Columna invitada

La derrota de Caín

Para Mario Delgado

 

La Arena Ciudad de México se vistió de gala para recibir la UFC 188 en donde el gran atractivo era observar en vivo a un peleador de origen mexicano, campeón en una categoría poco usual como es la de los pesos completos.

Caín Velázquez se presentaba como el campeón mundial y enfrentaría a un campeón interino debido a que las lesiones lo tuvieron inactivo dos años y la UFC no podía quedarse sin un campeón tanto tiempo.

Las credenciales de Caín eran incuestionables: todas sus peleas ganadas, menos una, y quien lo derrotó en aquella ocasión (Junior de los Santos) sería derrotado posteriormente en un par de ocasiones por Caín y de manera contundente.

Para el regreso de Caín, los organizadores pensaron en la Ciudad de México como el sitio ideal para que pudiera demostrar en vivo a los miles de fanáticos de la UFC que podían ver a su ídolo sin tener que viajar al extranjero.

El rival de Caín era el brasileño Fabricio Werdum, un gran peleador, pero que “mediáticamente” nos tenía más acostumbrados a verlo en la televisión y narrar peleas de UFC que verlo masacrar oponentes en el octágono.

Werdum, un hombre que transmite profesionalismo y calidad humana, entendió que vencer a Caín en México podía darle la legitimidad que necesitaba para quedar como el gran campeón y no solo como un peleador que se había beneficiado de la ausencia de Caín (algo parecido al campeón Chris Weidman, a quienes muchos le atribuyen el ser campeón por las payasadas que hizo su rival Anderson Silva cuando pelearon y posteriormente a la terrible lesión que sufrió en la pierna el brasileño Silva en la revancha).

En las apuestas Caín estaba arriba del brasileño y propiamente más de uno en los asientos de la Arena Ciudad de México consideraba que era una pelea de trámite en donde la apuesta sería más bien saber en qué round noquearía Caín a Werdum.

Pero una vez más la vida nos enseñó que en el deporte nada está escrito, y contra todos los pronósticos, el brasileño Fabricio Werdum derrotó a Caín en el tercer round.

La derrota de Caín tiene varias explicaciones, las cuales vale la pena reflexionar para que nuestros atletas comprendan la importancia de darle a cada competencia la seriedad que merece.

En primer lugar, Caín lució cansado desde el segundo round, cuando anteriormente nos había demostrado que podía pelear cinco rounds al más alto nivel físico. En segundo lugar, Caín despreció la altura de la Ciudad de México. A diferencia de un Fabricio Werdum que hizo campamento por más de un mes en Toluca, Estado de México, Caín solo llegó dos semanas antes a la Ciudad de México y en varios de ellos con varios compromisos promocionales que cumplir.

En reconocimiento al rival, y en adenda al punto anterior, Fabricio Werdum en todo momento estuvo concentrado al máximo nivel, partiendo de la premisa de que tenía un enorme respeto al rival, que lo llevó a ser excesivamente cuidadoso en cada uno de sus movimientos (nunca se confió).

Caín pudo ser noqueado en el segundo round, pero su corazón fue más fuerte que su cuerpo, algo que en el tercer round fue imposible de mantener. La guillotina con la que perdió solo fue la consecuencia de un gladiador que al final lucía desesperado por intentar con qué hacerle daño a Werdum al observar que sus golpes no estaban ocasionando el daño que quisiera, y que por el contrario, solo se estaba agotando aún más.

Hoy solo me preguntaría ¿A quién del equipo de Caín se le ocurrió la brillante idea de que después de dos años de inactividad y con la altura de la Ciudad de México, Caín podía llegar 100 por ciento preparado para defender su título, sin alguna pelea previa de tres asaltos y sin una preparación de altura para poder aguantar cinco posibles rounds de cinco minutos cada uno a más de 2 mil 400 metros sobre el nivel del mar?

Es como si Rafael Nadal se retirara dos años del tenis y quisiera regresar a derrotar a Novak Djokovic en Roland Garros sin jugar antes algún torneo de preparación. Lo que hizo Caín, no lo hace ni Tiger Woods, ni Roger Federer ni Usain Bolt, ni ningún otro atleta de alto rendimiento que busque ser el mejor del mundo y se enfrente en un evento, carrera, partido o pelea al que en la actualidad se ha definido como el mejor del mundo ante su ausencia.

Anderson Silva cedió ya su lugar a Chris Weidman. Esperemos que Caín pueda regresar pronto a pelear por el campeonato mundial. Ya lo hizo una vez contra Junior de los Santos. Esta vez será más difícil, no por el rival, sino por las circunstancias. Por lo pronto, Caín debe tener al menos una pelea previa, y si vuelve a pelear en la Ciudad de México, ahora sí tenerle respeto a la altura de la Ciudad de México.

Ojalá algún día veamos a Mario Delgado dejar también el micrófono para tener a otro mexicano compitiendo en el octágono. Hoy solo tenemos una certeza: es el mejor cronista de la UFC que existe. Nos falta verlo pelear.