La noche perfecta de Óscar Rivera

De los 11 juegos inmaculados que se han lanzado en la historia de la Liga Mexicana, solo uno se presentó en playoffs, obra que realizó el pitcher zurdo un día como hoy hace diez años


Óscar Rivera, en su etapa con los Leones de Yucatán
Óscar Rivera, en su etapa con los Leones de Yucatán (Archivo La Afición)

CIUDAD DE MÉXICO

Era el séptimo y defi­nitivo encuentro de la primera ronda de los playoffs del 2005 y los Leones de Yucatán le dieron la bola al joven de 23 años, Óscar Rivera, para que iniciara ese encuentro. En su quinta temporada en LMB, el sonorense tenía el paquete de enfrentar como local a los Guerreros de Oaxaca para buscar el pase a la siguiente ronda y esa noche del 7 de agosto el zurdo respondió con el único juego perfecto que se tirado en postemporada en la historia de la Liga Mexicana.

“Tengo muy presentes los recuerdos de ese juego, recuerdo cada instante, cada momento. Me sé el line up que teníamos nosotros, el line up de los Guerreros, es algo sumamente importante que me dejará marcado toda la vida”, recuerda Rivera, quien en 2015 forma parte de los Del­nes de Ciudad del Carmen. “Todavía algunos días llego a ver ese juego otra vez para recordar lo que fue esa noche tan distinta, me vienen muchos recuerdos que me emocionan todavía. En ocasiones todavía no puedo creer lo que sucedió”.

Rivera concluyó la temporada regular de 2005 con marca de 7-6 y Yucatán fue el tercer sitio de la Zona Sur y le tocó abrir en playoffs frente a Oaxaca. En los dos choques iniciales en Mérida dividieron triunfos y Rivera fue el ganador del tercer duelo (primero en la casa de los Guerreros). La serie volvió al parque Kukulcán 3-2 a favor de los oaxaqueños, por lo que los locales ya no tenían margen de error. El sexto choque lo ganaron 1-0 para enfrentar el duelo defi­nitivo.

“Un día antes el pitcher de los Guerreros (Horacio Estrada) nos estaba tirando sin hit. Estábamos 0-0 en ese juego y creo que ya rondaba algo por ahí con eso. Un día antes se había empatado la serie y nos tuvimos que ir al séptimo juego”, recordó Óscar. “Ese día (7 de agosto) transcurrió normal para mí, levantándome con actitud positiva como siempre porque era un juego de­nitorio para seguir adelante en esos playoffs”.

 ¿En qué momento te diste cuenta de lo que estabas haciendo?

 En la quinta entrada, pero sabía que todavía falta la mitad del juego y todo podía pasar, y más tratándose de un rival tan duro como lo era Oaxaca. Sabía lo que estaba haciendo pero cuando regresaba al montículo simplemente quería ayudar al equipo a ganar, era lo único que tenía en mente, tratar de que me hicieran la menor cantidad de carreras posibles, eso era lo que pensaba

¿Cómo enfrentaste la presión conforme fue avanzando el juego?

 La presión existió sobre todo a partir de esa octava entrada porque sabía lo cerca que estaba y los gritos de la a­fición eran más grandes. Llegué al dugout y lo que hice fue llegar a sentarme otra vez pero ahora volteé a ver la pizarra. Sabía que me faltaba una entrada y lo que estaba como preocupación era el controlar mis nervios, porque apenas tenía 23 años y estaba en playoffs frente a una situación muy grande, no quería presionarme, eso era todo.

Es común que cuando alguien está tirando un juego sin hit o un perfecto nadie se le acerca en el dugout, ¿qué pasó contigo?

De plano me dejaron solo. Yo estaba sentado solo en un rincón del dugout mientras mis compañeros estaban enfrente viendo el juego. Cuando caía el tercer out ellos me volteaban a ver y lo que hacía era actuar normal, como en otra salida, porque lo que quería era no ponerme nervioso de más y eso fue lo que logré.

Sacaste los dos primeros outs de forma rápida y llegó el turno de José Montenegro, el que sería el out 27, y lo llevaste a cuenta llena, ¿cómo estuvo ese turno?

El ­final no fue nada fácil porque con él llegué a cuenta llena y todo se hizo más grande, eso hizo que me llegaran muchos nervios en ese momento. En conteo de 3-1 hizo un reclamo al strike que le marcaron, no le pareció lo que había hecho el umpire y así llegamos al último pitcheo. Sabiendo que había llegado tan lejos tiré otra vez por la zona y ahí todo cambió. En cuanto el umpire cantó el ponche se fueron todos los nervios y Héctor Castañeda (catcher) corrió a abrazarme.