Sadaf Rahimi, la joven boxeadora que planta cara al patriarcado afgano

Sadaf es una boxeadora excelente. Y sobre todo, una excepción en un país musulmán donde el deporte femenino sigue siendo tabú 

Sadaf Rahimi
Sadaf Rahimi (AFP )

KABUL

Cuando Sadaf Rahimi, boxeadora afgana de 19 años, golpea su saco en las entrañas de un estadio de Kabul, se enfrenta a los prejuicios machistas y exorciza la historia, en el recinto donde los talibanes organizaban las ejecuciones.

Con 60 kilos, músculos vendados y mirada de falsa timidez, Sadaf se enfunda los guantes.

Una sacudida liberadora acompaña cada derecha y cada izquierda que lanza contra las manos cubiertas de cuero de Agha Gul Alamyar, uno de sus entrenadores. Sus piernas bailan un tango inquieto, mete la cabeza entre sus puños, se endereza y lanza otra derecha que hace desear no ser el objetivo de sus golpes.

Sadaf es una boxeadora excelente. Y sobre todo, una excepción en un país musulmán donde el deporte femenino sigue siendo tabú debido al peso de la tradición y del qué dirán.

Además, la cinta negra que lleva en la cabeza sirve más para recoger su pelo que para cubrirlo.

"El pañuelo lo llevo cuando no entreno. Vivimos en un país conservador", se apresura a precisar.

El régimen talibán, famoso por su maltrato a las mujeres, fue derrocado en 2001 por una coalición internacional dirigida por Estados Unidos. Desde entonces, las condiciones de las mujeres han mejorado considerablemente, pero sigue quedando una cultura patriarcal que se le atraganta a muchas afganas, por la cual su vida se limita a quedarse recluidas en casa y a la educación de los niños.

A sus 19 años, de los cuales 7 en el ring, Sadaf se ve en la obligación moral de "demostrar que las mujeres no están obligadas a quedarse en casa. Pueden ser iguales que los hombres".

- "Las vueltas de la Historia" -

Nacida en una familia de clase media de etnia tayika, Sadaf ha tenido que pelear con sus familiares por su pasión por el boxeo, deporte que descubrió viendo a Mike Tyson y a Laila Ali, la hija de Mohamed Ali, en la televisión.

"Mi familia, al principio, estaba en contra. Mis allegados se preguntaban por qué boxeaba, pensaban que debería ayudar en las tareas de la casa y cocinar. Mi tía sigue oponiéndose", cuenta la joven, que además está estudiando economía.

Su revancha contra el machismo y la oscura historia reciente de Afganistán, Sadaf ya la ha conseguido. Se entrena en el estadio Ghazi, que los talibanes usaban como campo de ejecuciones cuando dirigían el país entre 1996 y 2001.

Una de esas ejecuciones fue grabada en secreto en 1999. Las imágenes mostraban a una mujer, Zarmina, ejecutada a quemarropa con un Kalashnikov por haber matado a su marido violento.

"Es realmente bonito las vueltas que da la historia y que se pueda entrenar aquí", valora Agha Gul Alamyar, el entrenador de Sadaf.

Los medios de la Federación Afgana de Boxeo son cuando menos rudimentarios. Los jóvenes se entrenan sobre tapetes roídos, los sacos son viejos y los guantes están desgastados por el uso. "Nos falta de todo, desde guantes hasta zapatillas. Francamente, no tenemos ningún respaldo público para las chicas", se lamenta Alamyar. La federación solo tiene 20 mujeres en sus filas. Una miseria.

- Sed de medallas -

Para hacer su deporte atractivo para otras mujeres, Sadaf pretende montar su propio club y convertirse en entrenadora. Pero antes de eso, le queda una etapa obligatoria: subir a los podios internacionales, un sueño todavía lejano.

Ha ganado tres medallas de bronce en competiciones regionales, pero todavía no ha conseguido participar en unos Juegos Olímpicos, objetivo último de todo deportista.

En 2012, Sadaf mintió sobre su edad para poder aceptar la invitación de los organizadores de los Juegos de Londres. Pero la Federación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA) no la dejó participar al creer que sus contrincantes, que entrenaban en mejores condiciones, le podrían hacer demasiado daño.

Este año, Sadaf no irá a Rio, pero esta vez las razones son deportivas. Su derrota en los Juegos de Asia del Sur en India a mediados de febrero la eliminó de la carrera olímpica.

"Estoy decepcionada", reconoce la boxeadora. "Pero (en India) estaba totalmente sola. Ningún entrenador me acompañó. No tenía ningún apoyo", asegura con resignación la luchadora.