Con efecto

Darwin, el tóxico

Lo sucedido la madrugada del domingo en Japón tiene mucha más historia que solamente la desastrosa y vergonzosa eliminación de otro equipo mexicano en estas instancias del Mundial de Clubes.

Mucho se habló y se hablará del error de Moisés Muñoz; de las fallas de los delanteros; del desorden táctico de Paul Aguilar y de la estrategia sin estrategia de Ignacio Ambriz.

La muy citada indisciplina de los de Coapa, misma que tuvo un alto porcentaje de responsabilidad en la eliminatoria perdida contra la UNAM, misma que nunca detuvo el DT Ambriz. Lejos de ello, la aplaudió cuando ésta se manifestó en un entrenamiento entre jugadores de la misma escuadra.

El domingo fuimos testigos de una desafortunada escena en la que el capitán Rubens Sambueza reclama a Darwin Quintero su displicencia y falta de actitud. Sambueza, le recrimina no solo como capitán, sino con las prerrogativas que su entrega y esfuerzo le dan dentro de la cancha.

Con una infinita falta de criterio y de argumentos, Quintero responde agrediendo a su compañero con un cabezazo, que de no haber sido por la intervención de Paolo Goltz, podríamos estar hablando de otro tipo de desenlace.

Lo de Quintero rebasa ya lo que una institución como América puede admitir. Ricardo Peláez, como responsable, debe separarlo de inmediato del plantel. Está obligado a hacerlo.

Desde su llegada al América, el colombiano no ha sido lo que se esperaba; no ha rendido; es claro que no quiere estar ahí; no disfruta los momentos y, sobre todo, no entiende en donde está parado. Él es un jugador para equipos de otro calibre.

La decisión para Peláez no debe ser fácil, él debe justificar ante sus superiores los casi 10 millones de dólares que pagó por su fichaje, pero Peláez ya se pasó de paciente y esto le está empezando a cobrar facturas.

Recordemos que, aunque no trascendió, Darwin Quintero encabezaba la lista de los jugadores que Gustavo Matosas quería fuera de su plantel hace seis meses, por su falta de compromiso y por su interés en todo, menos en el grupo que hoy le paga. Aunque se habla de que Matosas salió de la institución porque quería traer jugadores, su intención era que salieran los “tóxicos”, Darwin y dos jugadores más, muy identificados con Antonio Mohamed.

Hoy podemos darle la razón a Matosas en este caso. Peláez prefirió conservar el “grupo” y Gustavo se hizo a un lado por decisión propia, esa es la realidad.

Peláez deberá tomar decisiones y deshacerse de Quintero es una de ellas. Aguantarle, y romper aún más el grupo que tanto trabajo le costó armar, o prescindir de este jugador que lejos de ayudar al americanismo, le ha hecho un daño que no se puede permitir.

Si Darwin mañana desaparece en Coapa, el único que lo va a notar, es el encargado de las nóminas.  

 

Twitter: @Alberto_Duque