El lanzador que paraliza al pueblo

Las gorras de beisbol se ven al por mayor  y sobra quién traiga una camiseta con el apellido González plasmado en la espalda.

Por las calles el ambiente es el mismo, las gorras de beisbol se ven al por mayor  y sobra quién traiga una camiseta con el apellido González plasmado en la espalda.
Por las calles el ambiente es el mismo, las gorras de beisbol se ven al por mayor y sobra quién traiga una camiseta con el apellido González plasmado en la espalda. (Nacho Reyes)

Guadalajara

Es sábado y en Chicago hay beisbol, juegan los Medias Blancas contra los Reales de Kansas City. Son aproximadamente 3 mil 250 kilómetros de distancia entre Jalisco e Illinois, pero con Miguel González en la lomita de los White Sox ambos estados nunca estuvieron más cerca.

Como si se tratara del efecto mariposa, el viento que se desprende de los lanzamientos del "Mariachi" tiene repercusiones en territorio jalisciense, específicamente en el pequeño pueblo de Pegueros, donde la vida parece detenerse mientras uno de sus hijos pródigos es abridor en la gran carpa.

La población de Pegueros, la cual forma parte de Tepatitlán, no sobrepasa por mucho los 4 mil habitantes. Es un sitio tan pequeño que incluso faltan señalizaciones al dirigirse hacia él, pero aún con sus reducidas dimensiones tiene lugares de sobra para rendirle culto al rey de los deportes. 

Más tarde se cantará playball en el llano, pero siendo las 14:00 horas la atracción principal en el pueblo es el juego del "Mariachi". En tiendas, restaurantes y bares no se pierde detalle de la labor del alteño; “lo está haciendo bien, pero el bateo no lo ayuda”, se analiza desde la barra cuando los Reales están arriba por uno a cero.

Por las calles el ambiente es el mismo, las gorras de beisbol se ven al por mayor  y sobra quién traiga una camiseta con el apellido González plasmado en la espalda. El dorsal 50 en las franelas y los artículos de los Orioles de Baltimore, son algo común a pesar de que Miguel ahora lance para los de Chicago.

Quien ve el juego con especial atención es José González, primo de Miguel. “La gente, todo el pueblo está con él, ya lo vieron, toda la gente está viendo el partido y apoyándolo. Es una persona muy agradable, muy noble. Cuando ha venido a Pegueros la gente se queda sorprendida. Cuando viene va al llano y lanza la primera bola, firma recuerdos y se toma fotos.

“Mucha gente me dice que no lo esperaban así, que pensaban que no los iba a saludar. Es muy respetuoso y siempre que le hablas para preguntarle algo te contesta como se debe. Es de no creerse el nivel de beisbol que tiene y cómo se porta con la gente”, comparte.

El cuarto donde José observa el juego es un homenaje a su amor por el béisbol, deporte que practica desde hace más de tres décadas. Sobre los muros de la casa se pueden ver fotografías de Miguel durante su estancia en Venados de Mazatlán y Orioles. “Ya hace falta que nos mande algo de su nuevo equipo”, dice en tono de broma mientras no despega la vista del televisor.

Ahí presentes están un sinfín de fotos amarillas de Miguel, sobresale de entre los recuerdos una franela enmarcada de los Venados de Mazatlán, “para el Club Pegueros, con mucho cariño de su amigo”, dice la inscripción sobre la prenda.

Pasan las entradas y White Sox no puede empatar. Llega el sexto inning, parte baja, quien está al bat ahora es Lorenzo Caín. Miguel lanza y de nueva cuenta el movimiento de su brazo genera efectos a distancia, pero esta vez el resultado es negativo; Caín conecta un tablazo que la saca del parque y esto dicta sentencia al Mariachi, no hay más tiempo para él en la lomita.

De pronto el juego pierde interés, ya sin su primo en la pantalla José González parece liberado para levantarse del sillón y emitir un juicio, “hizo ocho ponches, nomás es que agarre ritmo de nuevo”. La fe sigue intacta.

Hace ya rato se cantó playball en el Cellular Field, pero siendo las 16:00 horas la atracción principal en el pueblo es el juego en el llano junto al lienzo charro. Las tiendas, restaurantes y bares cambian de canal. Sin Miguel en la lomita, Chicago vuelve a estar tan lejos como siempre.

El campeón lo extraña
 
Los Venados de Mazatlán no ocultan su satisfacción por ver a Miguel González en la Gran Carpa. La novena campeona de la Serie del Caribe 2016, quien tiene una relación cercana con el jalisciense, aseguro que el serpentinero tiene las puertas abiertas para volver cuando guste a la lomita del Teodoro Mariscal.
 
“Para nosotros es un honor el contar dentro de nuestro roster con una persona de ese nivel. Temporada tras temporada lo invitamos a que reporte con nosotros, sin embargo entendemos muy bien los intereses que hay en Grandes Ligas. Para nosotros sería un placer tenerlo en nuestra Liga”, compartió Ismael Barros, presidente del club rojo.
 
Añoran verlo en una serie mundial 

La llegada de Miguel González a los White Sox de Chicago ha causado revuelo en territorio tapatío. Por lo menos en Charros de Jalisco aplauden que el “Mariachi” tenga una nueva oportunidad en el mejor béisbol del mundo.
 
Armando Navarro, presidente de la novena blanquiazul, no ocultó su emoción por esta nueva etapa de “su paisano” y señaló que le encantaría verlo en una serie mundial en contra de los Cubs de Chicago. 
 
“Por la edad de  Miguel (32) y por las facultades que tiene  no tengo duda de que con los White Sox va a hacer una gran temporada, sobre todo porque el equipo lo está haciendo muy bien y está peleando el liderato. Ojalá viéramos al Mariachi en una serie mundial contra los Cubs de Chicago, una serie mundial entre dos de Chicago”, compartió el mandamás de Charros.
 
Aunque su paso ha sido vacilante en los últimos juegos, los White Sox de Chicago conservan la punta del standing de la división central de la Major League Baseball  (MLB).