A 15 años del milagro

Tres lustros se han cumplido desde que Javier Amador y César Andrade sufrieron un accidente que les cambió la vida.

Guadalajara

En un abrir y cerrar de ojos cambió su vida. Una noche de fiesta terminó con dos prometedoras carreras. Hoy se cumplen 15 años del fatídico accidente automovilístico que protagonizaron César Andrande y Javier Amador Palacios, entonces futbolistas de Atlas.

La noticia cimbró a la ciudad y al medio futbolístico. El novato del año, César Andrade, se encontraba en terapía intensiva al igual que su acompañante Javier Amador, integrante del equipo de la segunda división.

Ambos jugadores rojinegros se debatían entre la vida y la muerte, luego de que se impactaran a 150 kilómetros por hora en Periférico y la confluencia a la carretera a Nogales, cerca de las 4:25 horas del miércoles 10 de noviembre de 1999.

La escena era escalofriante. El Jetta color verde modelo 99, con placas HWT-9430, propiedad de Andrade, estaba prácticamente destrozado. Tras perder el control, el vehículo terminó incrustándose de manera lateral en una viga de contención que atravesó por completo al auto y a sus acompañantes.

El pronóstico no era nada halagador. César Andrade presentaba un desprendimiento del 80 por ciento de su pierna derecha, fractura expuesta de tibia y peroné con pérdida cutánea en la pierna izquierda, además de un trauma craneoencefálico.

"Estoy estudiando la universidad, doy conferencias, me contratan, terminé el curso para director técnico, y recién publicaré mi libro después de 15 años", César Andrade


El caso del Gokú, como era conocido Palacios, era más grave: fractura expuesta del fémur con pérdida cutánea en la pierna izquierda, perforación de pulmón e hígado y también un fuerte trauma cráneoencefalico.

Ambos fueron trasladados en la madrugada al Hospital Civil Viejo, para posteriomente ser internados en el Hospital San Francisco de Asis donde fueron atendidos por el doctor Jaime Michel de la Peña.

Luego de semanas de angustia, de una gran cantidad de operaciones y de oraciones, ambos salvaron la vida, no así su carrera futbolística. Andrade Hernández, de 21 años en aquél momento, sufrió la amputación parcial de su pierna derecha, mientras que su compañero experimentó también un viacrusis con 13 intervenciones en su pierna izquierda que le impidieron regresar a las canchas.

EL REENCUENTRO

Hoy, a 15 años de aquel acontecimiento que cambió sus vidas, La Afición reunió a César Andrade y Javier Amador Palacios. La amistad no es la misma. Diferentes circunstancias los han alejado. Tímidamente se saludan y abrazan. Conforme comienzan a platicar va desapareciendo la tensión entre ambos. Aparecen las bromas: "que cachetón estás cabrón", le dice César al Gokú; éste recuerda ser un zaguero "fuerte y metedor, no tan exquisito como el Negro (Andrade)".

Por un momento olvidan las asperezas y malosentendidos. Se abrazan, posan para las fotos y se dan tiempo de pelotear con un balón. Ambos perdieron el futbol en un instante, pero hoy se dicen afortunados por el simple hecho de estar vivos.

"Siempre extrañaré jugar futbol": Andrade

Su tranquilidad se denota en cada una de sus palabras. César Andrade sabe perfectamente lo que hizo hace 15 años años. Asume las consecuencias y asegura estar con la conciencia en paz.

Cada uno de los días posteriores al accidente han sido un aprendizaje para él. Ha dejado en el pasado los malos momentos y guarda en su memoria su fugaz pero exitoso paso con la camiseta atlista.

El oriundo de San Iturbide, Guanajuato estudia la universidad y ofrece conferencias donde transmite sus experiencias a chicos y grandes. Incluso, hoy que se cumplen tres lustros de ese choque se alista a presentar su libro: "El partido más dificil de mi vida", el cual fue una terapia para él.

"Hoy puedo decir que es un trago amargo, pero también puedo decir que he hecho muchas cosas por eso, entonces quizá era algo que se tenía que vivir. Estamos vivos y eso es significativo, es lo mejor que puede haber, las condiciones son distintas, pero estamos vivos y tenemos la oportunidad de reinventarnos.

"(El Libro) Es un proyecto que comencé a escribir cuando estaba muy triste, hace 15 años, después de conocer a gente que ayudó a salir adelante, sale este proyecto y es muy agradable para mí. Es una narrativa, muy simple, muy digerible, muy breve, es sobre mi vida, espero que la gente se inspire y se dé cuenta que vivir es algo único. No inició como un proyecto como tal, fue como una terapia (el escribir el libro), hoy mis patrocinadores Akron y Mexalit- Eureka me echaron la mano, ellos son parte importante de este proyecto", reconoció Andrade en entrevista a La Afición.

