¿Los Zzzzpurs? Ofrezco una disculpa

El equipo de San Antonio tiene que batallar con la etiqueta de aburrido, pero el temple mostrado en los dos juegos en Miami puede cambiar la opinión de muchos

Danny Green y Tim Duncan
Danny Green y Tim Duncan (AFP)

Ciudad de México

En años recientes mucho se ha discutido sobre la identidad de los Spurs. Existen, básicamente dos facciones enfrentadas, siendo la más popular aquella que los califica como aburridos, grises y opacos, mientras que una segunda, menos vocal, alaba las virtudes del juego en equipo, del que se sacrifica y valora las virtudes del trabajo en equipo.

Tengo que confesar, que siempre he sido de aquellos que se suscriben a la primera.

Algo en la tranquilidad estoica de Tim Duncan y la disciplina con la que Greg Popovich dirige un barco que nunca permitirá que se muestre el menor rastro de disidencia, me irrita sobremanera.

Nadie quiere ver ganar a Spock, uno apoya al Capitán Kirk. La gran mayoría de los fanáticos del tenis amaban a Andre Agassi aún cuando era Sampras quien constantemente terminaba con los títulos.

Los Spurs juegan probablemente en una de las ciudades menos interesantes de los Estados Unidos, San Antonio, Texas, meca cuyo principal atracción sea un paseo del río y el sitio de la batalla del Alamo, muy alejado de la metrópoli cosmopolita de Nueva York o el asoleado optimismo del Los Angeles de Randy Newman. Y que decir de la mescolanza de culturas y gente hermosa que vive en Miami.

Miami, donde juega el Heat, equipo favorito para llevarse las finales en la opinión de un gran número de expertos, además de un servidor.

¿Cómo no podía ganar Miami? A diferencia del año pasado, el equipo contaba con un Dwyane Wade saludable y lo débil de la conferencia del Este les había permitido llegar a la última serie relativamente descansados. Esta era la oportunidad perfecta para la coronación de una de las dinastías más poderosas del basketball, comandada por uno de los mejores jugadores en la historia.

Entonces ¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo explicar este debacle? Sencillo: El juego en equipo pasó. 

Y no es desde que los Detroit Pistons del 2004 dieron la campanada contra aquellos Lakers comandados por Shaq y Kobe y complementados por Karl Malone y Gary Payton, que presenciábamos una demostración colectiva tan inspirada.

Los Spurs tienen un entendimiento colectivo superdotado de los ángulos y el espaciamiento en la cancha. Es como si fueran una especie enjambre que comparte una mente y que entiende la importancia de su posición individual y movimiento en el ardid de las cosas.

El balón está en constante movimiento, con un ritmo inusitado en la duela, con una agilidad que parece imitar las peripecias aéreas de Manu Ginobili o las coladas desgarradoras de Parker. No sólo es que el conjunto sea más grande que la suma de las partes, sino que refleja un poco de la personalidad de cada una de ellas, sea la inspirada defensa de Kawhi Leonard, el temple distante de Duncan o el instinto asesino de Popovich.

Cuando están en sincronía, parecen superar en número como los guerreros de Terracota de Xian (“¡Igualitos!”), te intimidan y te dejan sin aliento y alma. Como le ha pasado el Heat en dos juegos seguidos.

Se ve complicado un regreso del Heat – ningún equipo se ha levantado en la historia de la NBA de una desventaja de 3 reveses contra una victoria, pero siempre existe una primera vez. Aunque se vea difícil contra estos Spurs, no importa que tan aburridos nos parezcan a muchos de nosotros.

@chemasolari