América vs. Chivas: Escenarios opuestos

De cara al Clásico Nacional, Ignacio Ambriz se ha ganado el respeto en América; mientras Matías Almeyda trata de ganar adeptos en el Rebaño

Ignacio Ambriz y Matías Almeyda
Ignacio Ambriz y Matías Almeyda (Mexsport)

Ciudad de México / Guadalajara

Ignacio Ambriz tomó el borrador y eliminó del pizarrón la palabra incertidumbre y todos sus sinónimos posibles; tomó el gis y escribió con letra bien legible algo parecido a 'Jamás dudarás de tu capacidad'.

'Defenderás tus ideales', pero sobre todo 'Nunca perderás la humildad'. El entrenador de América ha dejado atrás cualquier duda, es cierto que aún no ha ganado ningún torneo, pero en los dos frentes que libra batallas ha obtenido buenos dividendos. En la Liga se ubica en la tercera posición y en Concachampions marcha como líder de su grupo, y prácticamente ha asegurado su boleto a cuartos de final.

Nacho transmite seguridad desde el banquillo, se ha ganado al vestuario porque es un tipo que conoce la profesión, habla de frente y eso le gusta a la plantilla, además de la claridad que pone para que sus jugadores entiendan sus principios futbolísticos.

EQUILIBRIO Y PEGADA

Ambriz nunca dudó de sí mismo, respetó la duda ajena, y ahora que las cosas marchan bien tampoco para el pecho, sus críticos han cambiado el discurso, pero Nacho no, él se mantiene fiel a sus ideales, desde la derrota con Puebla en la que avisó que era cuestión de tiempo para que el equipo asumiera los automatismos y viera al América que pretendía.

Con Ambriz no existen los experimentos locos, al contrario, es un entrenador que apela a la coherencia desde la alineación, el 4-4-2 es su sistema de cabecera, un dibujo táctico que bien podría interpretarse como un 4-1-3-2, porque Osvaldo Martínez ejerce como volante mixto, al apoyar en defensa e involucrarse en la generación de juego.

En los 9 partidos de Liga que se han disputado, se concluye que las Águilas son un equipo reconocible, con una solvencia defensiva, tanto que América es la mejor zaga del torneo y es el que equipo que más remates lanza al arco contrario. Son la tercera mejor ofensiva.

El mérito de Ambriz en el paso de América es notable, es intervencionista, pero no un entrenador de aspavientos ni poses, más bien se aleja de la rimbombancia, apela a la sencillez, pero dentro del campo grita cuando debe hacerlo, no pestañea a la hora de buscar que su equipo mantenga el espíritu, la energía y la ambición. Ha logrado que las Águilas sean una escuadra de categoría, con idea, estilo y estructura.

A LA ALTURA

Sí, los títulos no se definen ahora, Nacho lo sabe, lo tiene tan claro que no celebra victorias, porque es consciente que a él se le juzgará por lo que lleve a las vitrinas.

Poco a poco ha demostrado que América no le queda grande, es un entrenador curtido en la trinchera, pasó por campos minados y nada le espanta.

Ambriz luce fuerte, lo está porque goza del respaldo de su directiva, él no llegó vendiendo espejos a Coapa, ofreció su servicio a la causa. Los números, esos que suelen condenar a los entrenadores, están de su lado.

Pero no es el resultado, sino la forma, el modo, la imagen como se ha logrado estar entre los equipos protagonistas, el futbol que muestra América no es rácano, por el contrario, asume el peso de su escudo y no rehúye a ser protagonista en el trámite de los partidos.

Ignacio Ambriz ya dirigió un Clásico, lo hizo en el banquillo de enfrente, de lado de Chivas, en la Jornada 14 del Clausura 2012, ese día lo perdió con un gol de Paul Aguilar; tres años y cinco meses después lo vivirá del lado de América, un equipo al que ya le encontró la cuadratura. Nacho está listo para la función.

MATÍAS ALMEYDA

Atacar, esa es la consigna que pretende ofrecer Matías Almeyda con Chivas. En su primer juego, el entrenador argentino cambió el dibujo táctico del Rebaño Sagrado y mandó un cuadro más ofensivo, con cuatro elementos dedicados únicamente al ataque.

A diferencia del Chepo, que tiraba a Omar Bravo solo al frente, ahora Almeyda puso bien abiertos a Carlos Fierro, David Ramírez y a Marco Fabián detrás del mochiteco y se vio en gran parte del partido un cuadro más tirado al frente.

Fierro puso dos pases de gol y Fabián, hasta antes de su expulsión, llegó con frecuencia al área enemiga.

FACTOR BRAVO

Previo al debut, Matías Almeyda charló con Omar Bravo, y le expresó que él sería la base de su equipo, que se metiera en el área, pues lo bombardearían de balones. El Pelado sabe del negocio; convenció a Omar, y cuando el capitán marcó su gol fue a darle la mano al técnico. Bravo, en su rol de líder y goleador, le respondió al argentino en el debut. La relación con el delantero sinaloense está mejor de lo que pensó, más allá de que Bravo Tordecillas fue de los que levantó la voz para que el Chepo de la Torre se quedara en la institución.

La relación entre Bravo y Almeyda es ganar–ganar, mientras el atacante responda como líder en la cancha, Matías puede tomar más confianza y sumar puntos de cara al cierre del torneo. El entrenador argentino deberá trabajar para suplir a Marco

Fabián, quien fue expulsado ante Querétaro, debe encontrar soluciones inmediatas el

Pelado, meditar mucho con la almohada sobre a quién pondrá de compañero de Bravo Tordecillas.

PASADO OFENSIVO

Almeyda es un tipo que no se guarda nada. Grita, se apasiona y vive el futbol como pocos. Desde Buenos Aires, Mauro Palacios, corresponsal de La Afición, lo recuerda como un tipo que se afana tanto en ir al frente, que en ocasiones termina perdiendo el equilibrio.

"Matías es un entrenador muy ofensivo, a veces esas ganas de tener ese tipo de juego lo lleva a tener un equipo desequilibrio. Corre mucho riesgo y queda descompensado el equipo, hay ocasiones en que por atacar tanto, olvida defender", reseña el periodista quien cubrió toda la era Almeyda al frente del River Plate.

Con River Plate y Banfield, el Pelado jugó con el tradicional, 4-4-2, pero también hacía modificaciones durante el partido para cambiar la línea de tres. Con Chivas arrancó con un 4-4-2, pero los cuatro de arriba con menos presión por defender, pues con el Chepo de la Torre, los volantes ofensivos tenían que ayudar a los laterales y eso hacía que el equipo no llegara con tantos elementos al arco enemigo.

SABE DE CLÁSICOS

Almeyda fue capitán de River Plate en sus años de juventud, a él no le tienen que explicar qué es un Clásico Nacional. Acostumbrado a meterse a La Bombonera, a chocar ante la Roma, contra el Milán... además vivió partidos grandes en España.

El entrenador rojiblanco sabe a la perfección lo que se juega el sábado, ha estado en partidos del calibre de un Chivas-América y el Pelado no se achica. Puede que nunca haya estado en un duelo contra los de Coapa, pero experiencia en partidos de élite la tiene, y de sobra. Ahora ese temple y conocimiento lo tiene que mostrar a la hora de preparar este duelo, que en el papel luce como uno de los más complicados en su carrera como entrenador de Primera División.