César tiene vagos recuerdos de aquella madrugada fatídica. Prefiere no buscar respuestas, sino disfrutar lo que hoy tiene.

"Han pasado 15 años y la verdad hay muchas lagunas en mi mente, que en su momento traté de unir, pero la verdad el recuerdo que tengo es muy vago, la decisión la tomé yo y he asumido las consecuencias. No puedo vivir tratando de resolver algo del pasado que nunca resolveré, y hoy lo veo como una nueva etapa en mi vida. Vivir es algo chido, es algo asombroso, vivir es lo mejor que te puede pasar, quien se pasa quejando de la vida es lamentable".

A pesar de los años y de las intervenciones, Andrade mantiene una zurda educada. Mientras observa un juego de sus ex compañeros, el ex volante rojinegro reconoció extrañar el futbol.

"Extraño jugar, toda la vida voy a extrañar jugar futbol, es algo muy bonito, quien aspira a llegar a Primera División sabe que es lo máximo, y hoy lo disfruto tranquilo, nunca he sido fanático, me gusta ver cuando la gente disfruta jugar futbol, me da gusto cuando se entrega el máximo".

Encontró la felicidad en su familia

Sus familiares le cuentan que estuvo muerto algunos segundos. Su estado de salud era el más grave. Contución cerebral, lesiones internas y fractura expuesta del femur izquierdo le daban pocas posibilidades de sobrevivir al impactante choque.

Javier Amador Palacios recuerda este suceso como el más triste de su vida. Pero este momento marcó un antes y un después para él. Dijo adiós de manera abrupta a su gran pasión, el futbol, para comenzar de cero.

El Gokú se encontraba en segunda división cuando se accidentó el 10 de noviembre de 1999. Con 19 años y sin haber debutado, el defensor tlaxcalteca experimentó momentos duros, no sólo por el dolor físico, sino por haber truncado su sueño futbolístico.

"Fue un momento muy feo, de la noche a la mañana tuve que dejar el futbol, y tanto para César como para mí era nuestra vida, era nuestra ilusión jugar futbol, en un abrir y cerrar de ojos se acabó esa ilusión y tienes que aprender a vivir.

"Cuando volví en sí (tras el choque), después de estar en coma, recuerdo que vi a toda mi familia con los ojos rojos, una imagen muy fea, pregunté dónde estaba y ellos me ayudaron a asimilar todo. La lesión más fuerte que sufrí fue en el femur (izquierdo), se me trozó y me tuvieron que poner varillas y como quince tornillos, me cicatrizó bien pero desafortunadamente me volví a lesionar ya que me quitaron las varillas y tornillos y en ese momento se me impidió jugar".

"No me gustaba ir al estadio (después del accidente), me daba cierto coraje y envidia", Javier Amador


Hablar de este accidente le provoca un nudo en la garganta. Sus ojos se humedecen y faltan las palabras para recordar lo que vivió en las primeras horas del 10 de noviembre de 1999.

"Recuerdo de esa noche que nos encontramos donde era la casa club, de ahí nos fuimos a un bar, salimos y fuimos a otro lado, recuerdo que salimos, pasamos a la gasolinera y recuerdo que íbamos por periférico. No recuerdo el momento del choque, se me borró el casette, hay días que me llegan cosas a la mente pero no me gusta recordar, me da miedo, son cosas feas y tristes que no me gusta recordar

"Recuerdo que en el hospital tenía mucho dolor, era inexplicable, no fue sólo el golpe de la pierna, también de las costillas, cabeza, tenía mucho dolor, yo le decía a mis papás que me quería morir por tanto dolor y sufrimiento que veía reflejado en ellos, pero en ese momento a ellos lo que les interesaba era que estuviera bien y no el futbol".

La vida de Javier Amador Palacios dio un giro de 180 grados. Sin embargo, desde su retiro encontró parte de su felicidad como visor de Atlas, cargo espera recuperar en los próximos meses.

El Gokú, quien hoy comanda una escuelita de futbol y entrena a jóvenes de un colegio por las tardes, se dice pleno con ayudar a los jóvenes y tener a su lado a su esposa Nancy Elizabeth y sus pequeñas Carola y Kendra.

"Estoy a gusto, tengo mi familia, mis dos niñas, mi mujer y aprovechando la vida, trabajando para mi familia y con las ansias de regresar al Atlas. Mi familia es mi motor, me cambió la vida para mal el accidente, y ahora me la ha cambiado para bien mi esposa e hijas.

