La contracolumna

Crisis bajo palos

Antes de exhalar su octavo aire, la estricta dieta del ahora portero de Xolos consistía en tragarse un gol cada tercer partido. Así, de cagada en cagada, pasaron los años hasta que volvió a ser bueno. El arquero de Tigres es probablemente el mejor del mundo con los pies... lástima que con las manos deje tanto que desear. El que llegó al Monterrey, en cambio, es flojo con los pies, con las manos, con los glúteos y hasta con el esternón. Vilar (bueno), Nahuel (regular) y Domínguez (malo) son algunos de los exponentes de la mayoría absoluta en la Liga Mx.

Llegados a la mitad del torneo, resulta que seis de los nueve equipos de la parte alta de la tabla tienen a un guardián mexicano en su potería. Por debajo, siete de los nueve clubes que habitan sótano y cercanías cuentan con seguridad extranjera bajo sus traqueteados palos.

Curiosidades mal intencionadas aparte, son ocho los equipos de Liga Mx que depositan su confianza en guardametas mexicanos para el puesto titular. Si bien, Chivas lo hace porque no tiene alternativa y Pachuca no cuenta precisamente con un jovenazo con quien podamos conjugar en futuro. Así las cosas, nos quedan seis y uno de ellos es Pikolín Palacios. 

Hace ya varios ayeres que a Chuy Corona nos lo cambiaron por su atarantado primo. Quedan cuatro. De Moisés Muñoz apenas queda su (rechoncha) sombra. Tres. El portero de Jaguares se la ha rifado, dejando en la banca a un colega argentino y a otro chileno... Chiapas marcha en último lugar. Y dos. El cancerbero del Morelia es, junto a Moi, el más goleado de la Liga. La crisis de la portería deja a Talavera como exponente único y todopoderoso del otrora competido marco nacional.

¿Afuera? Raúl Gudiño, suplente del Porto B, es el quinto portero del equipo. Y Memo Ochoa, que antes despertaba acalorados debates entre Memolievers y Memohaters, ahora divide al respetable entre esos a los que provoca risa y aquellos a los que inspira lástima.  

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