Con efecto

El rumbo perdido

Cuando las decisiones que se toman parecen las correctas y se acompañan del viento a favor de los resultados, solemos no darnos cuenta de cosas importantes o de suavizar el análisis, y puede sonar a que estas líneas son a “toro pasado” pero aún no llega el desenlace se esta historia.

La época de Ricardo Peláez en América está llena de cosas positivas, el mejor de la porcentual, 3 finales, 2 títulos de Liga, 1 de Concacaf, además de ser el salvador de la selección en la Eliminatoria rumbo a Brasil 2014. Eso es innegable, pero hay mucho detrás de estos resultados, de el último título a la fecha parece que el santo se le “volteó de espaldas”.

El camino no ha sido fácil. Vino el campeonato de Miguel Herrera en el Torneo Clausura 2013 (ante Cruz Azul, cerrando en el Estadio Azteca), envuelto de cosas que solo la fortuna, el tener un portero y equipo en estado de gracia, pueden explicar.

La final que perdió el Piojo Herrera al alinear a un jugador que ya tenían vendido en Atlante (el favor de regreso), Narciso Mina, quien se cansó de fallar, teniendo a Luis Gabriel Rey en la banca. Hasta ahí, todo bien.

Viene Antonio Mohamed, la incapacidad de Peláez al no poder controlar un DT con personalidad, sí, con indisciplina, sí, pero con resultados. Yo pregunto: ¿qué es más importante? ¿Los resultados de la institución o demostrar quién es el jefe?

Si con Mohamed, Peláez hubiera tenido la capacidad política para lidiar con sus indisciplinas en favor de la institución, se habría evitado la pena de tener que abrazar de manera hipócrita al DT campeón con América en 2015.

Firmar a Gustavo Matosas antes de terminar el campeonato habla de que Ricardo nunca, nunca soñó que Mohamed llevaría al América a ganar ese 12vo título de Liga (Apertura 2014). Contratar a Matosas por lo hecho antes le dio una transición tersa, sin tantos reclamos de la afición, pero seamos sinceros, era de locos pensar en despedir al director técnico campeón y líder casi toda la campaña.

Con Matosas, no pasó por indisciplina, algunos jugadores que para Peláez eran inamovibles, no querían a Matosas, y así de fácil, prefirió que se fuera el uruguayo a que algunos vividores que siguen por ahí sin dar resultados. También fue un pésimo negocio para el club.

Entiendo que Peláez vio por retener un plantel que le dio resultados, pero le faltó recordar que ese plantel fue campeón con dos técnicos distintos y cada uno de ellos le hizo las adecuaciones que creía serían mejores para dar resultados.

¿Por qué a Antonio Mohamed sí le permitió prescindir de Aquivaldo Mosquera y del Maza Rodríguez y traer a Paolo Goltz y Pablo Aguilar?... Eso mismo, no le permitió a Gustavo Matosas.

Ahora, trae a su entrañable Ignacio Ambriz, cuyo logro más destacado había sido ser auxiliar de Javier Aguirre en España, sin ningún palmarés importante. Seguramente con la idea de tener alguien de manejo suave, para no tener que lidiar con personalidades difíciles. Pero a Peláez, quien pensamos que sabe en dónde está parado, parece olvidar que el América es un animal distinto, que está hecho de otro material, no para cualquiera.

Hoy, que los resultados no acompañan, parece voltear y dirigirse al túnel de una nueva equivocación... Un hijo del acérrimo rival. De confirmarse esta versión, estaremos siendo testigos de una debacle digna del centenario del club.

Lo que mal empieza, mal acaba. Así como a Nacho se le tuvo poca paciencia, el que viene, aunque le hayan “pagado la carrera” será mal visto.

En verdad que si hay mucho para analizar en la época Peláez. No todo son resultados en el futbol.

 

Twitter: @Alberto_Duque