El rincón de Rufo

Se viene el tianguis


Una vez más en el balompié nacional, como cada año, se viene el tianguis de jugadores, la compraventa de piernas y, por mucho, dejó de ser lo que en algún momento fue.

En ediciones anteriores, en las primeras para ser exactos, los dueños y presidentes de clubes se encerraban durante horas a negociar; todo resultaba suspenso, se hacía un receso para salir a comer y era entonces cuando brincaban las primeras noticias.

Los periodistas hacíamos largas guardias esperando esa nota, esa declaración donde se informaba que tal o cual jugador pasaba a ser propiedad de un nuevo club; se trataba de correr detrás de los dirigentes del futbol mexicano, de cazarlos y obtener la nota, pues en ese salón donde se reunían se fabricaba en buena medida el siguiente torneo, nos dábamos cuenta qué equipos resultaban mejor armados y entonces sí había noticias

Hoy llegan todos ya prácticamente arreglados a dicha reunión, las compras importantes ya se realizaron, no existen realmente sorpresas de ningún tipo; todos los movimientos aparecen en una gran pantalla, donde solo se exhibe el nombre del jugador, el tipo de operación; ya sea compra o préstamo, el club que sede y el que recibe.

¿A qué viene esto? Hoy, el mal llamado Draft del futbol mexicano no tiene ninguna razón de existir; de hecho, ya lo llaman reunión del futbol mexicano o algo así, si acaso alguna declaración importante después de la primera reunión con algún acuerdo desconocido y se acabó la información.

El Draft nació en México pretendiendo ser una copia de la forma en que se compran jugadores en los deportes de los Estados Unidos, en especifico el de la NFL, donde los equipos débiles tienen en la primera opción a los jugadores que vienen de las universidades, esto con la idea de hacer más equilibrada la Liga y dejar que aquellas escuadras que se vieron débiles en la última temporada se fortalezcan para poder competir, nada que ver con lo que ocurre en nuestro futbol.

Punto y aparte, y algo que jamás cambiará en el pseudo Draft mexicano es el doloroso espectáculo de ver a jugadores ya veteranos, la mayoría deambulando en los pasillo del hotel sede, donde buscan ser contratados a como dé lugar por algún club. En su primer intento, desde luego en la Primera División, y si ya no se pudo, pues a buscar suerte en la Liga de Ascenso, esos mismo jugadores que en años anteriores costaba mucho trabajo entrevistar, pues estaban ubicados entre las grandes luminarias; al pasar los años, se les ve en el Draft tratando de hacer amistad con los reporteros para que les hagan una entrevista, para aparecer en las noticias y que alguien se fije en ellos. En dichas entrevistas, usualmente, mienten diciendo que tienen diferentes ofertas de clubes que pretenden sus servicios y que están analizando la mejor opción, nada más falso que esto; en realidad, están de rodillas esperando algún dirigente o técnico se apiade de ellos y les dé trabajo para el siguiente torneo, y así uno los ve cada segundo creciendo su desesperación, sabedores de que los años de gloria ya se fueron y es momento de tocar puertas, de pedir favores, de acudir a los amigos que, en muchos casos, son jugadores que fueron compañeros y que ahora son técnicos.

Los pocos que alcanzan a amarrar un contrato sufren de demencia instantánea, de inmediato se ponen los lentes oscuros, encienden el celular, rentan algún auto deportivo y se pasean por la bahía ya con un nuevo club al que pertenecen, dejan de lado las horas de angustia que pasaron y se suben nuevamente al camión de la felicidad, que les durara un año más, ya el siguiente mercado de piernas veremos qué ocurre.

El promotor sigue siendo el mismo: siempre cargando maletas de libros con fotografías de los jugadores que ofrece, recortes de diarios con notas de sus jugadores y hasta videos donde tienen la oportunidad de exhibir su mercancía de mejor forma, mostrando la magia que pueden hacer sus representados. Estos personajes tratan de soltar rumores entre los reporteros, aparecen cerca de algún representante de los medios de comunicación y, de repente, le dicen: "¿ya te enteraste de tal jugador?" Entonces, cuentan historias fantásticas sobre jugadores, de los cuales uno jamás había escuchado, relatan autenticas hazañas realizadas por el jugador al que se refieren y hasta aseguran saber en qué lugar se encuentran (usualmente a la vuelta de donde se da la plática), para hacerle una entrevista exclusiva.

Un auténtico teatro de los sueños, o de las pesadillas, es esto del Draft, y la gran pregunta es: ¿Hasta cuándo lo van a permitir los jugadores? Bueno, hasta que algún grupo de las luminarias actuales se interese por su futuro y den forma a una autentica agrupación que defienda sus derechos; por ahora, seguirán pretendiendo luchar los que se quedan sin trabajo, que a esos ya nadie los escucha.

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