El irreconocible América

El equipo de Gustavo Matosas ofreció su peor cara ante Gallos, vulnerable en defensa, sin equilibrio en medio campo y sin acierto en la ofensiva

América está irreconocible
América está irreconocible (Mexsport)

Ciudad de México

Hasta el sábado, América parecía haber dejado atrás sus días grises, parecía que se había recuperado el orden y la determinación en el equipo, que la identidad llegaría en la recta final del torneo; la victoria ante Cruz Azul y la goleada sobre Herediano, incluso el empate en Monterrey, reforzaban esa idea.

La semana anterior había sido productiva en todos los aspectos. En lo futbolístico, se daba por hecho que había vuelto el orden defensivo, la actitud y el espíritu de competencia; en lo anímico, la inyección de positivismo por la victoria en el segundo clásico de la temporada se alargó ala Concachampions.

Y en Monterrey se tuvo la capacidad para venir de atrás. En tres partidos vitales no se sufrieron derrotas. Los síntomas eran buenos, todo indicaba que la crisis había quedado atrás. Pero todo esto parecía, solo parecía.

"Debemos dejar el juego (contra Querétaro) y pensar en el del miércoles"

GUSTAVO MATOSAS
Entrenador de América

Entonces llegaron los Gallos al Azteca, un partido trampa, en el que en principio América partía como favorito, un duelo en el que Matosas no pudo contar con Oribe y Muñoz que seguían sin el alta médica, pero que al jugar en casa y contra un equipo que si bien manifestaba una mejora con la llegada de Víctor Manuel Vucetich, parecía no representar un riesgo mayúsculo. Pero el futbol no conoce de guiones establecidos y el resultado arrojó un nuevo maltrato para el cuadro azulcrema.

Matosas montó un equipo que en apariencia tenía los mejores efectivos de los que disponía, una alineación con garantías, pero que en el desarrollo del partido quedó lejos de ofrecer sensaciones positivas. América formó con un4-1-3-2, sin improvisaciones.

Hugo González en la portería; Paul Aguilar, Paolo Goltz, Pablo Aguilar y Miguel Samudio; componían la línea defensiva, estaban los elementos que han sido más regulares en el torneo.

En el medio campo Pellerano, Osvaldo, Sambueza y Arroyo. El escudo argentino para hacer las labores de escoba con la ayuda de Osvaldito como ha sido habitual. Sambueza y Arroyo por las bandas, con Rubens intercambiando la posición con Michael y con más libertad para moverse —lo mismo que ha hecho en otras tardes—. Darwin y Benedetto como referencias en ataque, siendo Quintero el que jugara por detrás del Pipa.

"Cuando se pierde es culpa de todos, hay que darle la vuelta a la página"

CRISTIAN PELLERANO
Mediocampista de América

¿Qué ocurrió entonces ante Querétaro? Que América volvió a las andadas, que la defensa fue superada, que el medio campo no proyectó, y que la delantera no se conectó. En síntesis, el equipo se partió, fue todo menos un grupo estructurado y con un plan establecido y sin una hoja de ruta que les permitiera aspirar a pelear por el resultado. En el primer gol de Gallos, Hugo no alcanzó a llegar a la bola en el tiro de Yasser Corona. En el segundo se perdió un balón delante de medio campo, no hubo recuperación y a los centrales los tomaron mal parados y después fueron superados con facilidad por Pineda.

En el segundo tiempo el equipo se rompió y fue incapaz de reengancharse, no hubo velocidad y un contragolpe de Danilinho acabó en el tercer gol obra de Ronaldinho.

Y en el cuarto se quedaron estáticos en la serie de paredes que derivó en la segunda anotación de Dinho.

Matosas reconoció en la conferencia posterior que "no se veía por dónde íbamos a emparejar o a marcar un gol", su reflexión fue sincera, ahora no habló como en otras ocasiones de que hubo lapsos que le habían gustado.

Cuando los jugadores entraron al vestidor y se miraron en elespejo se toparon con semblantes maltrechos, descompuestos.

