Columna Invitada

Cuando el carácter no es actitud

Para Daniela Torres Sandoval

Pensemos en un partido de tenis entre los dos mejores tenistas del mundo. Imaginemos que el marcador en la final es 6-0, 6-1 a favor de Djokovic y al terminar el partido Nadal declara: “Perdí por los errores del juez de línea que me robó una pelota cuando pude romper el primer saque de Djokovic”.

Llevemos este ejemplo ahora al beisbol. Imaginemos un partido entre Boston y Yanquis en donde los primeros le ganan 10-1 a los de Nueva York. Al terminar el partido el manager de los Mulos de Manhattan declara: “Perdimos porque en la primera entrada el ampáyer declaró una base por bolas que era strike.”

O para terminar, pensemos que Nueva Inglaterra le gana el Super Bowl a Nueva Orleans por un 55-17. Al terminar el partido el coach de Nueva Orleans dice: “Perdimos porque los árbitros no marcaron una interferencia de pase en el primer cuarto”.

¿Qué pensaría usted amable lector?

En el deporte puedes llegar a atribuirle cierta responsabilidad al árbitro cuando pierdes en un partido muy reñido, cuando el marcador es un 4-6, 7-5, 7-6 en el tenis, o un 5-4 en el beisbol, o un 27-24 en el futbol americano, pero no puedes hacerlo cuando el León derrotó por un contundente 5-1 al América en la Final del futbol mexicano.

Hacerlo así, es ser un mal perdedor, pero sobre todo es un foco rojo de no reconocer que el error está en nosotros mismos. En la percepción de Miguel Herrera lo que él ve es lo correcto y todo lo demás está mal. Si él vio que fue faul, debe ser faul; si él vio que fue penal es que debe ser penal; si él vio que no debía ser tarjeta roja, no tenían que haberlo expulsado.

Lo preocupante del asunto es que esta actitud no la tiene el técnico interino de un equipo de futbol que busca que lo contraten para la siguiente temporada, sino que la está teniendo el flamante técnico de la selección mexicana de futbol que dirigirá en Brasil 2014 y que además ha solicitado continuidad después del Mundial.

Miguel Herrera quiere ver en el arbitraje lo que su capacidad de análisis le impide en los momentos de tensión y desesperación: que Narciso Mina, el delantero ecuatoriano del América que falló todas las que tuvo frente al arco rival, tiene más responsabilidad en la derrota que el silbante.

Otro gran error de Miguel Herrera en la Final fue hacerse expulsar, ya que este hecho solo refleja la desesperación del líder que termina permeando en los jugadores.

Es tanto como el capitán del barco que al ver que su embarcación naufraga empieza a correr y a gritar por todos lados para terminar brincando a un bote salvavidas mientras los demás tripulantes luchan por mantener el barco a flote.

¿Qué podemos exigirle a los jugadores si su técnico ha perdido la cabeza? ¿Cómo podía Miguel Herrera tomar una buena decisión si estaba iracundo y desesperado? ¿Cómo podía el técnico del América observar los yerros de sus jugadores si estaba más preocupado por las fallas del árbitro?

Miguel Herrera es un gran conocedor de futbol y tiene todos los merecimientos para estar en estos momentos al frente de la selección nacional. Pero si de esta derrota Miguel Herrera no aprende, y en lugar de advertir sus fallas como entrenador le sigue endosando la responsabilidad de la derrota a un tercero, entonces es muy probable que después del Mundial, México estará buscando de nueva cuenta a otro estratega para la selección nacional.

COMO PASA EN TODOS LADOS

Para que Miguel Herrera no se sienta tan mal, este fin de semana una gran tenista y padelista le endosó la culpa de su derrota en la Final, a la cancha, a las pelotas, a la raqueta, al clima, al horario y por último a su pareja.

Este hecho solo superado por otra padelista de un club de la Ciudad de México que cuando perdió su semifinal le atribuyó la culpa de su derrota a su marido (que era espectador) porque esa noche había roncado y porque cuando le dolió la cabeza no le dijo que se podía poner hielo. Ojalá no acabe así el Piojo.