Columna invitada

¿Hay justicia en el deporte?

Para Julio César Chávez

 

Commebol es el organismo que regula el futbol en Sudamérica. En las últimas dos semanas todos los aficionados al futbol hemos estado al pendiente de la justa más importante que celebra este organismo como lo es la Copa América, en Chile.

El hecho de que un organismo internacional y a los ojos del mundo lo regule nos hace pensar, en teoría, que existen equilibrios y que hay ecuanimidad para todos los países que participan.

Sin embargo, hoy podemos observar que el país anfitrión, Chile, ha gozado de enormes ventajas que no tienen los otros países (además de contar con su público, clima y estadios).

¿Cuáles son éstas? Entre otras, evitar a Argentina y a Brasil en su posible paso a la Final. El tener más días de descanso que el rival con el que la jugará, así como un arbitraje más a modo. A Neymar, el ídolo brasileño, lo sacaron de la Copa América por insultar al árbitro. Cavani fue expulsado por ser manoseado por un jugador chileno, el cual además, ante la reacción del uruguayo, fingió una artera agresión que no existió.

Chile, en la actualidad, tiene un gran equipo de futbol, el cual no requiere de tanta ayuda para instalarse en la Final y posible campeonato en esta justa deportiva. Pero todo lo que ha pasado le resta –si no legalidad–, sí legitimidad a lo que podría ser una posible victoria en la Copa América.

Todo esto nos lleva a reflexionar sobre la pertinencia de que miembros privados regulen temas tan importantes como las competencias deportivas.

Al final, el deporte va más allá de un registro, un tiempo, un marcador, para insertarse en un mecanismo de integración y cohesión social, en un nacionalismo positivo.

La victoria de un país en el deporte nos viste a todos de gloria, nos unifica. Pero cuando hablamos de la derrota, existe un doble sentimiento: ante la derrota porque el adversario fue mejor, nos queda la satisfacción de haber peleado de tú a tú, todos nos levantamos con nuestros
atletas caídos. Pero ante la derrota producto de la injusticia, solo queda la enorme frustración y el desasosiego mayúsculo.

En deportes como el tenis hay varios jueces de línea, un juez de silla y hasta el famoso “ojo de halcón” que revisa milimétricamente dónde botó la pelota, y eso que estamos hablando que la cancha de tenis es de dimensiones mucho menores a las de una de futbol. En el beisbol y en el futbol americano hay varios umpires y referees que cubren cada espacio, además de la repetición instantánea.

En el futbol, Joseph Blatter y sus seguidores siguen pensando que un gran avance es saber si un balón pasó la línea de gol, algo que sucede muy de vez en cuando.

La tecnología y las buenas voluntades van a llevar a que en el futuro los deportes ganen o pierdan credibilidad de acuerdo a la justicia deportiva.

Me dijo Julio César Chávez hace unos días: “En mi época solo había un campeón mundial por categoría y te enfrentabas al mejor del mundo cuando te retaban (que era el clasificado número uno). Hoy, con tanto interinato, las peleas se hacen conforme a intereses comerciales, sin importar el ranking, en pesos que no existen y peleando cinturones que no existían hasta antes de dicho combate. Bajo esta lógica yo hubiera sido campeón no tres, sino unas ocho veces”.

En 1969, el hombre pisó la luna; 46 años después, en el 2015, seguimos esperando la repetición en el futbol, no para los televidentes, sino para la justicia en el resultado.