Julio César Chávez: 35 años de triunfos... y sufrimientos

Una estatua suya en su tierra lo hace viajar hasta aquel día de su primer triunfo, pero en ese trayecto hace una parada en momentos en que las adicciones lo pusieron al borde del nocaut; ahora, abre una clínica de rehabilitación


Julio César Chávez, habló en conferencia de prensa
Julio César Chávez, habló en conferencia de prensa (Especial)

CUALIACÁN

E l 5 de febrero de 1980, Julio César Chávez logró su primera victoria como profesional. El 5 de febrero de 2015, Julio César Chávez develó una estatua que rinde homenaje a ese largo periodo de esfuerzos, sudor, lágrimas, sangre, triunfos y derrotas, pero que también tuvo capítulos rodeados de drogas, alcohol y depresiones que lo llevaron a pensar en el suicidio.

JC celebró ayer los 35 años de su triunfo, que fue contra Andrés Félix en seis rounds en Culiacán, el inicio de una carrera que terminó con títulos mundiales en tres diferentes categorías y con un récord de 107-6-2, con 86 nocauts de por medio, un camino que él mismo acepta, pudo ser mucho más éxitoso y con mejores experiencias personales.

“Si no hubiera llevado una vida disipada al ­ nal de mi carrera, una vida mala, de droga y alcohol, la verdad hubiera podido llegar a 100 o 110 peleas invicto. A mí nadie me hubiera ganado, era peleador natural que nació para eso, era mi pasión, mi vida”, a­firmó el César, quien confesó que en el mejor momento de su carrera “pensé que lo tenía todo y que había logrado todo en la vida, entonces llegaron los excesos y las derrotas”.

Ahora, con 52 años de edad, platicó sobre el signi­ cado que tiene este reconocimiento y el abrir un centro de rehabilitación en uno de los lugares donde vivió sus peores pesadillas, además recordó muchas de las cosas que tuvo que vivir él y su familia en la intimidad, lejos de los reflectores.

"Si no hubiera llevado una vida mala, de droga y alcohol al fi nal de mi carrera, hubiera llegado a 110 peleas invicto”


“Definitivamente, he recibido muchísimos reconocimientos. Es increíble. Llaves de la ciudad, me ha recibido presidentes de la República. He recibido miles de reconocimientos, pero, sin duda, éste es con el que me quedo. Porque lo estoy viviendo. Ver una estatua mía, es algo que no puedo describir”

 Pensar en 35 años de tu primer triunfo se dice fácil, pero, ¿qué recuerdas de ese momento de tu debut al profesionalismo?

Recuerdo que peleé contra Andrés Félix, un chico con bastante experiencia. Yo iba debutando y la verdad fueron seis rounds muy difíciles para mí. Me cansé bastante. Siendo sincero, esa noche si hubiera perdido, no hubiera vuelto a pelear porque cuando estaba peleando yo pensaba ‘esto no es para mí’, porque estaba sumamente cansado y estaba contra alguien muy experimentado. Afortunadamente, gracias a Dios y a mi esfuerzo, después pensé diferente.

Tras 106 peleas y a 10 años de su retiro has traído una nueva perspectiva, si pudieras dar marcha atrás, ¿qué cambiarías de tu carrera?, ¿enmendarías errores?

De­finitivamente, cambiaría todo por… cómo decirlo sin que se enoje mi señora… me gustaría volver y ser el joven con aquella ilusión que siempre tuvo de sacar adelante a su familia, de ser alguien en la vida. Llevar una vida limpia. Desafortunadamente, a veces no estamos preparados para el éxito y caemos en tentaciones.

Tres títulos mundiales, muchas guerras vividas, 107 triunfos, pero para ti, ¿cuál fue la batalla más importante que tuviste?

