En la epidemia Warrior

El estilo con el que Golden State conquistó su primer título en 40 años se ha convertido en el nuevo modelo de franquicia a seguir por varios equipos

Stephen Curry
Stephen Curry (Reuters )

Ciudad de México

Lo del título de los Warriors al final sí rompió paradigmas. Es como si la historia del juego, de lo que intentaron por lustros los equipos de "ofensiva alegre", como los Suns de Phoenix y los Mavericks de Dallas, por fi n se hubiera cristalizado en una suerte de hoja de ruta para las franquicias que quieren moldear un futuro contendiente.

El título de Golden State, en ese sentido, ejemplificó a un equipo que, en un hecho sin paralelo, tiene la mejor ofensiva y la mejor defensiva, que puede pelear en todos los frentes, no solo por medio de la tendencia imperante en la Liga, el llamado small ball (alineación baja y rápida), sino capaz de pelear y hundir a equipos con centros y delanteros dominantes, como los Grizzlies de Memphis de Marc Gasol y Zach Randolph, por ejemplo.

110 PUNTOS por juego de los Warriors en 2014-15; de sus imitadores quien más se acercó a esa cifra fue Boston, con 101.4.

Con el objetivo de seguir esa tendencia, equipos como Kings de Sacramento, Celtics de Boston, Pelicans de Nueva Orleans y Timberwolves de Minnesota pretenden trabajar los fundamentos de franquicia enseñados a la NBA y al resto del mundo por los Spurs de San Antonio, pero llevados al otro nivel por Steve Kerr (para el caso, discípulo del coach Gregg Popovich de los Spurs) y los Warriors.

Así, la marca del juego de estos equipos acostumbrados al sótano de la Liga es el juego de rompimiento rápido, los esquemas de rotación de balón y con múltiples armas en el perímetro de la línea de tres, lo que se llama una ofensiva de flujo de balón.

Sin embargo, un sistema puede ser muy exitoso por su audacia, pero como quedó evidenciado el año pasado con los Knicks de Nueva York, que se empecinaron en instaurar el sistema de triple poste de Tex Winter, que le dio nueve títulos a Phil Jackson. Los Knicks finalizaron 17-65, últimos de la división Atlántico y el segundo peor equipo de la NBA. Lo cual enseña que si el equipo no posee a los jugadores para llevar a cabo el sistema, es un espejismo para tontos.

Es la realidad que enfrentan los equipos que quieran seguir los pasos de los Warriors: reunir el personal técnico y humano para siquiera intentar emularlos no es labor de un año. Que la excelente rotación de balón del campeón funciona porque tienen de conductor a Stephen Curry, una especie de mejora evolutiva nada menos que de Steve Nash, dos veces MVP de la NBA.

883 TRIPLES anotaron los Warriors en la campaña 2014-15, 525 de éstos los encestaron Stephen Curry y Klay Thompson.


Que su creación de psicosis en el rival debida su abundante producción de triples, proviene de su largo trabajo seleccionando y desarrollando talento como el de Harrison Barnes, Draymond Green y Klay Thompson, jugadores poco convencionales, que además de tirar de tres con efectividad, juegan de espaldas al aro y los primeros dos pueden defender las cinco posiciones si se requiere.

Y que su defensiva es la mejor porque tiene de núcleo a Andrew Bogut (el mejor centro defensivo de la NBA) y a Andre Igoudala, un atlético delantero que puede defender bien al mejor jugador del equipo contrario. Coaches como Brad Stevens de Boston, Alvin Gentry de Nueva Orleans, George Karl de Sacramento y Flip Saunders de Minnesota son abiertos admiradores de lo que Kerr y sus coaches asistentes montaron. Incluso, los Pelicans contrataron al asistente número uno de Kerr, Gentry, algo así como el coordinador ofensivo de Kerr en el equipo campeón de 2014- 15, despidiendo sin ceremonia a Monty Williams, su anterior coach. Tal es el prestigio que le brindó el campeonato de los Warriors. Es un modelo que devolvió el éxito al baloncesto de la ciudad californiana y que es del agrado de los fanáticos. Sin embargo, los planteles de estos equipos imitadores parecen estar aún muy lejos de tener la calidad y el talento de los Warriors, y sus intentos de jugar a ese ritmo y a ese nivel de flujo de balón, en lugar de convertirse en triples que quitan el aliento y pases de antología, es más factible que se traduzcan en pérdidas de balón y pésimas selecciones de tiro.