Columna Invitada

El Clásico Mundial de Beisbol

Para Salvador Quirarte, Carlos Bremer y Édgar González, grandes apasionados del beisbol

 

Este fin de semana, Guadalajara fue sede del Clásico Mundial de Beisbol. Puerto Rico, Venezuela, Italia y México pelearon por dos lugares para la segunda ronda, en donde los esperarían República Dominicana y Estados Unidos.

Algunos podrían pensar que equipos como Italia no tienen beisbol, pero la realidad es que no solo este país demostró que tiene con qué, sino que otras naciones como Israel, Holanda y Colombia le dieron pelea a las grandes potencias del mundo.

México llegó con estrellas de la talla de Adrián González, Sergio Romo, Roberto Osuna, Óliver Pérez, Joakim Soria, entre otros, pero Puerto Rico trajo jugadores como Carlos Correa, Carlos Beltrán, Javier Báez (el jugador que le dio la Serie Mundial a los Cubs de Chicago con su jonrón decisivo), Yadier Molina (el mejor catcher de las Mayores), Francisco Lindor, entre otros; de igual manera, Venezuela se equipó con otras tantas estrellas como Miguel Cabrera (con contrato de 248 millones de dólares) y José Altuve (mejor bateador de Grandes Ligas).

En suma, nuestro país tuvo hospedados en este Clásico a jugadores cuyos contratos valen más de 26 mil millones de pesos (1,300 millones de dólares).

Las expectativas con México eran altas, tomando en cuenta que la mayoría del cuerpo de lanzadores son estrellas en las Grandes Ligas, además de la ventaja de ser locales. Sin embargo, el equipo nacional no supo conservar ventajas importantes y en la parte final de cada partido, tanto Italia como Puerto Rico y Venezuela hicieron evidente que el beisbol es un deporte que no se acaba hasta el último out.

Contra Italia, México llegó a la novena entrada con ventaja de 9-5 y en la loma Roberto Osuna, uno de los mejores pitchers en salvamentos de las Mayores en las dos últimas temporadas, y Premio Nacional del Deporte 2016.

Sin embargo, ni Osuna ni Óliver Pérez pudieron sacar un out y por el contrario, el equipo mexicano recibió cinco carreras.

La derrota cimbró a todos, no solo por haber dilapidado una ventaja que parecía definitiva, sino porque Italia se observaba como el equipo débil del grupo. Esto obligaba a México a vencer a Puerto Rico o Venezuela y esperar una posible combinación de resultados para seguir con vida.

Después de que Puerto Rico masacró a Venezuela, y Venezuela apenas pudo derrotar en extra innings a Italia, México jugó la estrategia de que venciendo a Venezuela podría generar un triple empate en el segundo lugar.

Para este caso, las reglas marcaban un partido adicional el lunes entre los dos equipos que hubieran recibido menos carreras en los partidos entre ellos. Parecía que todo se reducía a que México venciera a Venezuela.

No obstante esto, México peleó ante Puerto Rico y llegó a estar tan solo una carrera abajo al inicio del noveno inning. Sin embargo, una vez más la última entrada fue el Waterloo del equipo mexicano y Puerto Rico terminó venciendo 9-4 a la novena azteca.

En la última jornada, Puerto Rico hizo lo suyo y acabó invicto, al imponerse a Italia, dejando todo para el partido entre México y Venezuela. El equipo nacional lucía confiado y llegó a estar 8-1 arriba al inicio de la quinta entrada.

Con ese diferencial de carreras, México aseguraba pelear el partido de desempate contra Italia; sin embargo, una vez más el fantasma de las últimas entradas se hizo presente y Venezuela comenzó a acercarse en el marcador.

En la última entrada, México apenas vencía por dos carreras a los venezolanos (11-9) y en las tribunas se empezaron a escuchar voces que decían que con el criterio de desempate de “menos carreras recibidas entre entradas jugadas”, Venezuela ya estaba amarrada para jugar un desempate el lunes contra Italia, porque ambos habían jugado extra innings un día antes.

Nadie sabía quién pasaría, pero todo el estadio seguía con la idea que si México ganaba, estaba automáticamente en el partido de desempate.

Cuando Venezuela tenía hombres en primera y segunda con tan solo un out, los venezolanos empezaron a decir que con una carrera más, su rival en el partido de desempate sería Italia y no México.