Arriba del ring, la más difícil y dura, donde yo sentí la muerte, sentí que me desmayaba, que quería vomitar, fue con Meldrick Taylor. Eso arriba, abajo del ring, además de con mi vieja, fue con el alcohol y la droga. Gracias a Dios pude salir y ahora la verdad estoy bien agradecido y, sobre todo, por el nombramiento que me dio el presidente Enrique Peña Nieto como embajador de prevención de las adicciones. Eso me compromete más a seguir limpio, a pasar el mensaje y dar pláticas. ¿Lo que te animó a aceptar eso es el hecho de que hayas vivido tales excesos y que tengas la opción de ayudar a las personas que pasan por esos momentos? De­ nitivamente sí. Dios tenía predestinado algo para mí. Cuando pensé que en mi casa iba a ser una clínica dije que sí, en esta casa yo me drogaba, en esta casa pase momentos sumamente difíciles, aquí estuve a punto de quitarme la vida. Todos los cuartos de este lugar estaban llenos de alfombras y las quemaba. Hacía agujeros porque veía al diablo. Fue algo muy triste y doloroso para mi, pero mucho más para mi esposa y mis hijos que les tocó un in­fierno. Fueron momentos tan difíciles en los que yo solo quería morirme. Día tras día me la pasaba drogándome y tomando, pero estaba predestinado esto, algo bueno. Ahora es una casa de vida, adonde llegan personas sumamente lastimadas físicamente, moralmente deshechas, y yo puedo ayudarlas.

"Día tras día me la pasaba drogándome y tomando, pero estaba predestinado esto, algo bueno”


Cuando escuchas que eres el mejor peleador mexicano de todos los tiempos ¿qué pasa por tu mente?

Voy a ser sincero, con mucho respeto, no hay una sola persona en el mundo y en México que no me diga que soy el mejor boxeador mexicano de todos los tiempos, pero con todo respeto, no me considero así. Yo creo que cada mexicano ha sido grande en su época. Afortunadamente, gracias a Dios, pues a mí me tocó vivir una época difícil pero muy buena. Si es por los récords, en de­finitiva, a la mejor sí puedo serlo, pero como peleador no me considero el mejor porque he visto tanto y tan buenos que la verdad y mejores que yo que la verdad me quedo asombrado. Estuviste rodeado por gente que en algún momento enfrentaste o que estuvieron a tu lado, como Laporte, Castillo, Don King o el Azabache, ¿cómo los ves ahora? Pues los veo más viejos, igual que yo. Pero la verdad estoy muy contento, como muchos saben arriba del ring somos enemigos, pues queremos ganar, no queremos perder, pero abajo seguimos siendo buenos amigos. Obviamente, esto no pasa con todos, pues hay peleadores que te ofenden, no por encimita, te recuerdan a tu mamá, a la familia y eso deja un sentimiento.

Antes peleabas solo por una bandera, ahora dos estados se pelean por tus orígenes, ¿cómo lo ves?

Yo nací en Sonora, soy sonorense. Nunca voy a negar la cruz de mi parroquia, pero por cuestiones del destino del trabajo de mi padre me vine a Culiacán desde los cuatro años, así que desde toda mi vida, imagínate, aquí en Culiacán. Aquí crecí, me forjaron, crecieron mis hijos, aquí crecí yo y la verdad me siento más sinaloense que muchos que nacieron aquí. Dicen que no es padre el que engendra, sino el que cría.

Develar una estatua no es algo sencillo, se te ha visto emocionado y nervioso, ¿a quién te gustaría dedicarle este triunfo?

Me vas a hacer llorar. Me gustaría que estuviera mi padre, que estuviera mi hermanito… pero pues ya se los llevó Dios. También me gustaría que estuviera José Sulaimán, pero son cosas que pasan en la vida. La vida tiene que seguir.

 Has hecho muchísimas cosas, has quebrado récords, ganado campeonatos, viajado, conocido a personalidades, has hecho lo que mucha gente sueña, ¿pero qué es lo que te falta por hacer, en qué sueñas ahora?

Siempre hay motivación, el ayudar a la gente. Me motiva que mis hijos estén bien, que hagan su carrera y se retiren pronto para no sufrir tanto. Espero ver crecer a mi hija Nicole, a mi nieta y, sobre todo, tener salud.