A ras de duela

Aquí te dejamos la opinión de Jesús Serrano sobre el partido de la selección mexicana frente a Lituania en el Mundial de Basquetbol 

Gustavo Ayón, pivot de la selección mexicana
Gustavo Ayón, pivot de la selección mexicana (EFE)

Ciudad de México

Lecciones y más lecciones

El partido de México contra Lituania demostró que el baloncesto sigue siendo un deporte de hombres altos. O que al menos éstos tienen la vida menos complicada. Por supuesto reluce de inmediato la estadística de porcentaje de triples de los lituanos: un escalofriante 55% por ciento de efectividad, que de hecho era 59% minutos antes del final en que derrotaron 87 a 74 a México.

Pero a todas luces esa parece ser la enfermedad y no el origen del padecimiento. El epicentro de la peste que azotó a México puede rastrearse a la falta de hombres altos para contener el estudiado juego de media duela de los medallistas de bronce el pasado Mundial.

Podría resultar por igual frustrante y alentadora la primera mitad que jugó nuestra selección, con jugadas por nota que mantuvieron al rival sobre sus talones en un juego en que la potencia europea tenía que ingeniarse cada respuesta, sobre todo con México haciendo estragos por medio de su cuadro bajo: tan solo la dupla de Francisco Cruz y Jorge Gutiérrez tuvo 21 puntos en ese primer parcial y Cruz, finalizaría como el líder anotador mexicano con 21 tantos.

Lo frustrante es que mientras México coló jugadas de diseño con tres pases antes de la descarga a media y larga distancia y algunas con gran arte bajo el aro, luciendo con una ofensiva lista para cambiar el curso de la marea, Lituania simplemente seguía el baloncesto más elemental: el arrojar el balón a sus centros Jonas Valanciunas y Donatas Motiejunas; en argot basquetbolero: sabían que ahí estaba el pan y que aventar la lámina bastaba.

Es como esa metáfora en la que el depredador huele sangre y sabe que si sigue todo el tiempo sobre esa herida, tarde o temprano doblegará a su presa. El coach de Lituania, Jonas Kazlauskas utilizaba todas esas jugadas de libro de texto para abrir el espacio a sus tiradores perimetrales.

Las dos faltas que obligaron a que Gustavo Ayón fuera a la banca fueron muy reveladoras. La segunda la cometió intentando dar una falta al poste lituano cuando éste ya estaba sobre el aro y era inútil pararle. Es desesperante cuando el juego, sean reglas NBA o FIBA, el rival tiene un rango de acción tan cercano al aro; después de todo el ideal de todo coach siempre ha sido que su equipo consiga los puntos fáciles, bajo la canasta, el tiro de alta probabilidad.

El caso es que Ayón fue a la banca y las dos veces resultó costoso. Porque fue el momento en Kazlauskas utilizó otra técnica esencial contra un rival sin postes competentes para resguardar la llave: el pase y corte al hombre que cortaba directo bajo la canasta de México, aprovechando que esa defensa estaba haciendo agua, era pasmoso lo fácil que conseguían tantos los del mar Báltico.

De la banca se levantaron Adrián Zamora y con Héctor Hernández tratando de representar un falso poste (a Lituania no le tomamos el pelo), nada pudieron hacer, Lituania sabía que si buscaba la canasta de fuerza bajo el aro la obtendría y ese es un terrible problema para cualquier equipo. La ventaja de México tras el primer cuarto de 27-21 era tan engañosa por esa razón.

Cambia el rumbo, segundo cuarto

Todo mundo en el baloncesto sabe que cuando una defensiva ya comienza a doble marcar a los postes del adversario, ha llegado el momento de sacar el balón. Y doble marcar es lo que hizo México en el segundo parcial, desesperado en encontrar una solución a la sangría bajo el aro, era demasiado fácil para Lituania conseguir canastas que al otro costado le costaban a los nacionales en demasía.

El primer viso de la avalancha que se venía la dio Simas Jasaitis, un solitario triple desde el centro. Luego otro de Ksistof Lavrinovic que le dio la vuelta al juego 34-32, en total cuatro bombas de tres en ese parcial que Lituania ganó 23-14. Lo peor para el cuadro nacional era ver que Lituania se había repuesto de la sorpresa inicial y había logrado terminar arriba la primera mitad 45-41.

Un viso de genialidad

Podrá decirse lo que se quiera del poderío lituano, pero por toda su meticulosidad en planear la ofensiva y desgastar a un rival que no tenía cómo enfrentarle en varios aspectos del juego, el inicio de México en el tercer cuarto fue algo que pudo destruirlos por completo. Un equipo con mayores recursos los hubiera regurgitado.

Fueron cuatro pérdidas de balón que pusieron a Gutiérrez sobre la asignatura que mejor domina: el rompimiento rápido y luego de que México empatara y pasara adelante por 51-47 con una colada de Gutiérrez, obligó a Lituania a pedir un tiempo fuera. Era simplemente aquello que no estaba en el libreto, una anomalía (para ellos) una forma inesperada con el que un juego de media duela mortal queda hecho añicos: velocidad y decisiones precisas.

Pero el regreso de Lituania resolvió el dilema que les presentó Gutiérrez doble marcándolo y luego cuando Paul Stoll intentó hacer un impacto con velocidad le recetaron la misma estrategia: ahogar al origen del flujo mexicano. El final del tercer periodo fue en muchos sentidos el final de las oportunidades de México también, una colada de Renaldas Seibutis para colocar el marcador 59-53 fue seguida por una violación de cinco segundos de "Virito" Hernández. Seibutis se pegaría en el pecho como en ese acto de decir: "los tenemos". Y la verdad nos tenían.

Un triple y dos clavadas de Motiejunas llevaron la diferencia 67-53 tras de tres periodos. México consiguió acercarse a 10 con 1:17 por jugar, pero los milagros andaban escasos en la Gran Canaria ese sábado.

El primer compromiso de México en un Mundial en 40 años, ante un rival europeo resultó en la confirmación de que nuestro país debe perseguir como agua de mayo el desarrollo de hombres altos para acelerar su enorme potencial, sin ellos, equipos como Lituania jugarán a sus anchas, sabiendo que pueden obtener cuantos puntos busquen en la pintura para posteriormente recetarnos esos devastadores 11 de 20 en triples.

Instantes para soñar en un mejor futuro, el colocar a una potencia como Lituania contra la pared al inicio del tercer cuarto, no una muestra de debilidad de ellos sino de genialidad de los nuestros.

El siguiente rival, hoy, Eslovenia, promete ser otra prueba avanzada para México y en cómo contener las penetraciones del bólido Goran Dragic se irá la noche en vela de Sergio Valdeolmillos.