Columna Invitada

Columna invitada

Para Jesús Ramírez.

Siempre en un Mundial se busca que el equipo anfitrión tenga ciertas ventajas con la idea de evitar una pronta eliminación. En el Mundial de México 86, a pesar de que no había una potencia en el grupo de México (Bélgica, Paraguay e Irak) los organizadores consideraron que México sería incapaz de ganar su grupo y optaron porque fuera el segundo lugar y no el primero el que siguiera jugando en el Estadio Azteca.

A pesar del empate contra Paraguay (por un penal fallado por Hugo Sánchez al final del partido) México fue primero en su grupo y tuvo que salir a jugar a Monterrey para enfrentar a Alemania.

El partido se fue a tiempos extra. Los alemanes no aguantaban el calor y en un partido en donde México pudo haber ganado, se empató y en la serie de penales México perdió al haber fallado tres de cuatro tiros desde los 11 pasos.

Por una sanción por cachirules México no jugó el Mundial de Italia 90. En el siguiente Mundial, en Estados Unidos 94, pasó exactamente lo mismo.En el partido para pasar a cuartos de final, México enfrentó a Bulgaria. El partido se alargó a tiempos extra y los búlgaros no aguantaban el extenuante calor. México tenía todo para ganar.

Sin embargo, el entrenador de aquel entonces tenía más miedo de que nos metieran un gol, que de buscar el tanto de la victoria. Al final nos fuimos a penales y México volvió a fallar tres de cuatro para volver a quedar eliminados en la instancia de los penaltis.

Desde entonces se hizo costumbre que México perdiera todas las series de penales en eventos importantes. Llegar a esta vía era sinónimo de derrota. Verlos tirar un penal era lo más cercano a ser masoquista.

En este Mundial Sub 17 en el enfrentamiento de cuartos de final entre México y Brasil, cuando Brasil le empató a México a cinco minutos del final, muchos presentimos la derrota al saber que la tanda de penales era inminente.

Ya en los penales, Brasil empezó a tirar primero. México falló el tercer penal y Brasil tuvo el penal de la victoria al llegar al quinto y último. En ese momento millones recordamos el desasosiego que nos acompaña cada que llegamos a esta instancia.

Sin embargo, por primera vez la historia fue al revés. El gran portero mexicano no solo detuvo ese penal, sino que el siguiente tirador mexicano lo convirtió a lo Panenka (tirado a tres dedos, suave y al centro).

A partir de ahí, y ya en muerte súbita, México metió los siguientes siete penales y en una gesta histórica México venció 11-10 a Brasil para avanzar a las semifinales en el Mundial Sub 17.

Lo dijo el entrenador Raúl Gutiérrez antes del partido: “Esta generación insiste en formar su propia historia sin mirar al pasado, sin cargar losas que no le corresponden. Desde que empezamos a trabajar (el grupo) está acostumbrado a pensarse como favorito, a que se les catalogue como actuales campeones y entrenamos bajo este contexto con la idea de refrendar el título aquí en los Emiratos Árabes.”

Hoy sabemos que lo dicho por el Potro Gutiérrez no es retórica, sino la realidad. Estamos ante una generación de jugadores que afortunadamente no había nacido cuando pasó lo de México 86 o lo de Estados Unidos 94. Una generación de jóvenes menores de 18 años que el único antecedente que tienen es que sus antecesores ya ganaron dos Mundiales en esta misma categoría.

Al final en el futbol, como en la mayoría de los deportes en donde se enfrenta a otro, se puede ganar o perder por circunstancias diferentes a tu propia capacidad. Argentina podría derrotarnos porque el día del partido jugó mejor o porque tuvieron más contundencia en un momento determinado, pero esto no significa una regresión a lo que se vivió en México 86 o en Estados Unidos 94.

Eso es lo verdaderamente importante y afortunadamente ya se logró: Que nos ganen porque son mejores, pero nunca porque nuestro miedo a ganar o  perder, les regaló el partido.