"(A los jóvenes) Trato de transmitirles la experiencia tan dura que viví, quiero que no tengan errores como el mío, de jóvenes hay cosas que se dan muy pronto como la fiesta, el alcohol y trato de decirles que para todo hay tiempo y tener medidas, y conocer qué es bueno y malo", reconoció.

La relación con César Andrade no es la misma que hace 15 años, pero espera que este encuentro ayude a sanar las heridas.

"Desgraciadamente fue algo muy fuerte que rompió nuestra relación, aquí todos los chavos de casa club nos seguimos viendo como hermanos, desafortunadamente después del accidente se rompió esta amistad, sí lo veo y nos saludamos bien, pero ya no platicamos, no nos buscamos o salimos a comer".

Entre los futbolistas que Javier Amador llevó a fuerzas básicas de Atlas destacan Flavio Santos, Christian Sánchez, Antonio Briseño, Néstor Vidrio, Carlos Nava, Jair Elizalde y Martín Barragán.


El caso más complicado como médico

Rigoberto Juárez I Guadalajara

De la noche a la mañana también cambió su vida. Comenzó a aparecer en todos los noticieros y espacios deportivos. Se tuvo que acostumbrar a los reflectores y micrófonos. En sus manos se encontraba la vida de dos futbolistas de Atlas.

El doctor Jaime Michel de la Peña, ortopedista y traumatólogo desde hace 46 años en el Hospital San Francisco de Asis, fue quien salvó la vida a ambos futbolistas.

El caso era sumamente complicado, no sólo por las impresionantes lesiones de los deportistas, sino por la gran presión mediatica que vivió de parte de la prensa, directiva, afición y opinión pública.

"Fue una situación de muchísima presión, entre la opinión pública, los colegas, la directiva y los familiares. Uno no está acostumbrado a este tipo de presentaciones, se juntaban hasta quince o veinte periodistas, todo estaba lleno de micrófonos para explicar una situación como ésta, de repente salía a comer con mi familia y me veía en el noticiero y toda la gente se me quedaba viendo, me hice famoso en ese momento y la verdad no fue fácil ese tiempo".

Michel de la Peña hoy sonríe al saber que los dos ex futbolistas se encuentran sanos y salvos, pero recordó que aquellos días el momento más difícil para él fue cuando decidió amputar la pierna derecha del habilidoso César Andrade para evitar su desceso.

El traumatólogo reveló la tragedia que fue el despertar de Andrade y conocer su estado de salud.

"El momento más complicado, cuando pasé saliva, fue justo ese, cuando se decidió amputar, fue un domingo, vi que ya estaba crítico y su organismo no soportaba más. Cuando llegó César al hospital y al descubrírsele las piernas se veía el deterioro tan fuerte y la rotura de las arterias. Creo que se cumplieron las siete horas justas que por naturaleza puede tolerar una extremidad sin recibir aporte sanguíneo, llegó al límite, y cuando se decidió amputar no era porque no pasaba sangre, sino porque los tejidos habían sufrido tal machacamiento y hubo baja oxigenación durante siete horas que estaban acabando con su hígado, las pruebas funcionales del hígado estaban hasta arriba, los ojos los tenía amarillos, estaba intoxicado y llegó el momento de amputar de lo contrario moriría.

"Después de tantos días de estar (Andrade) semi inconciente, sedado y enterarse de que había perdido la pierna, la primera etapa que experimentó César fue la negación, no podía creer que había perdido la pierna si había metido dos goles al América el domingo antepasado, fue un choque muy fuerte para él", recordó.

La responsabilidad y presión estaban sobre la espalda del médico. Si bien Javier Amador logró salvar sus extremidades, su estado de salud era mucho más delicado que el de su compañero.

"Lo de César eran sus dos piernas, de Javier era más grave, tenía fractura de pélvis, tenía lesión viseral, contusión profunda de tórax y aparte la fractura expuesta y lesión arterial del fémur izquierdo, pero a él si le alcanzó a hacer un injerto arterial en el Hospital Civil. El que estaba más cerca de perder la vida era Javier, tenía lesiones centrales, y de acuerdo a los estudios que realizan centros de traumatología en Estados Unidos, si hay dos lesiones viserales, más una lesión de tejidos blandos y una contusión craneal, el 25 por ciento quedan vivos, los demás mueren, así que Javier fue afortunado en ese sentido".

(FRASE)

Dr Jaime Michel de la Peña

Médico que salvó la vida de Andrade y Amador

"Estuvo pesadísimo ese caso, desafortundamente terminó con la amputación de César por el tiempo que había transcurrido desde que sucedió al accidente hasta el momento que se le reinstaló la circulación con un injerto venoso".