El milagro de George

Ocho meses después de sufrir una fractura expuesta, el delantero de los Pacers volvió a las duelas, y en la actual temporada está entregando la mejor de toda su carrera

Paul George con Indiana Pacers
Paul George con Indiana Pacers (Reuters )

Ciudad de México

Fractura expuesta de tibia y fíbula en la pierna derecha, el hueso cortando la piel, una lesión habitual en accidentes de auto o caídas a grandes alturas, pero no en una cancha de basquetbol. Fue la que sufrió Paul George el 1 de agosto de 2014, durante un tryout del equipo de Estados Unidos y parece un verdadero milagro que antes de que finalizara la campaña anterior, 2014-15, ya pudiera jugar y que en esta haya recuperado ya su estatura de superestrella.

Antes de su impactante lesión, George era un candidato a MVP cada año y su poder atlético se contemplaba en que podía clavar el balón luego de un giro de 360 grados en el aire y su don de líder (aunque le faltó experiencia en playoffs) se notó las dos veces al hilo en que cargó a los Pacers a la Final del Este.

Tras la lesión, por su gravedad, podía aventurarse que si George regresaba a las duelas alguna vez, no volvería a ser el mismo ni por asomo. Tras romperse la pierna contra el soporte del tablero, donde se pudo ver a algunos de sus compañeros llorando y rezando, George simplemente dijo que había sido una: "rara lesión" y le quitó importancia a uno de los instantes más espeluznantes que hayan ocurrido en una duela y prometió, lleno de entusiasmo y con una sonrisa, desde el hospital, que volvería.

Ocho meses después, volvió a las duelas NBA. Fue el 5 de abril de 2015, jugó 14 minutos y anotó 13 puntos desde la banca, en lo que parecía un milagro médico digno de serie de televisión. George volvió por su propia insistencia, en una campaña en que ya no tenían posibilidad siquiera de playoffs y ayudó a los Pacers a finalizar el año 6-1, seis de esas victorias al hilo, con George promediando 8.8 tantos.

Alentador, pero nadie en su sano juicio hubiera esperado lo de esta campaña. El delantero es un seguro candidato a Jugador Más Valioso y Jugador con Más Progreso de una temporada a otra (por segunda vez en su carrera), con su mejor año profesional, promedia 23.9 puntos, 7.4 rebotes, cuatro asistencias y dos robos por juego, y su liderazgo razgo tiene a los Pacers en este momento en sexto lugar de la Conferencia Este. Lo hace tras un año en que el conjunto perdió a sus puntales David West (San Antonio) y Roy Hibbert (Lakers), el equipo estuvo a punto de apretar el botón de la reconstrucción luego del decepcionante 2014-15. Tras llegar dos veces consecutivas a las Finales de la Conferencia.

Pero George dio señales de mejora y Larry Bird, el presidente del equipo, trajo ayuda ofensiva en el escolta Monta Ellis, proveniente de Dallas y relevos en posiblemente su última oportunidad en NBA, como el guardia Rodney Stuckey y el delantero Chase Budinger conforman un grupo que aún practica una de las defensivas más fuertes de la Liga, sello personal del coach Frank Vogel.

Indiana ha reaparecido para convertir a la División Central en una batalla, coincidiendo con el resurgimiento de Detroit y la habitual pelea entre Cleveland y Chicago; y es en gran parte gracias a la mejoría de George, que aunque no ha intentado clavarla con giro de 360 grados todavía, ya dio muestras de que ese hueso de su pierna ya soldó y no ha perdido su habilidad para atacar el aro y defender, lo que lo colocó en el equipo ideal defensivo en 2013-14.

El caso de Paul George se puede unir desde ya al de Adrian Peterson, el corredor de los Vikingos de Minnesota, como una de las historias más alentadoras e increíbles del deporte, una que no hubiera sido posible sin el predominio de los adelantos médicos y el tezón. George será titular por el equipo del Este en su tercer Juego de Estrellas este 14 de febrero en Toronto, testimonio de un regreso completo.