LeBron y el Heat, sentados bajo las sombras de gigantes

¿LeBron se unió a Wade y Bosh para ganar un campeonato? Nunca viste a Jordan llamar a Magic y Bird para obtener su anillo

Lebron James y algunos miembros del Miami Heat
Lebron James y algunos miembros del Miami Heat (Reuters)

CIUDAD DE MÉXICO

Probablemente la razón por la que Michael Jordan sea considerado de manera unánime el mejor jugador de la historia del basquetbol y uno de los cinco más grandes representantes de cualquier deporte, sea el enfoque asesino con el que se conducía. Y esto no sólo fue en la duela, sino en prácticamente todos los terrenos que existen registros de él, sea el campo de golf, los juegos de poker en los aviones e incluso en toda clase de asuntos de índole personal para el cual este no es el espacio indicado para discutir.

Para exponerlo en términos prácticos, si a Jordan le hubieras dicho que tenía que empujar a Phil Jackson para ganar un juego, el ahora ejecutivo de los Knicks probablemente estaría en el suelo antes de que terminaras la frase. Su espíritu de competencia no conocía límites, rayando en los extremos más enfermizos.

Entra LeBron James, quien desde la preparatoria ha vivido bajo la sombra del legendario 23. No ayudó la desatinada selección de utilizar el mismo número durante sus años en St. Vincent-St. Mary y en sus primeros años en los Cavs de Cleveland.

Nunca nada que haga LeBron será suficiente ante la prejuiciosa mirada de prensa y fanáticos.

¿LeBron se unió a Wade y Bosh para ganar un campeonato? Nunca viste a Jordan llamar a Magic y Bird para obtener su anillo. ¿James necesitó siete juegos para ganar las finales? MJ nunca jugó en este mismo escenario más allá de un juego 6. ¿LBJ tuvo que salir por calambres? Michael jugó con una infección estomacal, anotó 38 puntos y salvó a un orfanato de un incendio. ¿La estrella de Miami busca su primer threepeat? El capitán de los Bulls los llevó a dos threepeats y en el inter salvó a la tierra junto a los Looney Tunes.

Después del escrutinio que vino después de la lesión en el primer juego de las finales, LeBron calló a los críticos en la tonada de 35 puntos, 10 rebotes, 3 asistencias y 2 robos, todo mientras que dividía sus asignaciones defensivas entre Tony Parker, Tim Duncan y Kawhi Leonard.

Los Spurs jugaron como una unidad cohesiva, latigueando pases precisos, haciendo cortes preciosos y jugando defensa inteligente. No importó. LeBron con algunas colaboraciones en el costado ofensivo de parte de Bosh y Rashard Lewis y otras tantas en el costado defensivo de parte de Chris Andersen guió a su equipo a una importante victoria con la que robó la ventaja de casa.

Pero aún así, leyendo las reacciones en twitter, parecía que no era suficiente. James, quien en una entrevista televisiva el pasado viernes aseveró que es el blanco más fácil en todos los deportes había cometido el pecado capital más imperdonable para el fanático: No es Jordan.

La cosa es, que nadie nunca será Jordan. Nunca volveremos a ver a otros Beatles, a otro Albert Einstein, William Shakespeare o Muhammad Ali. Pero... ¿Acaso importa?

¿A qué obedece nuestra necedad de imponer estos estándares tan absurdamente altos y sólo celebrar a estos?

Disfruten a LeBron. Y ya que estamos ahí, también a Duncan. Y a Gregg Popovich, probablemente el mejor coach de la historia. A Manu, el mejor sudamericano en la historia de la NBA o a Parker, el mejor francés.

Hay excelencia en donde quiera que miremos. El percibirla, depende de los ojos de quien la mira.


Twitter:  @chemasolari