El fin a la sequía

Argentina tendrá 90 minutos ante Chile para acabar con su falta de títulos desde hace 23 años; de paso, igualaría a Uruguay, con 15 cetros en la Copa


Lionel Messi
Messi, parece casi obligado a obtener algo esta noche con su selección (Reuters)

NUEVA JERSEY, Estados Unidos

Llegó el momento. Argentina y Chile se enfrentan esta noche en la final de la Copa América Centenario, con la mira puesta en el título. Luego de desplegar un futbol efectivo y con Lionel Messi como estandarte, los dirigidos por Gerardo Martino arriban a esta instancia como favoritos sobre el campeón vigente.

Las dos mejores selecciones del continente se miden en un duelo que podría terminar con la sequía albiceleste de 23 años sin un campeonato o bien, ampliar la hegemonía andina.

Del lado argentino, Messi, Gonzalo Higuaín y la posible incorporación de Ángel di María son las cartas ofensivas para arrebatarle el cetro a Chile, por quien aparecen Eduardo Vargas como el autor de los goles, y detrás, Arturo Vidal y Alexis Sánchez como el principal revulsivo y esperanza de su afición para revalidar el cetro conseguido el año  pasado.

Argentina, como un aliciente más, tiene en el camino alcanzar a Uruguay, en caso de salir campeón, con 15 títulos del certamen continental. Chile ganó aquella final del 4 de julio de 2015 en el estadio Nacional de Santiago.

Fueron 120 minutos sin goles, saldados después con una definición por penales que favoreció al anfitrión, que levantó el primer trofeo en su historia futbolística.

 Para la Argentina de Lionel Messi, fue su segunda final perdida en años consecutivos, luego de caer ante Alemania en el último partido de la Copa del Mundo de Brasil. “La final anterior ya pasó y esta es una nueva y el resultado final, si es positivo para nosotros, no cambia nada”, declaró el técnico argentino Gerardo Martino el sábado.

 “Intentar repetirlo no es fácil, haberlo conseguido es un gran logro, en definitiva lo que buscábamos era intentar llegar a este lugar”.

 Argentina llega a esta final en un momento de gracia, ganadora de sus cinco partidos con balance goleador de 18-2, incluyendo su victoria 2-1 sobre Chile en su primer encuentro del torneo. Messi es el segundo máximo artillero del campeonato con cinco dianas, una menos que el chileno Eduardo Vargas, y hasta ahora el equipo de Martino parece no haber extrañado a Ángel di María, lesionado en el segundo compromiso ante Panamá, y listo ahora para volver. Messi ni siquiera jugó hace tres semanas ante Chile, todavía aquejado por una lesión de espalda que sufrió en un amistoso previo a la Centenario.

 Después salió de la banca en los dos partidos siguientes de la fase de grupos, y fue titular por primera vez en la goleada de 4-1 a Venezuela en cuartos de final.

 “La inclusión o no de Messi en un equipo condiciona lo que uno puede programar”, dijo ayer el técnico de Chile, Juan Antonio Pizzi. “Pero es totalmente distinto el entorno, la instancia, todo lo que hay alrededor del partido no tiene nada que ver con lo que vivimos hace 20 o 25 días en el primer partido que jugamos en la fase de grupos”.

El astro del Barcelona metió un magistral tiro libre en el triunfo 4-0 sobre Estados Unidos en las semifinales, con el que desplazó a Batistuta como máximo goleador en la historia de la selección argentina con 55 tantos. “Lógicamente, hay que utilizar algún mecanismo para contrarrestar esas virtudes, porque si no terminan marcando diferencias y termina siendo el que desequilibra el partido”, advirtió Pizzi sobre el delantero del Barcelona.

Más allá de los récords individuales, Messi sigue en busca de su primer trofeo con la selección mayor. Una deuda que, recién cumplidos los 29 años y con el padre tiempo pasando factura, espera saldar frente a La Roja. “No sé si es la última oportunidad, pero hay que aprovechar esta que queda nuevamente y agarrar esta copa como sea”, expresó el viernes el que ha sido el mejor jugador de la Centenario.

“Es la cuarta final que me toca jugar con la selección y me gustaría que algún día cambie la historia y pueda ser campeón”.

 Messi también disputó la final de la Copa América de 2007, que Argentina perdió 3-0 ante Brasil. Mientras Chile llega al partido en East Rutherford, Nueva Jersey, en plenitud y con un Vidal descansado, Argentina está atormentada por varias lesiones.

Martino dijo que Di María está disponible, aunque es improbable que arranque de titular, y su reemplazante en el extremo izquierdo Ezequiel Lavezzi se fracturó el codo izquierdo en las semifi nales y quedó marginado do del torneo.

Otro jugador que usualmente se desempeña por ese sector, Nicolás Gaitán, también está tocado, aunque aparece en la convocatoria para el domingo, señaló el timonel. Martino podría optar por Érik Lamela para actuar en esa banda, sin muchas opciones de recambio en la banca.

El mediocampista Augusto Fernández, vital en la recuperación al lado de Javier Mascherano, es la otra baja por lesión, aunque su puesto será ocupado por Lucas Biglia, un titular habitual que apenas debutó en las semifinales tras recuperarse de sus propios problemas físicos.

Las dudas que había en Chile luego que Pizzi reemplazó a Jorge Sampaoli, gestor de la coronación en 2015, quedaron despejadas y el equipo ha ido de menos a más en el torneo. “Lo único que cambia del año pasado hasta ahora son dos cosas: uno es el técnico, que lo ven, y dos es el año”, dijo el mediocampista chileno Marcelo Díaz.

“Los jugadores son casi los mismos, las tácticas son exactamente lo mismo, solamente debemos pensar en que sí nuevamente podemos ganarle a Argentina, porque somos un equipo que confía mucho en sus capacidades, no tan solo en lo individual, sino en lo colectivo, y es así donde nos hacemos muy fuertes”.

El duelo Chile-Argentina baja el telón de un torneo azotado casi desde su creación por el peor escándalo de corrupción en la historia del futbol.

La mayoría de sus gestores, líderes de la Conmebol y la Concacaf, están detenidos o a la espera de ser sentenciados por acusaciones de haber recibido millones de dólares en sobornos a cambio de los derechos comerciales de diversos torneos, entre ellos la Copa América Centenario.

También fueron acusados los empresarios que pagaron los sobornos y cuyas compañías tenían los derechos de transmisión de este certamen, ideado para conmemorar los 100 años del campeonato de selecciones más antiguo del mundo.

En medio de un clima de incertidumbre, en el que incluso se llegó a poner en duda el montaje de la Copa, los nuevos líderes de las dos confederaciones rectoras del futbol en América tuvieron que rescindir contratos y renegociar a última hora nuevos acuerdos de televisión.

De todas formas, los organizadores dijeron que el torneo ha sido un éxito, con un promedio de asistencia de 46 mil fanáticos por partido, incluyendo la final que ya está agotada. “Estas son cifras de Copa del Mundo”, afirmó el jefe del comité organizador y presidente de la federación estadunidense, Sunil Gulati.