Los campeones ninguneados de Serbia

El serbio Dusan Domovic Bulut, número uno del ranking de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) durante la mayor parte de los últimos tres años, desprecia el desprecio y ahora juega junto con sus otros tres compañeros

 Domovic Bulut y sus amigos
Domovic Bulut y sus amigos (DPA )

NOVI SAD

Serbia se considera a sí misma una tierra de baloncesto, pero el mejor jugador del mundo en la modalidad de tres contra tres y su equipo sobreviven por su cuenta sin ayudas estatales mientras ganan torneos alrededor del globo.

El serbio Dusan Domovic Bulut, número uno del ranking de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) durante la mayor parte de los últimos tres años, desprecia el desprecio y ahora juega junto con sus otros tres compañeros bajo la bandera del Al Wahda, un club deportivo de los Emiratos Árabes.

"Con el patrocinio de Al Wahda, por fin podemos centrarnos en entrenar y jugar, en lugar de andar luchando por dinero", afirmó Bulut, líder del equipo.

Bulut formó equipo con dos amigos de la infancia del barrio de Liman en Novi Sad, Marko Savic y Marko Zdero, y con el tirador Dejan Majstorovic. Los cuatro juntos ocupan posiciones destacadas en el quién es quién del baloncesto a media cancha, una emergente modalidad que la FIBA quiere incluir en los Juegos Olímpicos de 2020.

El juego es la versión urbana del baloncesto, algo así como un "spin off" comparable, por ejemplo, a la diferencia entre el voleibol y el voley playa, convertido en deporte olímpico hace 20 años. Al igual que en el ranking de tenis, los puntos ganados se acumulan durante un año, después se pierden.

Mientras que en el baloncesto normal los equipos son de cinco jugadores y siete sustitutos y recorren un campo completo con dos canastas enfrentadas en los extremos, en el 3x3 hay tres jugadores más un sustituto que compiten en medio campo bajo una única canasta.

Un partido de estas características dura 10 minutos de acción incesante marcada por unas reglas que incluyen poca piedad, 12 segundos de posesión de la pelota y el objetivo de llegar a 21 puntos.

Los torneos tienen lugar durante todo el calendario. El equipo Novi Sad Al Wahda entrena y compite durante 50 semanas al año, y hay unos 100.000 jugadores inscritos en todo el globo.

La máxima competición es el World Tour, que enfrenta a lo más selecto de esta disciplina. Los premios por ganar el torneo alcanzan los 30.000 dólares y siempre hay grandes patrocinadores al acecho.

El equipo de Novi Sad está patrocinado por Red Bull, que los incluyó en su lista de atletas de élite.

"Estamos donde queremos estar, en la cima. Ahora tenemos que mantenernos ahí y luchar por una medalla olímpica", afirmó Bulut.

Hace un año parecía que la disciplina podría incluirse en los Juegos de Río, pero la esperanza se desvaneció. Para el Novi Sad, Tokio es la última oportunidad, ya que los cuatro jugadores rondan la treintena.

"Todo depende mucho de los Juegos Olímpicos de 2020", reconoce. "Eso traería mucha más atención, muchos más patrocinadores y más dinero. Y entonces, con esa gran base y la imagen del 3x3 como un deporte urbano que conecta con la cultura de la calle, podríamos hacer realmente algo".

En otras palabras, los Juegos Olímpicos podrían abrir la puerta a jugadores de élite para poder mantenerse activos tras el retiro de la cancha como entrenadores, promotores, organizadores y demás.

La última incorporación del equipo, Majstorovic, opina sin embargo que, a pesar de los premios, la falta de apoyo en Serbia desmotiva a muchos profesionales para atreverse a dedicarse a la disciplina.

"Cuando Bulut me invitó para unirme al equipo en 2014, yo jugaba al baloncesto profesional en Hungría y rechacé la oferta", reconoce.

Su salario entonces era de "1.500 euros, un piso y dos comidas al día. Lo suficiente para poder ayudar a mi gente en casa", relata. El sueldo medio en Serbia ronda los 300 euros al mes.

"Entonces mi equipo me despidió, algo que finalmente fue un favor", reconoce Majstorovic. "Le pregunté a Bulut si la oferta seguía en pie y me dijo que sí, pero que tenía que comprarme los billetes para ir a un torneo en Moscú".

Y entonces hizo lo que siempre hacía el equipo antes de comenzar a recibir dinero de patrocinios: acosaba a los dueños de cafeterías o negocios de Banovci en busca de una pequeña cantidad. "Cien euros por aquí, 200 por allá...". Y así consiguió llegar a Moscú, donde Novi Sad ganó el torneo que suspuso el comienzo de su dominio actual.

Majstorovic encajó en el equipo. Su altura y su velocidad, así como sus constantes lanzamientos desde larga distancia diversificaron la capacidad ofensiva del equipo y abrieron las defensas rivales, que daban así más espacio a Bulut y Savic.

Participaron en cuatro de los seis eventos del World Tour de 2015, y ganaron dos de ellos. También ganaron la final del circuito en octubre en Abu Dhabi, su hogar de acogida, y el All Star celebrado en diciembre en Qatar.

El logro llamó la atención en Serbia también. La Federación Serbia de Baloncesto reconoció la aportación de Bulut al desarrollo del deporte, pero no ofreció ninguna ayuda.

A pesar del esfuerzo que tuvieron que hacer para conservar el nombre Novi Sad en el equipo, ni el estado ni la ciudad ayudan de ninguna manera.

En invierno, el equipo entrena junto a un equipo de atletismo por las mañanas y en un pequeño gimnasio de baloncesto por las noches. Ambos sitios son cortesía, en ningún caso ayuda.

"Ganamos torneos oficiales de la FIBA y cada victoria te califica para recibir ayuda del gobierno, pero no estamos recibiendo nada", lamenta Savic. "Nos dan muchos apretones de mano, sin embargo".

Cuando el tiempo acompaña, entrenan al aire libre, pero ni siquiera esa es una operación sencilla.

En abril del 2015, una policía los detuvo mientras entrenaban, suceso del que los medios se hicieron eco. "Campeones mundiales arrestados por entrenar", titularon. "Pensaba que eramos matones", contó Bulut.