La contracolumna

Complejo de culpa

Una medianoche lluviosa en el Estadio Azteca pidió un balón que pudo sepultar su carrera. Si se hubiera resbalado como Alejandro Castro, las redes sociales aún hoy seguirían reproduciendo su gazapo. El Chuletita tiró abajo y al centro, directo a la (no tan rechoncha) humanidad de Moisés Muñoz y al mes siguiente ya nadie se acordaba. Pero él no se lo podía permitir. Fallar era darle la razón al mundo, el mismo que hace poco insistía que la Tierra era plana.

Tras los fracasos de Héctor Altamirano en el Cremonese y de Pedro Pineda en el Milán, nadie puso un peso para que Miguel Layún se convirtiera en el primer mexicano en disputar minutos oficiales en Italia. Layún, quien tenía ofertas mucho más cómodas para quedarse en México, si que apostó por Layún. Y ganó cuando un tal Antonio Conte lo mandó al campo un par departidos.

Llegó entonces a uno de esos pocos clubes del mundo en donde hasta el vuelo de una mosca adquiere trascendencia. El odio al América, la ignorancia promedio del periodista mexicano, el apogeo de las redes sociales y la repugnante necesidad que poseemos los seres humanos de agarrarnos a alguien de puerquito se alinearon para convencernos de que ese veloz joven ambidiestro era un futbolista infame. Era tal la convicción generalizada que, durante un par de meses, hasta Layún pareció tragarse semejante mentira. Pero en un ejercicio de superación y confianza inaudito, jugó cada vez mejor, aunque pocos se quitaron la venda.

Fallar el último penal era darle la razón al desinformado mundo y Layún, temerario él, le pegó fuerte, raso y colocado al ángulo inferior izquierdo. Desde lo más alto del podio le traspasó oficial y perpetuamente a Cruz Azul la estafeta como acreedor número uno del bullying balompédico nacional, para todos los efectos. El primer mexicano en la historia de la Serie A se convertía ahora en el primer mexicano en demostrarle al mundo lo mal que estaba en subestimarlo. Layún volvió a Europa, no sin antes darle más campeonatos al América que Cuauhtémoc Blanco.

Ahora está consolidado en el Porto. Héctor Herrera lleva más tiempo en el club y Jesús Corona tiene más talento. Pero el único inamovible, para todos los técnicos, en cada competencia y sin importar el rival en turno es Layún. Queda claro que todo fue, es y será culpa nuestra.  

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