Bosh y las piezas de dómino

Después de dos campeonatos, nueve selecciones al Juego de Estrellas, y miles de bromas a su expensa, Bosh se encuentra en una situación inusitada en su carrera: de su decisión depende todo el panorama inmediato de la NBA.

Chris Bosh
Chris Bosh (AP)

CIUDAD DE MÉXICO

Chris Bosh es la pera de boxeo de la NBA. Es, como el fallecido legendario actor de comedia, Rodney Dangerfield, blanco constante de falta de respeto.

¿Está reputación es merecida? Tal vez. Como olvidar su engreído alarde, flexionando los músculos en la presentación del trío del Heat junto a LeBron y Dwyane Wade, siendo él, cuyo perfil se encogía ante sus nuevos compañeros de equipo.

Cuando el trío llegó a Miami, LeBron era el mejor jugador de la liga, con dos títulos del Jugador Más Valioso que justificaban tal declaración, mientras que Wade ya tenía un anillo, un título como el Mejor Jugador de las Finales y otro como el mejor anotador de la liga.

¿Bosh? Chris Bosh había llevado a su equipo dos veces a su equipo, los Toronto Raptors a los playoffs, siendo eliminados en la primera ronda. Si, había sido seleccionado en cinco ocasiones al juego de las estrellas, pero difícilmente se podría referir a él como una estrella que pudiera ocupar la estratósfera de las estrellas, que habían prometido a la ciudad, no uno, ni dos, tres, cuatro, cinco o seis campeonatos, sino siete campeonatos. Uno más que el estándar de excelencia establecido por los Chicago Bulls de Michael Jordan.

Sin embargo, se puede argumentar que aún más que Wade, era Bosh el factor equis para el éxito de Miami. Si bien en las primeras finales que esta edición del Heat disputó, LeBron no jugó bien, tampoco lo hizo Bosh, a quien Dirk Nowitzki le dio una la cátedra más salvaje que una estrella le ha dado otra desde que a Jordan le salió lo medieval contra Clyde Drexler en las finales del 92 o cuando Hakeem Olajuwon le puso tremendo baile a David Robinson, que ni Baryshnikov en las finales de conferencia del este del 95.

Pero cuando uno analiza las mejores rachas del Heat, siempre encontrará que coinciden con los mejores momentos de Bosh: sean las dos finales que ganaron o aquella frenética racha de 27 juegos en el 2013.

Bosh es un jugador defensivamente infravalorado, probablemente no muy lejos de LeBron en este aspecto. Ha mejorado como pasador, aprendiendo de Wade y James y aunque díficilmente pudo mostrarlo en Miami, su juego en la pintura es sigilosamente competente. Ofensivamente, su fuerte es el tiro exterior, uno de los mejores entre los jugadores de línea frontal de la NBA y en años recientes se ha extendido incluso detrás de la línea de tres, convirtiéndolo en el delantero de poder prototipo de la nueva NBA.

Claro, también fue en la primera final que ganaron donde Bosh se tragó un pedazo confeti, lo que nos hace volver al concepto de cómo nos complica el respetarlo.

Bosh es probablemente de los jugadores más visualmente extraños en cualquier deporte: Con la probable excepción de Merton Hanks en los 49ers de los noventa, no ha habido un atleta con cuello más peculiarmente largo. A diferencia de la postura del atleta promedia, el delantero de poder de Miami jamás ha escondido sus emociones, llorando en más de una ocasión, ya sea como muestra de felicidad o frustración. Todo esto lo ha convertido en el chivo expiatorio para el fanático de ocasión y blanco fácil de todos aquellos que pueden manipular cabezas de dinosaurio o avestruz por medio de Photoshop.

Después de dos campeonatos, nueve selecciones al Juego de Estrellas, y miles de bromas a su expensa, Bosh se encuentra en una situación inusitada en su carrera: de su decisión depende todo el panorama inmediato de la NBA.

Posteriormente de que LeBron James aplicara la excepción dentro de su contrato que le concedía agencia libre, Bosh y Wade no tardaron en utilizar la misma clausula. Originalmente se pensaba que esto se hacía, en una búsqueda de mayor flexibilidad para contratar mejor talento dentro del Heat. Se habló de que bajo este esquema, Wade y Bosh tomarían menos dinero, mientras que LeBron tomaría el salario máximo permitido por la liga por primera vez en mucho tiempo. No sólo se trata de contender, sino también de mandar una declaración a toda la liga.

Sin embargo, lo que nadie contaba es que Bosh tiene fanáticos en la liga. Fanáticos dispuestos a pagarle el salario máximo. Fanáticos que cuentan con una base de talento lo suficientemente talentosa para que Bosh sea parte de un nuevo trío de estrellas, dentro de un estado que al igual que Florida, no paga impuestos sobre su salario. Esos fanáticos son los Houston Rockets,

Los mismos Houston Rockets comandados por Dwight Howard y James Harden, cuyos juegos complementan a la perfección el talento de Bosh.

Howard puede estacionarse en la pintura, mientras que Bosh puede patrullar el perímetro. ¿A quién de los dos le haces doble equipo? Misma situación con Harden, con quien puede desarrollar un juego de cortina y desmarque al que tienen Harden y Howard, con la ventaja que a diferencia del último, Bosh tiene juego exterior. En Houston jugaría para un técnico como Kevin McHale que le enseñaría a mejorar su juego de pies e interior.

Los Rockets han puesto la oferta del máximo por Bosh y el resto de las negociaciones de la liga espera su decisión. Si la toma, es probable que LeBron emigre a Cleveland y cierre ese ciclo en su narrativa. O existe la posibilidad de que LeBron se quede en el Heat y el lugar de Bosh sea ocupado por Carmelo Anthony.

Las piezas se acomodarán al momento que Bosh tome la decisión que le dará forma no sólo al resto de su carera, sino a los próximos cuatro años de contendientes de la liga.

Nada mal para alguien que se tragó un confeti.