La contracolumna

Directores

Fue un Thriller que nos arrancó el aliento. México aplastó a Corea, se fajó con Bélgica, le salió respondón a Holanda y perdonó la vida de Alemania. El mundo conoció a Manuel Lapuente en Francia 98 y el Pelón recibió un par de ofertas para dirigir en Europa, aunque se negó a picar piedra en equipos de media tabla. Manolo, quien nunca ha tenido pudor en ponerse al nivel táctico de Sir Alex Ferguson, sigue esperando a que lo llame un club de Champions League en donde pueda desarrollar su peculiar cine de autor. Y morirá como aquella Loca del Muelle de San Blas, sin dejarnos saber si de verdad era tan bueno como presumía.

Justo cuando Lapuente regalaba gloria al Necaxa, Alfonso Cuarón y Emmanuel Lubezky rescataban al cine mexicano del abandono con Solo con tu Pareja y Como Agua para Chocolate. Dos años después del Mundial de Francia, Alejandro González Iñárritu se presentó en escena con Amores Perros. El resto de la historia se la saben mucho mejor que yo.

"Agradezco que mi nombre esté sonando, pero soy feliz en Tijuana". "¿Chile? Yo lo que quiero es volver al Tri". Ya a toro pasado, Miguel Herrera confesó que una cláusula de su contrato con Xolos le impidió irse a dirigir a la mejor selección del continente. A similar dilema se había enfrentado meses antes Juan Carlos Osorio, quien a diferencia del poco ambicioso Piojo fue consciente de que esos trenes no pasan dos veces, y dejó plantado a un gigante como Sao Paulo para emprender la aventura con la selección de México.

Leo DiCaprio era algo así como el Leo Messi de Hollywood, nomás que sin ese equivalente al Balón de Oro FIFA, al que llaman Oscar de la Academia. Actuó soberbiamente en obras maestras como Infiltrados y El Origen. Trabajó a las órdenes de genios como Scorsese, Tarantino, Eastwood, Nolan y Spielberg... pero tuvo que llegar un mexicano a contarle cómo se gana una estatuilla.

Mientras los directores de cine mexicanos han ganado tres Champions seguidas, sus similares del futbol son minoría absoluta hasta en la Liga MX. Ya no hablemos del plano internacional, donde sólo Javier Aguirre probó suerte, si bien acabó tentado por los peores vicios del Hollywood balompédico.

Tendrán mayor o menor capacidad, pero si en algo han coincidido Miguel Mejía Barón, Tomás Boy, Enrique Meza, Víctor Vucetich y compañía es en el pavor al riesgo. Mientras tanto, sus compatriotas cineastas exploran los límites de la tecnología, el guión y la fotografía. En el universo de los 35 milímetros, Guardiola y Mourinho son mexicanos. Corte y queda.


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