¿Enemigos y amigos?

Por años alimentaron una antipatía que dio vida a una inigualable trilogía, pero ahora, Érik Morales y Marco Barrera presumen una buena amistad


Ciudad de México

Quién diría que un sentimiento como el que fraguaron los boxeadores Érik Morales y Marco Antonio Barrera terminaría en amistad, cuando hace 17 años apenas se veían -no necesariamente sobre un ring- y comenzaban a lanzarse golpes.

“Ya había algo desde que nos conocimos... pero no fue sino hasta un partido de futbol en el (Centro Ceremonial) Otomí donde todo explotó. Hubo una entrada fuerte, le reclamé y ahí empezó todo”, recordó para La Afición Marco Antonio Barrera, quien de cierta forma agradece lo sucedido, pues “yo me pregunto, ¿qué hubiera pasado si hubiéramos sido amigos desde antes? Sin dudar, no se hubieran dado esas peleas así, solo hubiera sido pique”, dijo el peleador que estelarizó junto a su equipo completo batallas campales contra el grupo de trabajo del Terrible Morales, tanto en conferencias de prensa como arriba del ring.

Fueron 36 rounds los que protagonizaron en cuatro años, dejando a cientos de fanáticos satisfechos, dejando un saldo de dos victorias para Marco Antonio Barrera y una para El Terrible.

Ya en el retiro las cosas no cambiaron. La enemistad se mantuvo y las veces que se llegaron a encontrar –dejando de lado la agresividad y ya sin puños volando a diestra y siniestra– una tensa calma es la que inundaba el lugar. Solo un frío intercambio de miradas y pocas veces había un saludo.

“Ya ha pasado mucho tiempo y aunque fueron años muy intensos, en los que vivimos peleas muy buenas, el ambiente se fue enfriando. No éramos cercanos, pero por nuestros trabajos llegamos a coincidir en varias ocasiones”, recordó Barrera, quien se retiró en el 2011 tras dejar una marca de 67-7, con 44 nocauts.

Varios intentaron cambiar las cosas entre ellos, pero el único que tuvo éxito y terminó rompiendo ese tenso círculo fue Julio César Chávez González:

“Julio fue el culpable. Nos invitó a una fi esta, nos paró y nos regaño a los dos”, recuerda entre risas Barreta.

“Ahora llevamos la fiesta bien, en paz. Incluso en mi último viaje a Tijuana reconocí que no conocía la ciudad. Estuvimos en contacto y nos dio (Érik) un tour por todos los restaurantes. Nos llevamos de la mejor forma con todo y las esposas. Y ahora de repente nos escribimos, en Navidad o en su cumpleaños. Llevamos una amistad muy buena y nunca pensé en llevar una amistad tan bien con El Terrible. Ahora, en esta nueva etapa, puedo ver que es un extraordinario ser humano”, afirmó el peleador que este año entrará al Salón de la fama en Canastota, Nueva York.

Barrera insiste en que esa enemistad que nació en el 2000 tuvo una razón de ser, pues sin ella no podría haberle pegado de la manera en que lo hizo en su momento, pero ahora se siente complacido de haber rescatado una buena amistad con su contraparte de Tijuana, para de esta forma poder revivir esos viejos tiempos, pero con mucha más calma:

“Platicamos y recordamos… y ahora nada más nos da risa. Lo que sí es un hecho es que fueron buenos momentos los que pasamos los dos”, finalizó El Barreta.