Los ecos de los oles y la ovación a Ronaldinho aún retumbaban en sus oídos. Las horas posteriores han sido de reflexión al varapalo del sábado, América entrenó el domingo en Coapa, pensando en recuperarse anímicamente y futbolísticamente. Ayer no hubo atención a la prensa, tampoco hablarán hoy, la directiva y el cuerpo técnico no quieren distracciones.

Las Águilas creen en una reacción, cómo andan las cosas en una semana, con dos duelos ante los canadienses y el Clásico Nacional ante el líder Chivas, no se sabe qué cara se verá en siete días. El mismo equipo se ha encargado de ser una escuadra capaz de mutar radicalmente.

ESTAMOS DOLIDOS: PELÁEZ

Ricardo Peláez, presidente deportivo de América, admitió que en el equipo priva la confianza por lograr una reivindicación después de la mala imagen que se ofreció en el partido del sábado ante Querétaro, en declaraciones para TDN, el directivo señaló: "Estamos conscientes y dolidos por lo que se presentó el pasado sábado, hay que decirle a la gente que estamos trabajando y recuperarnos pronto de este tropezón.

"Tenemos que encontrar las soluciones pronto. Tenemos una final encima, un clásico y la vuelta de esa final. Los objetivos no cambian, queremos Liguilla y eso es una obligación en esta institución. También obtener la Concachampions, vamos paso a paso", dijo Peláez Linares.

COMO EL UNITED

El Impact de Montreal sigue con su trabajo para alistar la Final de ida de la Concachampions, en la delegación del equipo canadiense no deja de sorprender la atención mediática que existe por el duelo, saben que una Final despierta pasión y expectativa en todos los niveles, pero ellos están acostumbrados a que en su país, el futbol sea visto como un deporte secundario, allá el hockey es el deporte por excelencia, nunca han jugado en un escenario con más de 60 mil personas, por ello saben que la experiencia del Azteca será inolvidable.

Los canadienses ven en América a un equipo grande, con prestigio y con una afición acostumbrada a vivir con pasión cada fin de semana. Les emociona el escenario, y algunos de sus jugadores equiparan a las Águilas con los grandes clubes europeos.

"El América es como el Manchester United mexicano, sería algo bueno para nosotros (obtener la victoria), lo recordaríamos por siempre", dijo Nigel Reo-Coker, el mediocampista del Impact de Montreal, quien añadió que "al ser inglés sabes la historia que tiene detrás el estadio Azteca, lo que fue la Mano de Dios, me siento afortunado de estar aquí".

El mismo Reo-Coker, subrayó que no hay temor por jugar ante un escenario lleno. "Es para disfrutarlo, muchas veces he jugado en estadios llenos y es un buen chance para jugar bien y tratar de ganar en un estadio que tiene mucha historia".

Hasta el sábado, América parecía haber dejado atrás sus díasgrises, parecía que se había recuperado el orden y la determinación en elequipo, que la identidad llegaría en la recta final del torneo; la victoria anteCruz Azul y la goleada sobre Herediano, incluso el empate en Monterrey,reforzaban esa idea.

La semana anterior había sido productiva en todos losaspectos. En lo futbolístico, se daba por hecho que había vuelto el orden defensivo,la actitud y el espíritu de competencia; en lo anímico, la inyección depositivismo por la victoria en el segundo clásico de la temporada se alargó ala Concachampions.

Y en Monterrey se tuvo la capacidad para venir de atrás. Entres partidos vitales no se sufrieron derrotas. Los síntomas eran buenos, todoindicaba que la crisis había quedado atrás. Pero todo esto parecía, soloparecía.

Entonces llegaron los Gallos al Azteca, un partido trampa,en el que en principio América partía como favorito, un duelo en el que Matosasno pudo contar con Oribe y Muñoz que seguían sin el alta médica, pero que aljugar en casa y contra un equipo que si bien manifestaba una mejora con lallegada de Víctor Manuel Vucetich, parecía no representar un riesgo mayúsculo.Pero el futbol no conoce de guiones establecidos y el resultado arrojó un nuevomaltrato para el cuadro azulcrema.