Con los nervios a todo lo que da, el mánager Édgar González ingresó a su cerrador Roberto Osuna y el pitcher mexicano ponchó a Robinson Chirinos (Rangers de Texas) para enfrentar para el out 27 a José Altuve.

Todo el público estaba de pie. Era la 1:17 de la madrugada del ya lunes y nadie se salía del parque en Guadalajara. El mejor pitcher mexicano enfrentaba al pelotero con mejor promedio de bateo en el mejor beisbol del mundo. Un escenario que nunca se había visto fuera de Estados Unidos, se estaba viviendo en nuestro país.

Y Roberto Osuna sacó el out y México venció a Venezuela 11-9. La gente se volvió loca y todos en el estadio empezaron a festejar. Las cadenas televisivas, e incluso las redes sociales oficiales de MLB y del Clásico Mundial, anunciaron que México jugaría el desempate el lunes contra Italia en lugar de Venezuela. Los venezolanos se fueron derrotados a los vestidores y todo era música y festejo.

Con ese escenario se salieron todos del estadio, pero lo que nadie vislumbró es que de manera técnica las reglas indicaban que la división de carreras recibidas no eran 19 entradas para Italia y Venezuela por los extra innings, y 18 para México (la suma de dos partidos), sino que a México se le tenían que tomar solo 17 entradas, porque en su partido contra Italia no pudo sacar un solo out en la novena entrada y por tanto no se podía manejar como entrada jugada.

A las dos de la madrugada el anuncio se revirtió y los oficiales comunicaron que el juego de desempate sería entre Italia y Venezuela, dejando fuera a México. En las siguientes cinco horas, Édgar González, Carlos Bremer, Kundy Gutiérrez, Salvador Quirarte, Adrián González, Enrique Mayorga, y otros más, se fueron ante el Comité Técnico del Clásico Mundial de Beisbol a levantar la protesta.

La queja llegó hasta Joe Torre, vicepresidente de Operaciones de las Ligas Mayores, y el propio comisionado de la MLB, Rob Manfred.

En el transcurso de la mañana del lunes platiqué con Kim Ng, vicepresidenta de Grandes Ligas, quien nos explicó lo que aquí he detallado. Ni Roberto Osuna ni Óliver Pérez, los pitchers que estuvieron en la fatídica novena entrada contra Italia, aparecen en sus estadísticas como entrada pitcheada, porque no pudieron sacar ni un out (si sacas un out se maneja como 1/3 de entrada y para los dos outs como 2/3).

La regla es confusa, pero al final es la regla y no una interpretación de la misma. Los jugadores mexicanos pensaban diferente: bastaba salir al campo para que se contabilizara la entrada como jugada. Una cuestión técnica marcó la diferencia para muchos.

En lo personal, coincido con la postura de Kim Ng, no así con la regla. Al final vale más perder un partido 7-0 que perderlo 11-10, porque en el primer caso solo recibiste siete carreras en lugar de 11; no obstante, que la diferencia sea mínima en el marcador.

Pocos conocían la regla, pero los venezolanos supieron manejarla muy bien. Prueba de ello es que tiraron el partido contra Puerto Rico porque sabían que no contaba para el criterio de desempate (se suspendió en la séptima entrada cuando Puerto Rico se fue 11-0 arriba y las reglas marcan que cuando la diferencia es mayor a 10 carreras después de la séptima entrada, el partido se suspende).

Y en el duelo contra México, la gente que estaba detrás de home decía con mucha certeza que estaban dentro desde que anotaron la novena carrera.

Venezuela podía avanzar a la segunda ronda solo por ganarle a Italia, a pesar de perder 11-0 con Puerto Rico y con México 11-9. (Aunque muchos dicen que Venezuela se acabó todos sus pitchers en el juego contra México de ayer).

El equipo mexicano se puede quedar con el mágico momento de la victoria ante Venezuela y de tres días de estadios llenos, pero al final sigo pensando que no perdimos por las reglas, sino por aquella aberrante novena entrada, en donde el exceso de confianza y los errores nos quitaron una gran ventaja ante Italia.

Estoy cierto que el reglamento deberá redactarse mejor o de plano cambiarse. Ni los venezolanos se sienten satisfechos de pasar de esta forma. Toda la prensa deportiva habla de falta de claridad.

Pero veamos lo que nos toca: aprendamos a jugar con el reglamento, pero sobre todo, aprendamos a no confiarnos jamás. Al final la regla básica es una: esto no se acaba hasta que se acaba, y México se confió contra Italia. Así de fácil. 

Twitter: ACC_Castillo