Columna Invitada

Los intangibles del deporte


Para Octavio Lara “El Pollo”

Este fin de semana tres partidos de futbol americano nos dieron momentos que pocas veces en la vida se pueden ver.

Los Delfines de Miami hicieron “la chica” y vencieron a los Acereros de Pittsburgh a domicilio, bajo la abundante nieve que se vivió durante todo el partido. Ambos equipos requerían el triunfo para conservar las esperanzas de pasar a la postemporada.

Con dos segundos en el reloj y con la necesidad de recorrer 70 yardas para anotar, Big Ben sacó la última jugada con un desasosiego enorme. Con la apatía de caminar en lugar de “correr o trotar” hacía atrás para lanzar el ovoide, el mariscal de campo lanzó su último pase. A partir de ese momento los jugadores de Pittsburgh empezaron a lanzarse el balón con pases reversibles en una especie de “tochito”.

Lo que podría ser atractivo por unos segundos, en un instante se convirtió en la jugada que determinó la temporada para ambos equipos. Con varios intercambios de balón entre los jugadores de Pittsburgh, los Acereros recorrieron 70 yardas en esa jugada y anotaron ganando el partido.

La locura e incredulidad que se vivió en ese momento se transformó en tragedia cuando las cámaras de repetición mostraron cómo el jugador de Pittsburgh que anotó, su pie tocó milimétricamente afuera de la cancha terminando ahí la jugada.

Por escasos centímetros o milímetros, Pittsburgh quedó fuera de la postemporada. Y por el otro lado, aunque Miami ganó el partido, su coordinador defensivo no debe saber dónde meter la cabeza al haber permitido que solo un “intangible” revirtió uno de los ridículos más grandes que haya permitido una defensiva en toda la historia de la NFL.

Por si esto no era suficiente, los Patriotas de Nueva Inglaterra volvieron a hacer historia al remontar una desventaja en los últimos instantes de un partido, pero esta vez a costa de otro de los ridículos más grandes que puede hacer una defensiva de un equipo profesional de futbol americano.

Nueva Inglaterra perdía por dos anotaciones y solo quedaba un minuto en el reloj. Esto es, los Pats necesitaban hacer en 60 segundos lo que no habían logrado en 59 minutos.

Los comentaristas decían que solo un milagro salvaría a los dirigidos por Tom Brady ya que requerían anotar, patear corto, recuperar la pelota, y volver a anotar, todo en menos de 60 segundos y sin tiempos fuera.

Y aunque en el papel sonaba imposible, Nueva Inglaterra lo hizo. Hoy la defensiva de Cleveland y sus equipos especiales deben sentirse peor que el Cruz Azul cuando perdió contra el América la final del torneo pasado.

El punto es que este tipo de intangibles o imponderables se pueden dar en las “cascaritas”, pero es difícil el poderlo explicar en equipos que poseen dentro de sus filas a los mejores jugadores del mundo.

Y si a esto le añadimos que en el juego de Baltimore y Minnesota, con menos de dos minutos por jugar se anotaron 28 puntos, en donde hubo cuatro intercambios de ventaja en el marcador, parece que en el deporte todo es posible y no hay imposibles.

Ignoro cuál sea el sentimiento que se quede en los jugadores después de dejar ir victorias inminentes. Debe ser difícil llegar a casa y saber que el entrenamiento de toda una semana, el esfuerzo de todo un partido, se fue a la basura en un instante.

Probablemente se llame tolerancia a la frustración, y ésta solo te la da el deporte. Habrá algunos que no les importe porque saben que es solo un trabajo más. Pero también habrá otros, sobre todo los amateurs, que para ellos perder un partido sea perderlo todo, porque el torneo del club puede ser lo más importante dentro de las cosas sin importancia.

Al final, me quedo con esta frase de Rafael Nadal: “Ganar aquí era un objetivo más, pero al final es un partido más también.”