Oklahoma City ganó reputación al acabar con Spurs

La forma en que Russell Westbrook y Kevin Durant lograron victimar al favorito para enfrentar a los Warriors, señala un nuevo momento para la franquicia

Ciudad de México

No bien se terminaron los emotivos abrazos a Tim Duncan en el que pudo ser su último partido de una ilustre carrera de 19 años, los preparativos para la Final del Oeste contra Golden State comenzaron a operarse en la mente del coach de primer año en la NBA (aunque leyenda del nivel colegial), Billy Donovan.

Los Warriors, sin sorpresa, son favoritos en un 71 por ciento para derrotar al Thunder, pero la guinda que se guardan los de Oklahoma City es que no son el mismo conjunto que cayó derrotado en tres de tres partidos de campaña regular ante el campeón defensor.

El Thunder, que tiene el poder atlético más dominante de la NBA ahora cree que puede ganarle a cualquiera, tras hacer pedazos al segundo mejor conjunto en la Liga. Es el cambio que se operó en el Thunder, que pasó de empezar los partidos con la sensación de lo inevitable rondándoles, a entender que tienen un sistema y personal como para orillar a cualquier equipo a la desesperación. El Thunder puede ser una cámara de tortura.

¿Qué era lo que se hubiera esperado de ellos?, una autodecapitación; con malos intentos de tiro de Russell Westbrook, más pérdidas de balón zopencas que reflejan falta de plan de juego, falta de ejecución en jugadas tras tiempo extra e inmadurez y frustración, lo que los ha finiquitado en las pasadas tres Finales del Oeste que han disputado 2011, 2012 y 2014.

En lugar de ello, en el comienzo del Juego 5 ante San Antonio, pudo verse la actitud tremenda de un bully ante un equipo de experiencia y talento, mejor sistema y ejecución como son los Spurs. Pero que no contaba con la velocidad y dominio de por lo menos ocho súper atletas en la rotación.

Y en esa imagen que ilustra más que mil palabras, Steven Adams, el centro titular del Thunder, hombre musculoso, con tatuajes y bigotes intimidantes, sabía que Duncan no funcionaba en la serie gracias a él y su marca opresiva, y entendiendo eso iba y le aventaba el pecho y buscaba el contacto. Intimidar a la leyenda con su físico era su objetivo.

Ese es lenguaje de batalla, de pelea en un callejón y ese cuadro alto le da al Thunder por fin una defensiva capaz de desgastar al rival para dejar operar la ofensiva de Westbrook y Durant.

El Thunder ya ha adquirido mentalidad de un granuja que asalta y luego pregunta. Ahora, no importa que Golden State tenga a esos brillantes Splash Brothers, Stephen Curry y Klay Thompson y a ese enforcer y guarda espaldas rijoso llamado Draymond Green, el Thunder puede darles una tunda física y debilitarlos.

OKC ha entendido que su poder es la intimidación, de Westbrook, Kevin Durant, Serge Ibaka tirando triples, Enes Kanter recogiendo la basura y colocándola en la cesta y el sorpresivo Dion Waiters, con esas penetraciones de fuerza y triples inesperados, mientras que Andre Roberson por fin luce como un digno sustituto de lo que hacía para ellos Thabo Sefolosha hace algunos años.

Si en campaña regular los Warriors hicieron una fiesta cada que enfrentaron al Thunder, en las finales del Oeste van a sufrir, porque más allá de que en resumen los de Oakland sigan teniendo un talento capaz de zanjar el compromiso y avanzar, la clase de equipo en que ya se convirtió el Thunder, deja cicatrices y en ocasiones, heridas expuestas.