La reconversión de William da Silva

El mediocampista de contención del América, a quien en Coapa le enseñaron a jugar en esa posición, dice sentirse un bendecido por superar sus problemas cardiacos


Ciudad de México

William da Silva ha asumido el mando del medio campo del América, algo que no fue sencillo, porque tuvo que reconvertirse. Acostumbrado a jugar más como un volante creativo, el brasileño tuvo que ganarse el pan en Coapa como medio destructivo, le llenó el ojo a Ricardo La Volpe, quien cuando llegó al club buscó reubicarlo en su hábitat natural, pero con el tiempo, tanto el jugador como el entrenador se fueron convenciendo de que la zona en la que más influencia tenía era en la media de contención; y es que en esa tarea sigue aprendiendo, pues nunca se deja de absorber futbol. Sobre todo, después de que hace 14 años (cuando tenía 16) tuvo que dejar el futbol dos años debido a un problema en el corazón que incluso, le provocó dos paros cardiacos.

Llevas ya un año cuatro meses, te has hecho titular, pero te costó la adaptación al club, ya te has dado cuenta que no es lo misma exigencia esta playera que otras...

Te voy a decir algo, no solo en el tema de la presión me costó, me costó mucho en el tema de cancha, porque cuando llegué al América había volantes que eran de los mejores que hay en México, de los mejores extranjeros: el Rifle Andrade, Sambueza, Osvaldo, y adelante jugadores como el Pipa Benedetto, Darwin Quintero, Michael Arroyo, Oribe Peralta y Silvio (Romero), todos de muchísimo nivel y cuando llegué me jalaron a segundo contención; ya lo había platicado con Nacho Ambriz, pero nunca fui un contención, en toda mi vida había jugado 45 o 15 minutos para terminar un partido en esa posición, quizá uno o dos partidos de doble contención, pero nunca fui un contención nato, siempre fui un volante y me costó mucho aprender a jugar ahí. Tenía que aprender una posición nueva, en un equipo con tanta presión es demasiado; entonces, tuve muchas tarjetas, me expulsaron porque todavía estaba aprendiendo a manejar los tiempos de esta posición. Fue lo que más me costó, este cambio sí se me hizo como, ‘oye ¿qué onda, ahora qué hago?’. Entonces me metí a aprender. Nacho me aportó muchísimo, el profe La Volpe también me  ha aportado muchísimo, me ha enseñado mucho. Y ahora hace un año y cuatro meses que soy contención, cuando jugaba en Querétaro tenía 12 años que llevaba como volante.

Incluso La Volpe dijo que quería ver al William del Querétaro, pero, ¿te convenciste y lo convenciste?

Justo fue lo que me preguntó La Volpe y me dijo ‘¿qué haces de contención?, yo quiero al William del Querétaro, el que pintaba la cara a los rivales, que encaraba y que iba y venía’, y me decía ‘no, no eres contención’. Pero al final cuando llegó él, ya tenía como seis meses en esa posición y hubo  un partido  en el que sí necesitó un contención y terminé el partido de contención en Guadalajara. Era algo que iba aprendiendo, con Nacho ya lo había visto, antes de que yo viniera me habló cuando estábamos arreglando los contratos y me dijo ‘te voy a necesitar como un doble contención’ y yo le decía ‘profe', me la rifó, pero usted sabe que no soy contención’ y me decía, ‘tranquilo, te vamos a enseñar’. Nacho me enseñó y La Volpe me está enseñando.

El americanista de 30 años reseña que en su momento, y según los antecedentes con que llegó a Coapa, “la gente esperaba el mismo William del Querétaro: por fuera, encarando, pero es imposible que haga lo mismo en la contención porque ahí si pierdes una pelota, comprometes todo el trabajo del equipo, pero me siento bien, me voy acoplando cada día más, aprendiendo y buscando mirar cada partido internacional para aprender y hacerlo de la mejor manera para aportar a mis compañeros”.

Dices que aprendes y ves futbol internacional, ¿quién es tu referencia? Me fijo mucho en los contenciones de Inglaterra, para mí son de los más preparados, los que mejor se ubican, hay un jugador en el que me fijo mucho: el brasileño Fernandinho, que está en el Manchester City, es un tipo con llegada con disparo y que sabe jugar. Me fijo en él porque tampoco era un contención, me pongo a ver los partidos del Manchester City por el entrenador que tiene (Pep Guardiola) y por lo que le ha aportado a este jugador, porque no era contención, jugaba por fuera, y ahora veo la salida que tiene, los tiempos para meterse entre los centrales, es un tipo que sigo y buscó aprender de él porque ha hecho muy bien las cosas, es seleccionado brasileño y ha aportado mucho al Manchester City y a su selección.

Eres un tipo que se exprime en el campo, que pelea hasta el final...

Yo no me guardo nada, te voy a compartir algo, yo tuve una enfermedad que me dejó como dos años y cuatro meses fuera de las canchas, un problema en el corazón y después que regresé fue como una bendición de Dios poder volver a jugar. No sé qué me va a pasar mañana, si seguiré jugando o no, pero mientras esté, yo no me quiero guardar nada, para que el día que ya no esté jugando pueda decir que los minutos que tuve hice todo lo que podía hacer en la cancha y no me guardé nada. Vivo cada día como si fuera el último, cada partido como si fuera mi último, porque al fi nal no sé lo que va a pasar; lo disfruto, pongo la intensidad que tengo que poner, me equivoco como cualquiera, pero nunca dejo de echarle ganas y vivir este lindo momento que es estar en un partido de futbol.

¿Cuándo fue este problema?

Fue en 2004, estaba en Brasil, en Palmeiras, me quedé 2004 y 2006 sin jugar, había debutado a los 16 años, pero me quedé sin jugar porque tuve dos paros cardiacos, ahí me retiré dos años y cuatro meses de la cancha; entré en depresión, bajé como diez kilos, no tenía ganas de hacer nada porque no podía hacer lo que más me gustaba, por eso ahora cuando estoy en la cancha lo único que quiero hacer es dejar todo ahí. Eso me cambió la vida, me cambió, la mentalidad, tenía una mentalidad de vivir una vida que no es la mejor para el profesional del futbol y después de ahí tuve tiempo de acercarme a Dios, cambiar mi estilo de vida y he aportado mucho a mis compañeros de lo que he vivido y siempre que me preguntan ‘oye, por qué tantas ganas de hacer bien las cosas de correr y de trabajar’, les digo que es porque tuve un momento en el que no lo podía hacer y ahora no me quiero guardar nada.

¿Ya no hay secuelas de ese problema que te alejó de las canchas?

No, siempre hago los exámenes cada seis meses, los estudios que se tienen que hacer, pero con la bendición de Dios estoy muy bien y busco dejar todo en la cancha. Para hacer lo que hago hoy tengo que estar muy bien en la parte de salud.

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