Se estrena la Fórmula E

Al estilo de las naves de La Guerra de las Galaxias se dio la primera carrera de la Fórmula E, donde el brasileño Lucas di Grassi se llevó el primer lugar

PEKIN, China

No son los motores que hacen vibrar todo a su paso, pero también rugen. El futurista sonido de los bólidos de carreras eléctricas marcó hoy el estreno de la Fórmula E en Pekín, donde el público disfrutó de una competición de diversos incidentes técnicos y con una sorprendente lucha final que acabó en drama.

"Son como aviones". Así es como el público recibía a los monoplazas en la primera curva del circuito urbano montado en la capital china para la ocasión, a los pies de uno de los iconos de las Olimpiadas de 2008, el conocido como "Nido de Pájaro".

Allí, a unos 30 grados bajo el sol, una multitud de chinos y extranjeros celebraba el inicio de la primera competición de motores eléctricos, cuyo sonido, a 225 kilómetros por hora, hacía rememorar películas futuristas e incluso de ciencia ficción, como las naves que conducía Luke Skywalker en la famosa trilogía "Star Wars" ("La Guerra de las Galaxias").

"Está siendo mejor de lo que pensé", comentó a Efe un joven del público apellidado Zhao, apasionado desde hace años a la Fórmula Uno, y cuya afición le había llevado a comprar dos entradas para la carrera en Pekín (de coste superior a los 50 euros): una para él y otra para su madre.

A pesar de los aplausos y el vocerío inicial, el público disfrutó de una carrera, por lo general, tranquila, liderada hasta la última curva por el francés Nicolas Prost, hijo de la leyenda del motor Alain Prost, y repleta de incidentes técnicos, fruto de la falta de rodaje de este campeonato verde.

Fue el caso del italiano Jarno Trulli, quien tuvo dificultades en la salida, o el japonés Takuma Sato, que, pese a conseguir la vuelta rápida y sumar dos puntos, tuvo que ser remolcado al quedarse en la salida de la primera curva en la vuelta once.

Los problemas técnicos también entorpecieron la carrera a uno de los pilotos que partía como favorito, Sébastien Buemi, cuya experiencia con motores eléctricos no le salvó de que se le desprendiera la parte trasera de su monoplaza al paso de una "chicane".

Buemi, finalmente, quedaba fuera de juego por problemas con el segundo coche tras la parada en boxes, durante la cual, en este certamen, los pilotos también tienen que trabajar.

Las imágenes de los corredores cambiando de automóvil en unos 45 segundos -apagando el motor, desabrochándose, despegándose de cables, saltando a otro vehículo y vuelta a empezar- captaron la atención de público, acostumbrado en su mayoría a ver paradas más rápidas y sin ningún tipo de acción por parte de sus ídolos.

En este receso, que todos los conductores hicieron casi al unísono, se produjeron varios cambios en cabeza de carrera: el alemán Nick Heidfield salió por delante del brasileño Di Grassi y Montagny se colocó entre los dos Audi, por delante de Daniel Abt, en cuarta posición.

Todo hacía indicar que estos serían los cuatro pilotos que se disputarían los dos últimos puestos del cajón, ya que Prost abría hueco respecto a Heidfield.

No obstante, llegó la sorpresa: a cinco vueltas del final, la estrategia de gestión de energía de Heidfield, que llegaba con mucha más reserva, le permitió dar caza al francés, pasando a seis décimas en el penúltimo paso por meta.

La lucha acabó en drama, y una última vuelta repleta de tensión concluyó con Prost embistiendo el monoplaza del alemán, cuando éste intentaba adelantarlo en el último giro antes de la bandera a cuadros.

Heidfield perdió el control del bólido en la curva despegándose del suelo con la ayuda de los pianos y acabó volteado sobre la pista tras colisionar contra las vallas protectoras, mientras en sus respectivos boxes se llevaban las manos a la cabeza.

Afortunadamente, el alemán consiguió salir ileso y acudió raudo a pedir explicaciones a un enfadado Prost que le llamó "suicida".

Y es que la Fórmula E, como destacaban los pilotos, es como el ajedrez y es la estrategia la que lleva al podio.

O la buena suerte. Como en este caso, la de Di Grassi, Montagny y Bird -en el cajón tras la penalización a Abt-, quienes consiguieron hacerse con el primer, segundo y tercer puesto respectivamente y escribir su nombre en la historia de los nuevos coches de carreras de hoy, el futuro en las calles de mañana.