La conjura de Osaka

En diciembre, unas horas después de la derrota ante el Guangzhou de China en el Mundial de Clubes a comitiva del América se comprometió a pelear por volver a Japón y restaurar la imagen dañada


Directivos, cuerpo técnico, personal de apoyo y jugadores del América dan gracias por el triunfo sobre Tigres en la Final
Directivos, cuerpo técnico, personal de apoyo y jugadores del América dan gracias por el triunfo sobre Tigres en la Final (Mexsport)

Ciudad de México

Domingo 13 de diciembre de 2015. Hace frío en Osaka, mucho frío, el ambiente en el estadio Nagai es una mezcla de sorpresa e incredulidad, cae la noche y los reporteros que acompañan a América en el Mundial de Clubes mantienen la tertulia de lo ocurrido unos minutos antes.

¿Qué le pasó al América? Se esgrimen las razones que cada comunicador vio en el juego, pero la conclusión es la misma: nadie se esperaba una eliminación tan temprana, tanto tiempo se habló de venir a Japón a hacer historia, a ser protagonistas, de que el Barcelona no era invencible y resulta que el debut del América en el torneo, ante el Guangzhou de China, fue un fiasco.

 Muchas cosas ocupan la tertulia, el cabezazo de Darwin a Sambueza, el enfado que se llevó Emilio Azcárraga (el dueño se marchó tras el segundo gol de los chinos), la falta de manejo de partido, lo tardío de los cambios de Ambriz, el error de Moisés en el segundo gol, la desesperación de Ricardo Peláez en el palco de directivos... Todos los planes se torcieron cuando nadie lo esperaba, el traslado a Yokohama y ese juego contra el Barcelona se esfumaron en los últimos diez minutos del duelo contra los chinos.

 Urge llegar cuanto antes al hotel Rihga Royal, la sede de la concentración azulcrema, porque no se sabía si habría alguna una decisión en caliente.

El ambiente en el hotel es igual, la cena fue un acto silencioso, rápido, los rostros que se alcanzaron a ver de algunos personajes parecían no dar crédito a lo que les había ocurrido. Ese mismo asombro lo tenían los familiares que hicieron el viaje a tierras niponas. El grupo y su entorno estaba machacado.

 Se habla en corto con algunos personajes, transmiten lo magullado que luce el estado anímico. No hay declaraciones oficiales. “Estamos jodidos”, reconocen algunos. Los medios aguardaban pacientes alguna reacción a nivel directivo. Cada reportero se sumó al silencio funesto que se palpaba en los pasillos del hotel de concentración.

 Los susurros mantenían el hilo especulativo, no había certeza de lo que podía ocurrir, se debatía en si el bochornoso resultado orillaría a tomar alguna medida. Ningún protagonista a nivel directivo quiso hablar, querían dejar pasar las horas y que todo se enfriara. Lunes 14 de diciembre. El aire no es tan frío como el día anterior en Osaka.

 A la espera de alguna noticia llega el autobús que mueve al América al campo de entrenamiento y los semblantes de los jugadores mantienen la pesadumbre del día anterior, cuando desfilaron por la zona mixta del estadio Nagai.

 No hay ni una sola broma, no es momento para ello, corre el balón y se tiene que entrenar, porque falta el partido contra el Mazembe del Congo, un juego intrascendente porque la expectativa del club era mucho, muchísimo más grande. Sambueza por un lado y Darwin por otro, los días que aún quedaban en Japón estaban de más, la plantilla hubiera querido tomar cuanto antes el avión de vuelta y olvidarse lo más pronto posible de lo ocurrido. No hay un solo rostro que arroje una sonrisa, la picardía y el buen humor se han esfumado de golpe y porrazo.

 Peláez y Ambriz hablan por un instante, después, la figura del presidente deportivo recorre la cancha al otro extremo, a la cita con los medios, a esbozar un discurso oficial desde el plano directivo.

 “Es un fracaso”, suelta Peláez sin rodeos. En esas horas inmediatas la directiva y el grupo se reúnen, van por el último jalón contra el Mazembe, pero también se juran pelear por volver a Japón. Se asumen los errores de uno y otro departamento, se insta a ganar el juego contra los africanos, algo que se consigue, pero que sabe a muy poco, sino es que a nada Pero sobre todas las cosas hay una conjura para ganar la siguiente Concachampions, cuerpo técnico jugadores, directivos, fraguan un pacto que tendrá como fondo pelear con todo por volver a Japón es un reto personal e institucional un compromiso de orgullo que asume cada integrante.

 Jueves 17 de diciembre. El equipo toma en el aeropuerto internacional de Osaka el vuelo de regreso a México. Vuelven dolidos, porque los planes originales era jugar ese día en Yokohama contra el Barcelona de Lionel Messi, Luis Suárez, Neymar, Andrés Iniesta… y no estar viajando a casa. Vuelven con amargura, pero antes de despegar habían dejado un pacto institucional.

Miércoles 27 de abril de 2016. Han pasado 136 días después de la derrota con el Guangzhou de China, el silbatazo del árbitro Fernando Guerrero decreta la victoria de América en la Final de la Concachampions, una victoria incuestionable con un marcador global de 4-1.

 “Ahora que terminó el partido nos llamó el señor Azcárraga y fuimos a su palco. Sí teníamos esa deuda, me sentía así, ahora trataremos de prepararnos bien y tener más calidad y cantidad de jugadores para llegar bien preparados al Mundial de Clubes”, comentó Ricardo Peláez.  Las Águilas volverán a Japón, lo harán porque se tomaron en serio cada partido que los llevara a una revancha que todos desean, lo harán porque cumplieron con la conjura de Osaka.