Serpientes y escaleras

América sigue en una espiral de irregularidad; desde la Jornada 8, el conjunto de Ignacio Ambriz no ha recuperado esa constancia de resultados y tampoco su mejor versión, sobre todo en casa

América no ha tenido duelos regulares en casa
América no ha tenido duelos regulares en casa (Iván López )

Ciudad de México

Ignacio Ambriz es un entrenador de buenas intenciones, desde que llegó a América asumió el reto de entregarle a la afición un equipo del cual se sintiera orgulloso, que en la cancha vieran un futbol que llenara sus expectativas y que todos los aficionados se sintieran identificados y representados.

Lo fue haciendo, después de superar los dos descalabros del inicio, las Águilas entraron en una dinámica de buenos resultados, las jornadas de trabajo que reclamaba Ambriz, arrojaban como saldo un equipo reconocible; con una idea estructurada y una identidad futbolística que mezclaba el orden defensivo con la ambición de buscar el arco rival.

América dominaba las facetas del juego: era un equipo sólido en la retaguardia, al que le remataban poco y su defensa apagaba cualquier indicio de incendio.

En el medio campo procesaba la jugada, sus volantes hacían tareas de creación y destrucción, lograban ver los huecos para encontrar la línea de pase que les permitiera conectar con los delanteros, y éstos, disponían de balones para rematar a gol. Sobre el ecuador del torneo, las Águilas eran uno de los equipos que más disparos a puerta registraban.


Las cuentas iban sobre el presupuesto, ubicándose en los primeros lugares de la clasificación general y avanzando con una hoja de ruta bien definida en los dos torneos (Liga y Concachampions). Llegó entonces el primer clásico de la temporada, contra Cruz Azul en el estadio Azul. El resultado fue un 2-0 a favor que dejó en claro que Ambriz se había hecho con el mando del equipo, que los jugadores habían terminado por asimilar su filosofía. Todo era felicidad y prudencia en Coapa, porque esa no se ha perdido. Ni en la bonanza se fue tan maravilloso, ni en la mala racha se ha sido tan desastroso.

Entonces, qué le ocurrió a América, en qué momento o en qué punto del torneo se perdió el rumbo. Por qué se ha caído en una espiral que los ha llevado a tener picos de irregularidad. Esta situación de serpientes y escaleras en la que ha caído América comenzó en la Jornada 8, justo cuando el torneo sufrió una pausa por la Fecha FIFA de septiembre.

Al final del partido con Cruz Azul, tanto Ambriz como la plantilla transmitían su confianza en que el parón de la Liga no les afectaría en su rendimiento, más bien lo veían como la ocasión para dar descanso a algunos jugadores y para recuperar a otros que tenían algunas molestias, todo con el objetivo de llegar al partido contra Tigres, pero fue en ese encuentro donde empezó la inercia de altibajos que lo ha hecho estar en una dinámica de serpientes y escaleras, en la que no hay garantía de intuir cuando subirá o bajará.

DOS EXPULSIONES

El partido contra Tigres (Jornada 8) fue visto como un choque de gigantes, porque en la cancha del estadio Azteca se vieron frente a frente dos de las mejores plantillas. Ambriz mandó a la cancha a lo mejor de lo que disponía, salvo Paul Aguilar, quien fue baja por problemas musculares.

El partido contra Tigres transcurría sin que América fuera el equipo que se había mostrado en semanas anteriores, le costó tener la posesión de la pelota y la creación de jugadas; apenas y remató a gol sobre el arco de Nahuel Guzmán.

Los felinos habían mostrado mejor empaque y se pusieron en ventaja por un penal, tras una falta de Javier Güémez sobre Jürgen Damm.

Sobre el final del primer tiempo, Rubens Sambueza y Darío Benedetto se fueron expulsados por insultar al árbitro, César Arturo Ramos, Sambu se perdió un juego y el Pipa dos. En el segundo tiempo, Ambriz replanteó el juego, buscó el empate, pero le pesó jugar con dos hombres menos, aunque Tigres también sufrió una expulsión.

Fue un partido que se dividió en dos episodios, cuando estuvieron completos, apenas y pudieron competirle a Tigres, después montaron un ejercicio de orgullo que fue bien valorado, pero que no tuvo premio en el marcador.

SUPERADOS POR LA ANSIEDAD

En el Clásico Nacional contra Chivas (Jornada 10), las Águilas llegaban con un mejor estado moral, y en apariencia, también con un mejor momento futbolístico, porque tenían asimilada la idea de su entrenador, mientras Chivas apenas iba entendiendo lo que pretendía Matías Almeyda.

Pero en la cancha, Chivas interpretó mejor el partido, le dio una lectura más concreta, cedió la iniciativa y presionó cuando debía; en cambio, América fue predecible, no tuvo arrebato y no mostró las evoluciones que —en teoría— ya tenían comprendidas.

Cometió errores que derivaron en los dos goles del Rebaño Sagrado, primero un balón retrasado corto en una salida. Después se perdió la marca de Bravo en el centro del área.

A las Águilas les faltó capacidad de reacción, se lanzaron al frente, pero con el corazón por delante; no entendieron las circunstancias del partido, quisieron rescatar el partido a partir de lo individual y no de lo colectivo.

SE ROMPEN LAS LÍNEAS

Después del Clásico, América visitó a León (Jornada 11), otro partido de alto calibre para América, porque los esmeraldas habían sido un equipo regular y que en casa no concedían respiro a sus rivales. El juego arrancó con los dos conjuntos jugando a pecho descubierto, Ambriz retocó su once, no jugó el Rile y sí lo hizo Quintero, el medio campo se descompensó y el equipo empezó a hacerse largo.

León explotó las bandas y América fue más centralizado, sin rebeldía para agitar el partido. Moisés empezó a ser factor para sostener a su equipo que apenas tenía algunos chispazos, voluntarioso, pero no asertivo en la última zona. Fallaron las marcas y Boselli anotó el primero.

Los medios no reaccionaron a un disparo de media distancia del Gallito Vázquez.

Lo poco que se generó no se remató de forma adecuada y Rubens recibió dos amarrillas en tres minutos. Con el equipo roto, Montes puso el tercero.

SIN IMAGINACIÓN

En medio de las derrotas con León y la del pasado sábado con Querétaro, hubo dos victorias: Chiapas y Tijuana. Triunfos que fueron bien trabajados y merecidos, pero con la sensación de que el equipo aún no recuperaba el nivel que los llevó a ligar las cinco victorias en fila. Como sea, el estado anímico mejoró a la espera de que también lo hiciera el futbolístico.

Llegó el partido con Querétaro, un juego en el que se esperaba certificar la calificación a la Liguilla. Pero de nuevo volvió ese equipo que no mantiene la inercia de juego. Uno al que le falta determinación y serenidad en ataque. América tuvo la pelota, pero no la capacidad para poner en verdaderos aprietos a los Gallos. Un error en la retaguardia permitió que Villa marcara el gol de la diferencia. Se tuvieron un par de ocasiones, pero no fueron aprovechadas.

La calificación sigue siendo posible para América, la tiene en sus manos, es casi un hecho que estará en la Liguilla, tendría que ocurrir una catástrofe para que no fuera así. Es cuestión de ajustar, de reencontrar su mejor versión. Ignacio Ambriz sabe lo que debe hacer y cómo hacerlo.