Andrade-Palacios, el caso más complicado como médico

El doctor Jaime Michel de la Peña, ortopedista y traumatólogo desde hace 46 años en el Hospital San Francisco de Asis, fue quien salvó la vida a ambos futbolistas que jugaban en Atlas

Los ex futbolistas cascarearon un poco
Los ex futbolistas cascarearon un poco (Alejandro Acosta)

GUADALAJARA

De la noche a la mañana también cambió su vida. Comenzó a aparecer en todos los noticieros y espacios deportivos. Se tuvo que acostumbrar a los reflectores y micrófonos. En sus manos se encontraba la vida de dos futbolistas de Atlas.

El doctor Jaime Michel de la Peña, ortopedista y traumatólogo desde hace 46 años en el Hospital San Francisco de Asis, fue quien salvó la vida a ambos futbolistas.

El caso era sumamente complicado, no sólo por las impresionantes lesiones de los deportistas, sino por la gran presión mediatica que vivió de parte de la prensa, directiva, afición y opinión pública.

"Fue una situación de muchísima presión, entre la opinión pública, los colegas, la directiva y los familiares. Uno no está acostumbrado a este tipo de presentaciones, se juntaban hasta quince o veinte periodistas, todo estaba lleno de micrófonos para explicar una situación como ésta, de repente salía a comer con mi familia y me veía en el noticiero y toda la gente se me quedaba viendo, me hice famoso en ese momento y la verdad no fue fácil ese tiempo".

Michel de la Peña hoy sonríe al saber que los dos ex futbolistas se encuentran sanos y salvos, pero recordó que aquellos días el momento más difícil para él fue cuando decidió amputar la pierna derecha del habilidoso César Andrade para evitar su desceso.

El traumatólogo reveló la tragedia que fue el despertar de Andrade y conocer su estado de salud.

"Estuvo pesadísimo ese caso, desafortundamente terminó con la amputación de César por el tiempo que había transcurrido", Doctor de la Peña


"El momento más complicado, cuando pasé saliva, fue justo ese, cuando se decidió amputar, fue un domingo, vi que ya estaba crítico y su organismo no soportaba más. Cuando llegó César al hospital y al descubrírsele las piernas se veía el deterioro tan fuerte y la rotura de las arterias. Creo que se cumplieron las siete horas justas que por naturaleza puede tolerar una extremidad sin recibir aporte sanguíneo, llegó al límite, y cuando se decidió amputar no era porque no pasaba sangre, sino porque los tejidos habían sufrido tal machacamiento y hubo baja oxigenación durante siete horas que estaban acabando con su hígado, las pruebas funcionales del hígado estaban hasta arriba, los ojos los tenía amarillos, estaba intoxicado y llegó el momento de amputar de lo contrario moriría.

"Después de tantos días de estar (Andrade) semi inconciente, sedado y enterarse de que había perdido la pierna, la primera etapa que experimentó César fue la negación, no podía creer que había perdido la pierna si había metido dos goles al América el domingo antepasado, fue un choque muy fuerte para él", recordó.

La responsabilidad y presión estaban sobre la espalda del médico. Si bien Javier Amador logró salvar sus extremidades, su estado de salud era mucho más delicado que el de su compañero.

"Lo de César eran sus dos piernas, de Javier era más grave, tenía fractura de pélvis, tenía lesión viseral, contusión profunda de tórax y aparte la fractura expuesta y lesión arterial del fémur izquierdo, pero a él si le alcanzó a hacer un injerto arterial en el Hospital Civil. El que estaba más cerca de perder la vida era Javier, tenía lesiones centrales, y de acuerdo a los estudios que realizan centros de traumatología en Estados Unidos, si hay dos lesiones viserales, más una lesión de tejidos blandos y una contusión craneal, el 25 por ciento quedan vivos, los demás mueren, así que Javier fue afortunado en ese sentido".