, acabó último de aquel Mundial. Aunque semejante ridículo no fue culpa del entrenador, quien mantuvo el timón.

En 2002 se quedó sin boleto para la siguiente Copa del Mundo tras caer en el repechaje ante Japón. Las 75 mil personas que acudieron al estadio Azteca se fueron decepcionadas, pero orgullosas de la garra del equipo. Lapuente la libró otra vez. La historia se repitió en 2006. En aquellos tiempos ya no les lloró el majestuoso Azteca, sino el pequeño Nemesio Diez. El técnico, cómo no, se aferró al puesto.

Tras 12 años de paciencia tibetana, México organizó el Premundial 2010 y quedó subcampeón, mandando a Estados Unidos a la puerta trasera del repechaje. Conformarse luego con dos puntos en su regreso a la Copa del Mundo no manchó tamaña hazaña. Lapuente era dios: por grande, único e intocable.

Para la eliminatoria 2014 la cosa estaba más fácil. Había ya cuatro boletos para Concacaf y México arañó el cuarto, aunque fuera en tiempos extra contra Trinidad y Tobago. Ya en el Mundial dio pena como de costumbre, pero el responsable no renunció, ni mucho menos lo echaron. Hablamos, se entiende, de Leonardo Cuéllar; Lapuente fue mera figura retórica con afán comparativo.

A sus cero victorias en Mundiales, imaginen una clasificación y cuatro eliminaciones rumbo a Juegos Olímpicos, una sola final en Panamericanos que date de 1999 y perpetuos descalabros en categorías Sub 17 y Sub 20, también a su omnipresente cargo. Agreguen pleitos cazados con el Chicharito (el Charlyn Corral del futbol masculino) y nepotismo en el cuerpo técnico (Christopher Cuéllar heredó del padre la inmunidad a los malos resultados).

En este mundo del revés en que a México le toca la mala suerte de eliminarse ante las potencias de Concacaf y su devenir no le interesa a nadie; Cuéllar desconoce el escrutinio de los medios, que en nuestro minuto anual de difusión siempre ponderamos las carencias que libra. Tampoco parece expuesto a la evaluación de sus jefes, que desde 1998 han estado demasiado ocupados, cambiando hasta 14 veces al sucesor de Lapuente en la selección varonil.

Desde el nombramiento de Cuéllar, la Femexfut cambió tres veces de casa y tuvo cinco presidentes; José Ramón Fernández dejó Tv Azteca y a Orvañanos y Alarcón los echaron de Televisa. A Leonardo solo le falta que Cruz Azul salga campeón. Entonces lo habrá visto todo desde la silla más cómoda del futbol mexicano.


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