La contracolumna

Centro Unión

El América dejó de existir durante dos años. Fue entre 1918 y 1920 cuando murió para refundarse bajo el nombre de Centro Unión. Era esa la única manera de convencer a integrantes de los colegios rivales para que jugaran en un equipo tan malo como el suyo.

Club América desapareció en 1918 tras quedar en último lugar de Liga en su temporada de debut y despedida. Entonces nació el Centro Unión, que con nuevos colores, escudo y jugadores conquistó inmediatamente su primer trofeo: la intimidante Copa Amistad, organizada por el Club Asturias.

Ciertos disgustos entre algunos integrantes del Unión, fueron rápidamente aprovechados por los elementos de mayor raigambre americanista, para restituirle el antiguo nombre en febrero de 1920.

Ya que es lo de hoy, el tercer párrafo me lo plagee íntegro. Un poco por flojo, otro poco porque ya es muy tarde y tengo que enviar esta columna antes del cierre, y otro tanto por respeto reverencial a quien quiera que haya sido el genio que utilizó la palabra raigambre en la elaboración del artículo en Wikipedia.

De aquí a 2020 quizá aún puedan improvisar un uniforme conmemorativo para salir del paso; conseguir a un rival de mediana jerarquía internacional que se rebaje a acudir a su fiesta; componer para la ocasión una melodía original o al menos honesta; desplegar un mosaico que diga o dibuje un mensaje en las gradas: algo, cualquier cosa, en lugar de puro fondo amarillo; y quizá, hasta reforzarse con un par de jugadores que emulen la dignidad de los mejores tiempos del americanismo.

El América no tiene 100 años de vida, sino apenas 98. Y si tan solo se enterasen de ello sus administradores buenos para nada, estarían ante la única solución para enmendar la celebración más tétrica jamás organizada por ninguna institución centenaria. Pequeña, mediana, grande o extra grande. 

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