Matosas montó un equipo que en apariencia tenía los mejores efectivosde los que disponía, una alineación con garantías, pero que en el desarrollodel partido quedó lejos de ofrecer sensaciones positivas. América formó con un4-1-3-2, sin improvisaciones.

Hugo González en la portería; Paul Aguilar, Paolo Goltz, PabloAguilar y Miguel Samudio; componían la línea defensiva, estaban los elementosque han sido más regulares en el torneo.

En el medio campo Pellerano, Osvaldo, Sambueza y Arroyo. El escudoargentino para hacer las labores de escoba con la ayuda de Osvaldito como hasido habitual. Sambueza y Arroyo por las bandas, con Rubens intercambiando laposición con Michael y con más libertad para moverse —lo mismo que ha hecho enotras tardes—. Darwin y Benedetto como referencias en ataque, siendo Quinteroel que jugara por detrás del Pipa.

¿Qué ocurrió entonces ante Querétaro? Que América volvió alas andadas, que la defensa fue superada, que el medio campo no proyecto, y quela delantera no se conectó. En síntesis, el equipo se partió, fue todo menos ungrupo estructurado y con un plan establecido y sin una hoja de ruta que lespermitiera aspirar a pelear por el resultado. En el primer gol de Gallos, Hugo noalcanzó a llegar a la bola en el tiro de Yasser Corona. En el segundo se perdióun balón delante de medio campo, no hubo recuperación y a los centrales los tomaronmal parados y después fueron superados con facilidad por Pineda.

En el segundo tiempo el equipo se rompió y fue incapaz dereengancharse, no hubo velocidad y un contragolpe de Danilinho acabó en eltercer gol obra de Ronaldinho.

Y en el cuarto se quedaron estáticos en la serie de paredesque derivó en la segunda anotación de Dinho.

Matosas reconoció en la conferencia posterior que “no seveía por dónde íbamos a emparejar o a marcar un gol”, su reflexión fue sincera,ahora no habló como en otras ocasiones de que hubo lapsos que le habíangustado.

Cuando los jugadores entraron al vestidor y se miraron en elespejo se toparon con semblantes maltrechos, descompuestos.

Los ecos de los oles y la ovación a Ronaldinho aúnretumbaban en sus oídos. Las horas posteriores han sido de reflexión alvarapalo del sábado, América entrenó el domingo en Coapa, pensando enrecuperarse anímicamente y futbolísticamente. Ayer no hubo atención a laprensa, tampoco hablarán hoy, la directiva y el cuerpo técnico no quieren distracciones.

Las Águilas creen en una reacción, cómo andan las cosas enuna semana, con dos duelos ante los canadienses y el Clásico Nacional ante ellíder Chivas, no se sabe qué cara se verá en siete días. El mismo equipo se haencargado de ser una escuadra capaz de mutar radicalmente.

COMO EL UNITED

El Impact de Montreal sigue con su trabajo para alistar laFinal de ida de la Concachampions, en la delegación del equipo canadiense nodeja de sorprender la atención mediática que existe por el duelo, saben que unaFinal despierta pasión y expectativa en todos los niveles, pero ellos están acostumbradosa que en su país, el futbol sea visto como un deporte secundario, allá elhockey es el deporte por excelencia, nunca han jugado en un escenario con másde 60 mil personas, por ello saben que la experiencia del Azteca seráinolvidable.

Los canadienses ven en América a un equipo grande, con prestigioy con una afición acostumbrada a vivir con pasión cada in de semana. Lesemociona el escenario, y algunos de sus jugadores equiparan a las Águilas conlos grandes clubes europeos.

“El América es como el Manchester United mexicano, sería algobueno para nosotros (obtener la victoria), lo recordaríamos por siempre”, dijoNigel Reo-Coker, el mediocampista del Impact de Montreal, quien añadió que “al seringlés sabes la historia que tiene detrás el estadio Azteca, lo que fue la Manode Dios, me siento afortunado de estar aquí”.

El mismo Reo-Coker, subrayó que no hay temor por jugar ante unescenario lleno. “Es para disfrutarlo, muchas veces he jugado en estadiosllenos y es un buen chance para jugar bien y tratar de ganar en un estadio quetiene mucha historia”.