Rodolfo Salinas, un guerrero rojinegro

Durante su carrera ha tenido que luchar contra los extranjeros para ganarse un lugar; acepta que alguna vez perdió el piso, pero quedó en el pasado.


Rodolfo Salinas se ha sobrepuesto a innumerables pruebas.
Rodolfo Salinas se ha sobrepuesto a innumerables pruebas. (Cortesía Twitter @atlasfc)

Guadalajara

Atlas tiene en sus filas a un guerreo de mil batallas. Quizá no sea el que acapare las portadas o se lleve los reflectores, pero a lo largo de su carrera Rodolfo Salinas se ha sobrepuesto a innumerables pruebas. 

El coahuilense ha luchado desde muy joven por ganarse un nombre en el futbol mexicano. Desde San Luis, pasando por Santos Laguna y actualmente con los Zorros, Rodo ha demostrado que su calidad sobre cualquier futbolista extranjero. 

A unos días de enfrentar a Santos, Salinas revela lo importante que fue la Comarca Lagunera en su vida personal y profesional, su nuevo reto en la madriguera y los momentos que lo hicieron recordar sus raíces, en un ejido humilde de Gómez Palacios.  

SU LUCHA CONTRA EL FORÁNEO 
Desde su aparición en el máximo circuito con San Luis, Salinas ha tenido que redoblar esfuerzos para figurar, pero sobre todo para demostrarle a cada uno de los técnicos que es mejor que cualquier foráneo. 

"Siempre en mi carrera me han llevado extranjeros, empiezan jugando, es entendible por la inversión, pero después el entrenador no ve si es mexicano y extranjero, y afortunadamente he andado bien y he terminado jugando. Eso ya depende de cada club, muchos equipos invierten en extranjeros importantes que vienen a hacer diferencia, pero hay otros equipos donde no hay mucha diferencia entre un mexicano y extranjero y se le da más oportunidad al extranjero porque les costó". 

Tras haber conseguido varios títulos en Santos, el mediocampista de contención creyó que sería titular en el once de Gustavo Matosas. Ser suplente desde pretemporada lo desilusionó. Pero a partir de la fecha 5 ante Puebla, el de Torreón se apoderó de un puesto estelar. 

"La verdad cuando llegué a Atlas y no jugaba me desilusioné, yo estaba incómodo, preguntaba por qué otra vez, yo ya me había ganado mis cosas y creí que tenía un lugar, pero al final de cuentas me puse a pensar que acá el puesto te lo ganas día a día, lo que hiciste antes ya no cuenta. Me puse a entrenar, me puse físicamente bien, le di con todo a la Copa y el técnico me vio bien para meterme, en una situación que no era fácil tras un 5-0 (ante Pumas)". 

SU LUCHA CONTRA LA DEPRESIÓN 
En el futbol hay una frase muy cierta: lo importante no es debutar, sino consolidarse. Pero para Rodo no fue nada sencillo llegar a las grandes ligas. La extinta regla 20/11 fue clave para que cumpliera su sueño de llegar al máximo circuito, justo cuando ya se sentía derrotado.  

"Yo hice mis fuerzas básicas en Monterrey, en Rayados, duré tres años, tuve que salir del equipo por un problema con mi representante y la directiva por un tema con Oribe Peralta. Después de ahí regresé a Torreón donde estuve cuatro meses, ahí pensé que ya no llegaría a Primera División, ya era difícil,  ya estaba entrenando en CECIFUT pero ya no con la misma hambre de más joven, incluso dejé de entrenar dos o tres semanas por la depresión que me cayó.  

"Pero después llegó Raúl Arias a hacer una visoría por la regla 20/11, San Luis no tenía menores, creo que ya había perdido puntos por no cumplirla y yo llegué para cumplir esa regla; en la primera fecha Raúl me debutó y siempre cumplí los minutos que él necesitaba, cuando lo hacía ya no volvía a jugar, pero después de eso me dio la oportunidad de jugar, tuve la oportunidad de jugar Copa Sudamericana, Libertadores, Liguillas y eso me ayudó para madurar". 

SU LUCHA CONTRA LA REBELDÍA 
Salinas, como el resto de los futbolistas, comenzó a disfrutar de la fama y dinero desde sus primeros torneos como profesional. Para él no fue nada sencillo. Reconoce que vistiendo la playera del San Luis perdió el piso y experimentó su momento de rebeldía. 

"Cuando empecé en San Luis llegó mi etapa de rebeldía, llegué a pensar que era privilegiado, que ganaba dinero, más que un gerente de banco, más que el vecino, que traía un mejor carro que el dueño de un restaurante, pero te pasan cosas en la vida que te demuestran que eso no es lo importante. Yo soy de un ejido humilde, de 300 personas, las calles son de tierra y yo sigo yendo allá porque la gente me trata exactamente como cuando salí. Lo importante es estar bien con tu familia, con tu gente, que te respeten por tu persona y no por lo que tienes. Yo valoro mi profesión, pero valoro más la vida y la persona.

"Claro que perdí el piso, el que diga que no es mentira. A todo jugador le llegan cosas que nunca le habían pasado, como la fama, el dinero, las mujeres, te llega todo y eso te mueve. En San Luis fue la etapa donde lo perdí, me compré una camioneta grandísima de lujo cuando todavía no me la merecía, todavía no tenía para pagarla, la pagaba mensualmente, si yo me retiraba esa camioneta la tenía que regresar".