La contracolumna

Los Juegos del hambre

México ocupa el lugar 61 del planeta en competitividad global, índice desarrollado por el Fondo Económico Mundial y que evalúa la habilidad de las instituciones políticas de cada país a la hora de proveer niveles de prosperidad a corto y mediano plazo para sus ciudadanos. Visto así, da pena escandalizarse porque el nombre de nuestro país no aparezca entre las 50 naciones que han ganado alguna medalla jugando a cualquier cosa en lo que va de Río 2016.

El Índice de Estados Frágiles calcula la vulnerabilidad ante el conflicto y el colapso de cada miembro de la ONU. México es el número 72 (existen 71 naciones menos endebles que la nuestra). Así las cosas, la fragilidad de nuestros boxeadores resulta lo de menos.

El Índice de Desarrollo Humano es un indicador social que coloca nuestro bienestar en el puesto mundial 74. ¿Quién se atreve ahora a indignarse de que ya no pasemos del quinto lugar en clavados?

Poquito peor estamos en materia de Preparación Tecnológica. Ahí vamos en el 76 y cada año un poquito peor. En esgrima somos malos, pero no tanto.

El Índice de Percepción de Corrupción mide el abuso de poder de cada país y en ese renglón México está en el lugar 95. Noventa y cuatro naciones nos superan en transparencia, entre ellas Corea del Sur que, de paso, ya nos gana en futbol.

Nuestro puesto mundial en educación es el 99. Lanzando flechas somos bastante mejores, aun cuando ya no nos alcance para medallas.

El Índice de Paz Global mide, en orden descendente, los niveles de criminalidad, violencia y gasto militar. Ahí somos el 139 del ranking: al nivel de las Islas Fiji en futbol.

Si hablamos de libertad de prensa, Reporteros sin Fronteras nos ubica en el puesto 152. Si conocieran el libertinaje con el que se desenvuelve la prensa deportiva, quizá avanzaríamos un par de escalones.

En espera de que el taekwondo limpie nuestro nombre, nuestro lugar en el mundo en materia de salud seguirá siendo el 175, de acuerdo al ranking de sobrepeso y obesidad publicado por la Organización Mundial de la Salud. A diferencia de Estados Unidos, al menos nuestro nivel deportivo es congruente con la gordura de la ciudadanía.

Quienes advierten que nuestro deporte es el reflejo del país, mienten descaradamente. En realidad, los resultados de México en Juegos Olímpicos son mucho más aceptables que los de la vida real. Y eso sí que es devastador.

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