Columna Invitada

El exceso de confianza en el deporte

Para Daniel Goñi y Mario Delgado..

Dicen que tan malo es la falta de confianza, como el exceso de ésta. En ocasiones es tanta la diferencia entre dos rivales o contendientes, que el “favorito” suele llegar “sobrado”, sin entrenar lo suficiente o sin la concentración necesaria para hacerle frente al compromiso.

Estas circunstancias se podrían entender en un partido de club en donde el primer sembrado se enfrenta a una persona que tiene poco tiempo de practicar este deporte, pero donde nunca se podría permitir hacer esto es en una pelea de campeonato mundial o en un juego eliminatorio para pasar a la siguiente ronda de una competencia deportiva.

Hace seis meses, el brasileño Anderson Silva, reconocido por muchos como el mejor peleador en la historia de la UFC (Artes Marciales Mixtas) enfrentó a Chris Weidman, quien tenía el antecedente de ser doble campeón universitario en Estados Unidos.

Anderson Silva, entrenado en ocasiones por el actor y experto en artes marciales Steven Seagal, venía de estar invicto desde el 2006 y era el peleador con más defensas consecutivas de su título mundial.

Este brasileño era tan superior a sus rivales que cuando subía al ring más que pelear se ponía a hacer bufonadas como una especie de dejarle claro al mundo que sus rivales eran demasiado inferiores a él. Así, en lugar de tirar golpes prefería bajar los brazos, quedarse quieto y solo mover sus caderas para esquivar los golpes que le tiraba su retador, para inmediatamente después conectar uno o dos golpes y noquear a su rival.

Con lo que no contaba Anderson Silva hace seis meses es que uno de esos golpes que él buscaba esquivar, le iba a terminar conectando y producto de sus “payasadas” fue noqueado inesperadamente por el americano Chris Widdman.

Cuando sucedió aquella vez, Anderson Silva dijo al terminar la pelea que no quería saber más de estas competencias, que estaba aburrido de entrenar, que no tenía nada más que demostrar, que quería recuperar su vida y que se retiraba de la UFC. Esas declaraciones sorprendieron más que su knockout.

Y aunque Chris Weidman era el nuevo campeón, todos los analistas, aficionados e inclusive el propio Weidman y Silva, consideraron que si Anderson Silva hubiera peleado en lugar de “fanfarronear” el resultado hubiera sido otro. De ahí a que una revancha cobrara un especial interés.

Pensemos en los millones de dólares, en el ego lastimado de Anderson Silva, y en el propio Chris Weidman queriendo confirmar que era el verdadero campeón. El hecho es que la revancha se cristalizó este sábado que acaba de pasar.

Aunque era el retador, Anderson Silva era amplio favorito y los analistas consideraban que lo único que tenía que hacer era no confiarse y salir a pelear en lugar de payasear. Pero si el resultado de la primera pelea fue sorpresivo, el desenlace de la segunda fue inimaginable.

A diferencia del primer enfrentamiento en donde el propio Weidman empezó temeroso e inofensivo, en esta segunda pelea salió con todo. Al conectar un golpe al oído de Anderson Silva, lo hizo perder el equilibrio al brasileño y si hubiera conectado un golpe más lo hubiera noqueado en ese mismo primer asalto. Sin embargo la experiencia de Silva le permitió sobrevivir ese primer round e incluso cortar a Weidman para dejar al americano sangrando.

En el segundo round sucedió lo impensable. Peleando ambos de pie (en la UFC se da mucho la pelea tipo judo en el piso) Anderson Silva le tiró una patada a las piernas de Weidman para hacerlo perder el equilibrio. Con lo que no contó Silva es que el americano pondría su rodilla en una defensa exitosa y la pierna de Silva se rompería en dos.

La escena dramática y escandalosa de la pierna doblada de Silva ha recorrido el mundo. Anderson Silva, el campeón más grande de la historia, aquel que destrozaba y se burlaba de sus rivales, quedó tirado en el suelo, gritando, llorando del dolor.

Todos auguran el final de su carrera. Con una lesión así, en un deporte como la UFC y por la edad del brasileño es evidente que si bien podría regresar, nunca volverá a ser el mismo. Del exceso de confianza, vivirá ahora con la falta de confianza ahora en esa pierna izquierda.

Hoy no sabemos que le duele más a Anderson Silva: Si haber perdonado a Chris Weidman cuando lo pudo derrotar fácilmente en su primera pelea, o esta fractura de tibia y peroné que ha marcado prácticamente el fin de su carrera.