La Adrenalina lo es todo

Carol Limpy se enamoró del boxeo hace un par de años LO ES TODO y no lo ha dejado; sus casi 50 años no son impedimento, incluso quiere ser ejemplo de que si se quiere, se puede

Carol Lampy, boxeadora
Carol Lampy, boxeadora (Cortesía: Carol Lampy )

Ciudad de México

La necesidad de adrenalina de Carol Limpy, que inició con su estancia en el Ejército de Estados Unidos, siguió en los rodeos, donde montó toros, pasó por los autódromos locales, donde corrió autos solo por el placer de decir “no estoy dejando nada el tintero”, es una costumbre.

Carol está a 10 días de cumplir los 50 años, pero desde hace dos encontró en el boxeo un nuevo amor, aunque en casa sus dos nietos intentan entender qué es lo que le pasa; ella no se detiene, “porque si en el pasado no lo hice, ahora menos”.

“La adrenalina saca lo mejor de ti, mi abuelo fue un norteño cheyenne del que dicen que saqué la locura, pero lo veo más como el espíritu aventurero, en mi vida he hecho muchas cosas, algunas siempre me han dado curiosidad, desde joven fui diferente, pero mi inspiración para hacer esto es que no quería arrepentirme después de no hacerlo, sobre todo por miedo, y es el mensaje que quiero que mis nietos entiendan”, dijo Carol a La Afición, quien en su tiempo libre es consejera de educación superior para las tribus de cheyenne y arapaho en Oklahoma.

Aún por la línea telefónica se escucha activa, casi se puede imaginar la sonrisa en su rostro redondo y con rasgos de nativa norteamericana, mientras cuenta las historias que muestran un poco de dónde salió y por qué está aquí.

A los 11 meses, su padre, de tan solo 23 años y miembro del Ejército paracaidista, y sus hermanos de cinco y tres murieron en un accidente automovilístico, lo que la obligó a mudarse a Oklahoma, donde después de pasar por el Ejército, los rodeos, las pistas llenas de lodo y los emparrillados, se encontró por casualidad con el boxeo.

Hace dos años, durante una competencia amateur, Carol vio a una mujer, ya no tan joven, tirando golpes y disfrutando de bailar por el ring y pensó ‘si ella puede, ¿por qué yo no?’ y de ahí ya no pudo dejar de entrenar. Su camino por el boxeo no ha sido largo, al contrario, cuando por fin estuvo a horas de subir al ring, un mal entendido con el papeleo le impidió enfrentarse a Beth Farmer, una peleadora 16 años más joven.

Pero ni eso le hace quitar el dedo del renglón, ella necesita seguir probando sus límites, no solo físicos, también mentales. Limpy prometió dejar de abrir paso en su carrera a los 51, aunque ya tiene el siguiente proyecto para su gente, porque antes que sea demasiado tarde quiere otro golpe de adrenalina: convertirse en saltadora profesional de paracaidismo, ya que siente la necesidad de seguir viviendo por los años que su padre y sus hermanos perdieron.

 “En mi mente no tengo la edad de mi cuerpo, mientras sea competitiva no veo nada malo en seguir adelante, porque al fin y al cabo mi máxima motivación es vivir por tres personas al mismo tiempo, a veces siento que lo hago. Mi padre era un aventurero en el Ejército, aunque murió demasiado joven, mis hermanos tampoco tuvieron oportunidad de disfrutar, pero estoy orgullosa de lo que yo he logrado”, explicó.

CON ESPÍRITU SOCIAL

 Limpy está convencida de que el deporte es el vehículo para conectar con los más jóvenes y por eso espera que sus peleas le abran un canal con aquellos que tengan problemas, sobre todo para completar el paso que ella dio: divorciarse de su esposo, para vivir al lado de su pareja, Anita Wheeler.

Ahora, convencida de que el deporte es la herramienta ideal, quiere implementar una clínica de boxeo ambulante que lleve equipo y clases a escuelas de nativos americanos, para que puedan practicar una disciplina que los haga desarrollarse y les abra nuevas posibilidades.

“Sería fenomenal disputar un título del mundo, pero siendo sincera sé que para el boxeo élite mi tiempo ya pasó, quizá no pase, pero no por eso dejaré de poner el 100 por ciento, mi propósito principal en el boxeo es aprender, para después enseñar. Que mis alumnos entiendan que si les pido el máximo es porque entregué todo lo que tenía”, finalizó Carol.

Aunque sabe que sus oportunidades para disputar un título del mundo son muy lejanas, casi imposibles, porque su edad es su mayor enemigo, Limpy todavía quiere sumergirse en el mundo del boxeo para pelear, esta vez por algo que deje una huella.